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Sobre la demonización de los cristianos (7ma Parte)

Las Maldiciones En El Mundo Espiritual

Las maldiciones son un rompecabezas para la mente occidental. Pensamos en una maldición como en la expresión de ira o disgusto sin poder inherente para infligir daño. ¿Son sólo eso las maldiciones?

La Biblia empieza y termina con maldiciones. Dios pronuncia la primera serie contra Satanás y la tierra (Génesis 3.14, 15, 17-19), y la última referencia a la maldición proclama el fin de ésta (Apocalipsis 22.3). En otras palabras: para la humanidad no existe escapatoria de la maldición y las maldiciones hasta que hallan llegado los nuevos cielos y la nueva tierra, y los santos sean glorificados con nuestro Señor en el reino eterno.

Las maldiciones vienen de cuatro fuentes posible: Dios, los siervos de Dios, el mundo espiritual y los servidores humanos de Satanás. Estas cuatro fuentes liberan energía espiritual hacia la persona o el objeto maldito.

La maldición es de manera fundamental un concepto veterotestamentario que obtiene su significado de la cosmovisión del Antiguo Testamento. Las maldiciones no se utilizan allí con la idea occidental de proferir juramentos o decir palabras soeces. En el Antiguo Testamento maldecir es un concepto de poder destinado a liberar una fuerza espiritual negativa contra el objeto, la persona o el lugar maldito. Esto es cierto incluso cuando Dios maldice. En realidad, la mayor ía de las maldiciones de la Escritura se atribuyen a Dios o a sus siervos actuando conforme a la voluntad divina. Es el Señor quien libera su poder de juicio. Por eso lo llamo fuerza espiritual negativa aun cuando sea Dios quien la activa.

Tan prominente es esta actividad de Dios de pronunciar maldiciones que resulta difícil exagerarla. De los 202 contextos de maldición que hay en la Biblia, son Dios o sus siervos quienes la emiten 143 veces. Se dedican capítulos enteros a enumerar las maldiciones que el pecado trae sobre el pueblo del Señor (Deuteronomio 27-31); y uno de los temas más destacados es el de las maldiciones frente a las bendiciones, el cual también ocupa capítulos completos (Deuteronomio 28-30; Números 22-24).

Tan precioso es para Dios su pueblo que tres veces declara que maldecirá al que lo maldiga. Y también expresa: «Benditos los que te bendijeren, y malditos los que te maldijeren» (Números 24.9).

Es peligroso maldecir a otra persona. Sólo un profeta guiado por Dios de manera directa puede hacerlo debidamente. Dos veces, dice el Señor, debería ser maldito el que maldice a otro. Treinta y una veces se advierte contra tales maldiciones. En su excelente libro Possessing the Gates of the Enemy [Posea las puertas del enemigo], Cindy Jacobs critica la práctica de los creyentes que pronuncian maldiciones sobre los inconversos; especialmente sobre aquellos que resisten a la verdad. (Su sección sobre lo que ella llama las oraciones del «caigan ellos muertos» es magnífica.) Jacobs dice sabiamente: «Lo que quiero destacar, sin embargo, es que mientras no reprendamos a Satanás por controlar a las personas no debemos maldecirlas. Tenemos que clamar al Señor y dejar que decida cuál ha de ser el juicio».

También Satanás comprende el concepto de poder de las maldiciones. Dos veces le dijo a Dios que en realidad Job no le amaba sin algún motivo particular: «Quita tu mano de su vida», expresó el diablo. «Déjamelo a mí y te maldecirá en la cara» (Job 1.11; 2.5). No pasó mucho tiempo antes de que la orden de maldecir a Dios llegara a los oídos del santo. Y, tristemente, fue su mujer quien se convirtió en la voz acusadora de Satanás para ese fin: «Maldice a Dios», le dijo, «y muérete» (Job 2.9).

Bajo la Ley, que se dio más tarde, una persona que maldecía a Dios debía ser ejecutada. El Antiguo Testamento también nos advierte contra el maldecir a los príncipes y registra algunas ocasiones en las que dichos príncipes fueron maldecidos por hombres airados. Simei maldijo a David y aunque éste lo permitió entonces, durante el momento de su humillación, después ordenaría que fuese ejecutado (1 Reyes 2.8s).

T. Lewis y R. K. Harris nos informan que:

Cuando se pronuncia una maldición contra alguien no debemos entenderla como un mero deseo, aunque sea violento, de que el desastre alcance a la persona en cuestión; como tampoco hemos de interpretar que la «bendición» correspondiente trasmita sólo un deseo de que el individuo a quien se refiere obtenga la prosperidad. Se consideraba que las maldiciones poseían un poder inherente para ejecutarse ellas mismas[ ... ] Tales maldiciones [y bendiciones] poseían el poder para su autorrealización.

G. B. Funderburk dice: «En verdad la confirmación de la bendición pronunciada y la antítesis de la maldición en la historia bíblica temprana es asombrosa». Y luego cita los siguientes ejemplos:

1. Noé pronunció una maldición sobre Canaán y una bendición sobre Sem y Jafet (Génesis 9.25-27).

2. Isaac bendijo a sus hijos mellizos y pronunció una maldición sobre cualquiera que maldijese a Jacob (Génesis 27.27, 28).

3. Jacob bendijo a sus doce hijos, la serie de bendiciones paternas más detallada de toda la Escritura (Génesis 49.28).

4. El poder liberado tanto en la bendición como en la maldición era real. La maldición debía ser temida y la bendición codiciada.

La historia de Jacob y Esaú es buen ejemplo de esto. La búsqueda por parte de ambos de la bendición de su padre enfermo, Isaac, gira en torno a ese concepto de poder que es la bendición (Génesis 27.1s). También la trama engañosa de Rebeca para que Jacob robase a Esaú dicha bendición destinada al primogénito supone una maniobra relacionada con la cosmovisión.

Una maldición pronunciada o escrita en nombre de Dios por sus figuras de autoridad era considerada eficaz para traer el juicio divino sobre la persona, el lugar o la cosa maldita. Moisés puso delante de Israel «la bendición y la maldición» (Deuteronomio 30.1). Jeremías habló de la maldición sobre el desobediente Israel que había hecho que la tierra estuviese desierta (Jeremías 23.10).

¿Era válida esta cosmovisión o estaba Dios sólo acomodándose a la visión supersticiosa de las cosas que Israel tenía en común con sus vecinos paganos? Si aquí Dios se adapta a una peculiar pero incorrecta, ¿dónde deja de hacerlo? Todo el Antiguo Testamento se basa en esta cosmovisión en cuanto a su teología de la maldición y la bendición. Y también sucede lo mismo con el Nuevo Testamento.

Como dicen Lewis y Harrison, la realidad del concepto:

[ ... ] desempeña un papel importante en la interpretación que hace Pablo de la maldición. A la luz de la Ley todos los hombres son culpables[ ... ] El transgresor de la Ley está bajo maldición; su juicio ha sido pronunciado; escapar resulta imposible. Pero en la cruz Jesucristo acabó con esa maldición, «porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero» (Gálatas 3.10, 13); ya que una maldición que ha triunfado sobre su víctima es una fuerza gastada.

Jesús mismo maldijo a la higuera que no daba fruto (Marcos 11.12-14) como símbolo del juicio sobre su infructuoso pueblo. Y nos exhorta: «Bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian» (Lucas 6.28). Pablo responde llevando esto todavía más lejos, y diciendo: «Bendecid a los que os persiguen, bendecid, y no maldigáis» (Romanos 12.14).

Esto es justo lo que Jesús hizo desde la cruz (Lucas 23.34). ¿Deberíamos nosotros hacer menos? De ahí el asombro de Santiago de que con la boca «bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. «Hermanos míos», dice, «esto no debe ser así» (Santiago 3.9, 10).

Muchos creyentes han sido víctimas de las maldiciones del enemigo pronunciadas por los obradores de milagros satánicos.

Tales maldiciones no son siempre eficaces, pero a veces sí lo son.

Por lo general, no implican demonización, pero en ocasiones sí.

No son siempre permitidas por Dios, pero a menudo las autoriza.

No tienen por lo general que ser identificadas como individuales, ni es necesario buscar protección contra ellas, pero con frecuencia sí hay que hacerlo.

Prosperan con la ignorancia y la altivez, pero son anuladas por el conocimiento y la humildad.

Son «elaboradas» con invocaciones a los espíritus y magia satánica para hacerlas más poderosas. Sólo pueden ser vencidas por el poder superior de Dios. Sin embargo, algunas veces no las vence automáticamente por nosotros. Hemos de entender el mundo de las maldiciones con poder espiritual y romperlas nosotros mismos. De ahí la importancia que tiene la oración de guerra espiritual en grupo.

Cierta misionera en África contrajo una extraña enfermedad y comenzó a perder peso a un ritmo alarmante. Los doctores estaban perplejos. La mujer aumentó su dieta, pero su cuerpo no asimilaba los nutrientes de la comida que ingería. Por último hubo de ser enviada de vuelta al Canadá para recibir tratamiento médico; pero dicho tratamiento no surtió efecto y la misionera siguió empeorando.

La Historia Del Avión

Hace poco leí un artículo que amonestaba a los creyentes a no dar crédito ni difundir relatos injustificados de ocultismo y satanismo. Su autor mencionaba la acusación de que el logotipo utilizado en los productos de Procter and Gamble estaba relacionado con el satanismo. Por supuesto, esto no es cierto. Por desgracia, sin embargo, quien escribía dicho artículo hacía también referencia a la historia del avión como si se tratase de otra fábula difundida por cristianos engañados.

La historia del avión es cierta. Pat, una mujer que se cuenta entre mis compañeros de oración del área de San José (California) fue su protagonista. Mi amiga salía de San José en avión y tenía un asiento de pasillo. La plaza adyacente estaba vacía, pero la que correspondía a la ventanilla se encontraba ocupada por un joven. Cuando llegó el momento de que la azafata sirviese la comida, Pat aceptó la suya, pero el mencionado joven la rechazó diciendo que estaba ayunando.

«He oído por casualidad cómo le decía a la azafata que está usted ayunando», le dijo mi amiga. «Debe ser cristiano, ¿no es así?»

«No, soy satanista», respondió el otro.

El comentario la desconcertó. ¡No supo si debía buscar otro asiento o qué hacer! Sin embargo, decidió permanecer sentada donde estaba y entablar conversación con aquel joven, si él quería. En realidad estaba bastante dispuesto a hablar de su fe y testificar del poder de Satanás.

En el transcurso de la conversación, Pat le preguntó acerca de los objetivos específicos de su ayuno y oración. (Esa forma de ayunar y orar representa un intento de maldición, no una súplica humilde.) El joven le explicó que los objetivos en cuestión eran los principales pastores e iglesias del área de San José, así como dos importantes misiones cristianas. Cuando Pat le preguntó de qué misiones se trataba, respondió sin vacilar que Partners International y OC International.

Aquello dio en lo vivo, ya que el padre de Pat era uno de los fundadores de la primera y ella misma apoyaba a OC International, la misión a la que pertenezco.

Durante los pocos años siguientes media docena de pastores claves del área de San José cayeron en la inmoralidad y fueron apartados de sus iglesias. ¿Mera coincidencia? Esto jamás había ocurrido con anterioridad. ¿Y qué les sucedió a Partners y a OC International? Pregunte a sus líderes lo que experimentaron a finales de la década de los 80 y el principio de los años 90.

La historia del avión se ha convertido en la historia del restaurante. En ciertos restaurantes, algunos cristianos han visto grupos de personas reunidas a la mesa en evidente actitud de oración y al acercarse a ellas pensando que eran creyentes han descubierto que se trataba de satanistas «orando» al diablo y echando maldiciones sobre pastores y obreros cristianos destacados.

También ha llegado a ser la historia del supermercado. La misionera Beverly Lewis, de la World Gospel Mission [Misión Mundial Evangélica], informó de una experiencia que tuvo en Argentina. Cierto satanista que esperaba en la cola del supermercado para pagar, anunció de repente a todos que él y su grupo estaban ayunando y orando a Satanás por «la destrucción de los hogares de los líderes cristianos». Luego, Beverly sigue contando los tristes resultados que tuvieron en su ciudad aquel ayuno y aquella oración maldiciente dirigida al diablo. Se trata de un relato grave y horrible.

Esto nos llama de nuevo a reconocer que estamos en guerra. Tenemos que aprender a movilizar a los creyentes para la oración de combate a fin de romper esas maldiciones demoníacas. No debemos permitir que la verdad bíblica de la derrota de los principados y potestades satánicos nos adormezca en una complacencia altiva e indiferente diciéndonos que no nos puede suceder. Esto sería ingenuidad bíblica e histórica.

Sobre la demonización de los cristianos (1ra Parte)
Sobre la demonización de los cristianos (2da Parte)
Sobre la demonización de los cristianos (3ra Parte)
Sobre la demonización de los cristianos (4ta Parte)
Sobre la demonización de los cristianos (5ta Parte)
Sobre la demonización de los cristianos (6ta Parte)
Sobre la demonización de los cristianos (8va Parte)

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