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Ananías y Safira

Ananas y SafiraHechos 5

El relato que vamos a examinar ahora es tal vez uno de los más conocidos del libro de los Hechos. Trata de una familia de la iglesia encabezada por Ananías. Aunque se menciona a su mujer, Safira, no se dice nada más acerca de ellos. Es obvio que no tenían hijos viviendo en casa.

El incidente ocurrió poco después de que la iglesia de Jerusalén saliera de la persecución que se había desatado con motivo de la sanidad del cojo en el templo (Hechos 4). La iglesia surgía de aquel ataque más fuerte que nunca (4.31-33). Hechos 4.32-37 narra los esfuerzos de los cristianos primitivos por satisfacer las necesidades sociales de sus miembros. El pasaje presenta a un cuerpo de creyentes unidos que se amaban y se preocupaban unos por otros. Los más prósperos vendían con gusto algunas de sus propiedades para ayudar a suplir las carencias de sus hermanos más pobres. ¡Qué grupo tan maravilloso para asociarse!

Es en este contexto más amplio de unidad, amor y compasión en el que nos encontramos con esta familia cristiana que no lo era del todo (Hechos 5.1s). No pretendo afirmar que Ananías y Safira no fueran creyentes verdaderos. Tal vez sí lo eran. No hay nada que indique lo contrario. En un contexto semejante se espera que los consideremos como verdaderos cristianos a menos que se nos diga que no lo son. Cuando expreso que no lo eran «del todo», quiero decir que en el incidente que nos ocupa no se comportaron como creyentes. Mientras sus hermanos estaban atareados con las necesidades reales de los demás, a Ananías y Safira les preocupaban las suyas.

El contexto inmediato de la historia es el elogio que se hace a Bernabé, quien, fiel a su estilo de vida de «hijo de consolación», había vendido un trozo de terreno «y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles» (4.36, 37). Evidentemente, la atención que aquel gesto sacrificial le había merecido a Bernabé turbó a Ananías y a Safira.

Aunque Pedro trata tanto con el marido como con la esposa, culpa del asunto principalmente a Ananías (5.3, 4). El versículo 2 expresa que aquello había ocurrido «sabiéndolo también su mujer»; lo cual implica que era Ananías quien había concebido el plan y lo había dado a conocer a Safira, la cual le había seguido el juego. La responsabilidad mayor recae sobre el esposo como cabeza de familia y luego sobre la mujer por no haber denunciado la hipocresía de su marido.

La trágica situación del matrimonio

Quisiera hacer tres comentarios. Primero, como ya he dicho, no hay apoyo bíblico para interpretar que Ananías y Safira fuesen inconversos. Su pecado de hipocresía ha sido cometido por millones de cristianos, quizá por todos los creyentes, incluso el lector y el autor, alguna vez.

En segundo lugar, la historia debería interpretarse a la luz del contexto más amplio. Utilizando una expresión moderna, lo que «se llevaba» en aquel momento era vender las propiedades de uno y entregar las ganancias a la iglesia local (vv. 1-2; 4.34-37). Eso era lo que hacían todos los cristianos prósperos y «comprometidos». «Si no lo hacemos», razonaron tal vez Ananías y Safira, «no seremos considerados espirituales». Ya que el don sacrificial de Bernabé estaba en boca de todo el mundo y la pareja quería que los hermanos hablaran bien de ellos, se propusieron hacer algo impresionante. Así entraron a formar parte del movimiento de su iglesia local cuyo lema era «Vende tus propiedades y entrega los beneficios a la iglesia poniéndolos a los pies de los apóstoles».

El problema era que no creían poder pagar el precio requerido para formar parte del grupo de moda, así que acordaron vender la propiedad y entregar sólo una parte del importe de dicha venta a la iglesia, diciendo que era el precio total de lo vendido (vv. 1, 2).

En tercer lugar, siempre ha habido Ananías y Safiras en nuestras iglesias. Es gente que quiere formar parte del grupo de moda. Si todo el mundo habla de la vida del cuerpo, de eso hablan ellos. Si el énfasis se pone en la oración conversacional, ellos son los mayores exponentes de la misma en la congregación, por lo menos en público. Si el Espíritu Santo está despertando a su pueblo a la realidad de los dones espirituales, tratan de dichos dones. Si se destaca el discipulado, hablan de cuántos discípulos están haciendo. Si el asunto es «caer bajo el poder», lo experimentarán más que los otros. Y si se pone el énfasis en la guerra espiritual irán a la iglesia vestidos con la armadura de Dios.

Pero no son sinceros. No son auténticos en su comportamiento, ya que no están dispuestos a vivir a plenitud bajo el señorío divino. Si los Ananías y las Safiras logran abrirse camino hasta el liderazgo de nuestras iglesias, tendremos problemas. La gente problemática en muchas de nuestras congregaciones no son tanto los cristianos que se saben carnales como aquellos que siéndolo quieren aparentar espiritualidad. Estos son los equivalentes funcionales de aquel Ananías y aquella Safira del primer siglo.

El don de discernimiento de espíritus en acción

Ananías y Safira cometieron el error de no reconocer que la iglesia pertenece a Jesucristo y que Él sabe incluso los pensamientos y las intenciones del corazón de las personas. Para proteger a su iglesia de la actividad engañadora, el Espíritu de Cristo concede el don de «discernimiento de espíritus» (1 Corintios 12.10).

Este parece ser el don protector otorgado a la iglesia. ¿Y qué sucede cuando dicho don no se reconoce ni se ejerce? ¿Qué hubiera pasado si en la iglesia de Jerusalén no se hubiese reconocido o aceptado el don de discernimiento?

Tal vez fue durante una de esas reuniones de la iglesia en las que los creyentes ponían el producto de la venta de sus propiedades «a los pies de los apóstoles» cuando Ananías hizo su jugada pública. Utilizando la imaginación casi podemos ver la sonrisa de contento en su rostro mientras la gente de la congregación responde al don de amor sacrificial presentado por aquel destacado cabeza de familia. Tal vez estaba a punto de volver a su sitio cuando Pedro le llama de nuevo. Y al mirar a Ananías, el apóstol sabe lo que ha sucedido. Ejerciendo el don de discernimiento de espíritus, Pedro señala el doble origen del pecado de Ananías (vv. 3, 4).

Primero le dice que su pecado procede de Satanás, del adversario (v. 3). Y en segundo lugar, que sale de su corazón (v. 4). Aquella era la combinación que había producido el problema de pecado con el que Pedro trató en la vida de Ananías y más tarde en la de Safira (vv. 3-11).

Al pecar contra la iglesia de Cristo, dice Pedro, ha pecado contra Dios (vv. 3, 4, 9). La iglesia local es parte del cuerpo de Cristo y pecar contra su cuerpo es hacerlo contra Él. Esto debería servirnos de advertencia en nuestras relaciones con otros creyentes.

Por último, todos los cristianos nos enfrentamos al mismo adversario cada día y éste puede destruirnos si no andamos en obediencia al Señor Jesús (Santiago 4.6-11; 1 Pedro 5.8-11). La experiencia de Ananías es un aviso para todos nosotros. Sin duda alguna, muchos cristianos desobedientes han sido entregados «a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús» (1 Corintios 5.5; 1 Timoteo 1.18-20 con 1 Corintios 11.23-32; Santiago 5.19, 20; 1 Juan 5.16-19).

El resultado del juicio divino

A continuación se explica en detalle el séxtuple resultado del juicio de Dios sobre esta pecaminosa familia cristiana. En primer lugar, tenemos la muerte física de Ananías (v. 5) y de Safira, que muere con él por participar en la confabulación (v. 10).

En segundo lugar, un gran temor viene sobre toda la iglesia y sobre el público en general (vv. 5, 11); un temor sano que produjo reverencia hacia Dios y estimuló a los creyentes a la santidad y a apartarse de una vida descuidada e hipócrita.

En tercer lugar, al incidente siguieron manifestaciones extraordinarias del poder de Dios por medio de los apóstoles (vv. 12, 15, 16). Una vez más esto sucedió como respuesta directa a sus oraciones en Hechos 4.29-31. En cuarto lugar, se produjo una reacción en apariencia contradictoria de parte del público (vv. 13, 14). Aquellos que habían pensado hacerse cristianos pero no querían tener nada que ver con un compromiso completo se apartaron de la iglesia atemorizados (v. 13a). Por el contrario, los que experimentaban un hambre sincera de Dios y de realidad espiritual se regocijaron por lo que vieron y escucharon y se sumaron a la congregación en números cada vez mayores (vv. 13b, 14).

En quinto lugar, se registró el crecimiento numérico más grande hasta esa fecha (v. 14). Este es el único ejemplo en el Nuevo Testamento donde se utiliza el plural «multitudes», que indicaría muchedumbres superiores a aquellas de Hechos 2-4. Para entonces el tamaño de la iglesia de Jerusalén debía ser asombroso. La respuesta al evangelio se extendía incluso a «las ciudades vecinas» (v. 16). Una vez más los esfuerzos de Satanás por detener el crecimiento de la iglesia fracasarpon.

Por primera vez se declara específicamente que se estaban añadiendo a la iglesia mujeres en grandes números (v. 14). Como ya hemos mencionado, Hechos 4.4 habla sólo de hombres y Hechos 2.41 de «tres mil personas». La presencia de mujeres significa quizás que la iglesia estaba ahora centrada en unidades familiares. La verdadera liberación de la mujer tiene sus raíces en el cristianismo bíblico.

Y en sexto lugar, se produjo un movimiento de evangelización de poder dirigido por el apóstol Pedro que incluía sanidades y liberaciones en masa (vv. 15, 16). Este fue el resultado más importante de todos.

Manipulación satánica en vez de demonización

Este relato de la hipocresía de una familia de la iglesia se ha convertido en un punto de considerable polémica en nuestros días. Mucho del problema tiene que ver con la cuestión de la posible demonización de algunos cristianos. Cuando se suscita este asunto cada uno enfoca la historia partiendo de diferentes presuposiciones teológicas.

Los que afirman que los verdaderos creyentes no pueden bajo ninguna circunstancia de pecado llegar a estar endemoniados, declaran dogmáticamente que Ananías y Safira no eran cristianos de verdad, o si acaso que lo habían sido en el pasado pero no seguían siéndolo, habían «caído de la gracia». Otros que no aceptan la posibilidad de que los verdaderos creyentes puedan jamás perder su salvación afirmarán quizás que en primer lugar la pareja no se había convertido nunca de veras.

Aquellos a quienes no les preocupa la cuestión de si algunos creyentes entregados al pecado pueden llegar a estar endemoniados o no, afirman por lo general que eran cristianos. A la verdad, habían pecado contra el Espíritu de Dios, pero no hay nada en el relato que indique que no fueran creyentes.

Sin embargo, ese no es el énfasis de la historia. Lucas no nos está dando, ni un ejemplo de verdaderos creyentes que llegaron a estar endemoniados, ni el de cristianos falsos que lograron cierta prominencia en la iglesia de Jerusalén. Se trata sólo de una familia de la iglesia manipulada por Satanás para poder introducirse en la vida de la comunidad cristiana de Jerusalén y revela lo terribles que son los pecados de hipocresía, engaño, mentira e intriga para alguien que ocupa un lugar destacado entre los creyentes.

Este episodio demuestra, otra vez, que Cristo es la cabeza de su iglesia. Él sabe con precisión lo que sucede en sus congregaciones (Apocalipsis 2 y 3), sea bueno o malo, y cuando quiere interviene y juzga directamente a los creyentes que pecan por voluntad propia. Incluso les quita la vida si lo estima necesario. ¡Se trata de un relato muy serio! No hay porqué intentar demostrar que Ananías y Safira perdieron la salvación. Ya supone bastante que perdieran la vida por abrir sus corazones a la mentira del enemigo sin que se precise mandarlos también al infierno.

Las principales razones por las que algunos comentaristas y predicadores afirman que al menos Ananías no era un verdadero creyente, tienen que ver con las palabras que le dirige Pedro y las acciones que Dios ejecuta contra él. Pedro le pregunta: «¿Por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo?» (v. 3). Y es el hecho de que el diablo hubiera llenado el corazón de Ananías lo que causa tales problemas.

«Llenar» es el término griego pleróo, el cual según Vine significa «completar, llenar hasta arriba». Entre sus distintos usos, sigue diciendo, está ese figurado de llenar «los corazones de los creyentes como sede de las emociones y la voluntad: Juan 16.6 (tristeza); Hechos 5.3 (engaño)». Esta palabra, ciertamente, indica un fuerte control del corazón de la persona en el momento en cuestión y es la misma que se utiliza en Efesios 5.18 para indicar la llenura del Espíritu Santo.

Los verdaderos creyentes pecan y a veces de un modo terrible, como sucedió con Ananías y Safira. Pueden mentir, engañar, robar, cometer adulterio, enfurecerse, actuar con desdoro, rechazo e incluso amargura y odio. No deben actuar de esa forma, pero lo hacen. Se trata de una anormalidad bíblica y al mismo tiempo de una vívida realidad.

Mi antiguo pastor, el fallecido Dr. J. Vernon McGee, después de hacer un repaso de esta triste historia con su estilo dramático tejano, se detuvo y preguntó: «¿Cuántos de ustedes han caído alguna vez en la hipocresía, el engaño, la mentira y el orgullo después de conocer a Cristo? Levante la mano si le ha sucedido».

Acto seguido hizo una pausa para permitir que nuestra sinceridad de creyentes nos ayudase a vencer el orgullo. La mayoría alzamos la mano.

Luego, en su estilo característico exclamó: «¡Madre de mi vida! ¡A cuántas personas perversas estoy ministrando hoy aquí! A juzgar por las manos levantadas, si Dios dictara hoy sentencia sobre cada uno de la forma que hizo con Ananías y Safira no me quedaría nadie a quien predicarle. Pero no importa, ya que pensándolo bien tampoco estaría aquí, puesto que también he hecho todas esas cosas».

¡Qué palabras tan perspicaces! «El que esté libre del pecado de Ananías y Safira sea el primero en enviarlos al infierno». Nadie se adelanta.

William Barclay dice con sabiduría que:

[ ... ] la Biblia nunca presenta un cuadro idealizado de nada[ ... ] Este relato es en cierto modo estimulante, ya que nos muestra que incluso en los días más grandes de la Iglesia había una mezcla de bueno y malo. Haremos bien en recordar que si la Iglesia fuese una sociedad de gente perfecta no existiría en absoluto.

Tenemos el problema del juicio de Dios sobre la pecadora pareja (vv. 5-10). Algunos expresan: «Dios no haría nunca eso a uno de sus hijos, sólo a aquellos que no le aman». ¿Quién ha dicho tal cosa? En 1 Corintios 11.30, 31 Pablo nos cuenta que Dios lo hacía con regularidad, si podemos expresarlo de ese modo, en la iglesia de Corinto. En palabras del apóstol, el Señor utiliza a menudo a Satanás para ejecutar ese juicio fatal (1 Corintios 5.5; 1 Timoteo 1.18). Más adelante haremos un estudio en profundidad de estos pasajes.

El diablo puede conseguir un control parcial de los corazones de aquellos creyentes que pecan por voluntad propia. Tal vez lo que vemos en este relato sea un pecado continuo, planeado y voluntario. Todos los que se ocupan de aconsejar a creyentes afligidos tienen que enfrentarse continuamente con este problema.

No estoy afirmando que los demonios hubieran entrado en el cuerpo de Ananías o Safira. Eso no lo sé. Tampoco importa en realidad. Los demonios se vinculan a la vida de las personas. En ocasiones están claramente dentro de ellas y en otras parecen entrar y salir, como sucedía con Saúl en el Antiguo Testamento. A menudo da la impresión de que sólo cubrena la gente. Allá donde va el individuo, una «nube» demoníaca parece seguirle.

Las Escrituras no se preocupan por definir estas cuestiones. No están obsesionadas por el asunto de la espacialidad; es decir, en dónde exactamente están los demonios, si dentro o fuera del cuerpo humano.

Otra vez se trata de un problema de cosmovisión. Los occidentales tenemos una lista de presuposiciones filosóficas y teológicas las cuales imponemos a la Escritura siempre que nos encontramos con alguna dificultad manipulando determinados conceptos o experiencias desagradables, aunque no tengamos ninguna palabra clara de Dios para apoyar nuestros prejuicios.

Con frecuencia los demonios pueden ejercer casi tanto control parcial desde fuera como desde dentro de la persona. Cuando tratamos con los espíritus malos, ellos saben donde están, aunque nosotros lo ignoremos. Les resistimos, u omitimos hacerlo, de igual manera, estén donde estén.

El caso de Silvia

En cierta ocasión aconsejé a una líder cristiana que había dejado el ministerio debido a las profundas luchas que tenía en su vida. Era una mujer piadosa que amaba de veras al Señor, pero estaba casi completamente derrotada en su vida personal y se sentía una hipócrita tratando de enseñar a otros. Por fortuna encontró una excelente consejera cristiana que reconoció en ella los síntomas de haber sufrido un grave abuso sexual cuando era niña.

Durante las consultas con ella, Silvia empezó a recordar escenas retrospectivas de su infancia temprana. Nunca antes había sido capaz de recordar los sucesos de su niñez anteriores a los doce años de edad. A su tiempo quedó claro que la mujer no sólo había sido víctima de abusos sexuales, sino también de lo que se conoce como abuso ritual satánico [ARS]. Esto la dañó tanto que nunca había sido capaz de ejercer con normalidad como esposa, madre y dirigente cristiana.

Las víctimas del ARS grave siempre se revelan como personas disfuncionales en una u otra medida. También están casi invariablemente endemoniadas y terminan con desarreglos múltiples de la personalidad (DMP). Se descubrió que Silvia era uno de estos casos. En su vida empezaron a aparecer docenas de personalidades alternas, algunas de las cuales, sin embargo, no actuaban de un modo normal. La consejera sospechó entonces que eran demonios disimulados. Aunque sabía cómo tratar con dichas personalidades, con la dificultad que esto entraña, no tenía experiencia en el trato con demonios, por lo que me envió a Silvia.

A lo largo de las muchas horas de consejo previo a la liberación, también tuve pruebas de que Silvia era otra integrante de esa asombrosa oleada de víctimas del ARS que está saliendo a la luz últimamente en Estados Unidos. Y como tal, sabía que quizás estaría demonizada. Y lo estaba. No pasó mucho tiempo antes de que los demonios comenzaran a aparecer. Como de costumbre estaban furiosos conmigo por haberlos descubierto. Se enojaron y se sintieron impotentes cuando empecé a expulsarlos de la vida de su víctima.

Los espíritus habían sido muy sutiles en su forma de manipular la vida de Silvia. Con la presencia, asimismo, de personalidades alternativas eran aún más engañosos y difíciles de identificar. Estaba tratando con uno de los demonios jefes, el cual estaba furioso conmigo por «estropear» la manera tan hábil en que habían logrado manejar la vida de Silvia manipulando sus personalidades alternas. La habían engañado en tres áreas principales. Primera, confundiendo su mente. Los demonios le permitían justo la libertad necesaria para que pensara que tenía de alguna manera el control de su vida. Luego, cuando aparentemente todo iba bien, comenzaban de nuevo a hablarle. Imitaban la «voz» de su propio pensamiento para decirle lo perversa que era, que Dios no la amaba, que era una inútil y que merecía sufrir. Aquella era la agonía interna que le había hecho dejar su ministerio cristiano y buscar ayuda.

En segundo lugar, los demonios se escondían detrás de las personalidades alternas que vivían de incógnito en Silvia; todas las cuales estaban demonizadas o tenían tanto miedo a los espíritus malos que cedían a sus exigencias para evitar que abusaran de ellas.

Como veremos más adelante en nuestro estudio, las personalidades alternas y los demonios no son lo mismo. Las primeras constituyen partes fragmentadas de la personalidad anfitriona, mientras que los segundos son personalidades extrañas que tratan de vivir en el cuerpo de los seres humanos, invasores espirituales. Al igual que los gérmenes o virus peligrosos, estos últimos entran donde no les corresponde.

Aquí debo intercalar una importante observación, y es que la presencia de espíritus malos y personalidades alternas en una persona no conducen a ésta necesariamente a un estilo de vida pecaminoso. Tales individuos pueden llevar una vida de pecado del mismo modo que el resto de los seres humanos, pero a menudo no la llevan.

Al tratar con el demonio jefe, llamado Engaño, éste alardeaba de la manera en que había logrado engañar a Silvia y a su consejera. Podía entrar y salir a su antojo de la vida de Silvia. Se «estacionaba» a la puerta del despacho de la consejera y ésta no sabía siquiera que existía. Luego, cuando Silvia salía de la consulta, podía volver a entrar en ella a través de la puerta siempre abierta en su vida. Este juego de demonización interna y externa (ya que demonizaba también a la mujer desde fuera dirigiendo a todos los demonios que quedaban dentro de ella) hacía casi imposible tratar con él.

Fue estando ya en la fase final de obligarle a revelar el resto de la actividad demoníaca que había en la vida de Silvia, cuando descubrí que se trataba de uno de esos demonios que actúan tanto desde dentro como desde fuera de sus víctimas. Puesto que la tenía tan brutalizada, confundida y programada de antemano para que le aceptase como parte de su propia personalidad, el espíritu malo podía ir y venir a su antojo. Al enfrentarme a él, no vi razón alguna para dudar de su historia, ya que había oído de cosas semejantes en la experiencia de otros consejeros. No sé dónde estaba Satanás cuando llenó el corazón de Ananías para inducirle a sus acciones de independencia respecto a la voluntad de Dios. Dios lo sabía; el diablo también e igualmente Pedro. Pero ni este último ni Lucas se preocupan por informarnos.

En el próximo capítulo consideraremos la historia siguiente registrada en Hechos acerca del ministerio de liberación y guerra espiritual. Su centro de atención es la labor del diácono y evangelista Felipe en Samaria.

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  1. 25 febrero 2009 en 8:38 PM

    muy interesante el coment escribame por favor dios le bendiga. xcarrasco@asep.gob.pa

  2. wendy
    3 julio 2010 en 6:28 PM

    me gusta como explican este hecho de la biblia siga a delante que Dios le bendiga

  3. luis sosa
    10 diciembre 2011 en 2:32 PM

    Estudio muy completo acerca de este tema,gracias por haberlo escrito, me ayudo mucho para afirmar lo que yo pensaba acerca de la salvación de Ananias y Safira,me sirvió mucho para contestar un tema de tarea,Dios le siga bendiciendo.

  4. 29 abril 2012 en 11:28 PM

    EXCELENTE DESARROLLO DE ESTE HECHO BÍBLICO. SÓLO ME QUEDA LA DUDA SOBRE LA ASCENDENCIA DE ANANIAS Y SAFIRA Y AÑO APROX. EN QUE OCURRIÓ EL HECHO.

  5. jesus zavarce
    4 noviembre 2012 en 6:45 AM

    Muy bueno el estudio. Dios le bendiga y le siga usando. Envieme estudios biblicos son de mucha bendicion para mi vida.

  6. PABLO A. PAZ
    23 noviembre 2012 en 7:02 PM

    ME PARECE UN ESTUDIO MUY COMPLETO O BASTANTE COMPLETO DEL PASAJE DE ANANIAS Y SAFIRA. ESTA MUY BALANCEADO Y CUIDADOSO DONDE SE APRECIA EL APOYO BIBLICO Y NO LAS CONJETURAS VOLATILES QUE PUEDEN CAER EN EL ERROR/

  7. Anelice
    8 enero 2013 en 6:40 PM

    Los demonios???????

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