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Sobre la demonización de los cristianos (1ra Parte)

La realidad, la causa, la cura

La Realidad

La posible demonización de los cristianos verdaderos es el aspecto más polémico de la guerra espiritual hoy en día, y también una de las que reclaman con mayor urgencia estudios más objetivos y un ministerio práctico hacia los creyentes demasiado endemoniados.

La Escritura, la historia de la iglesia y la experiencia contemporánea demuestran que, en condiciones inusuales de pecado, ya sea propio o de otros en contra de ellos, algunos cristianos llegan a estar demonizados.

La mayoría de los creyentes rechazarían de manera categórica que exista la posibilidad de demonización de cristianos verdaderos. Esa fue también mi posición durante el período más largo de mis años en el ministerio cristiano. En realidad la mayor parte de los que hemos cambiado nuestra posición en este asunto fuimos educados con esa opinión tradicional de la no demonización de los creyentes. La cambiamos, más que nada, a causa de la experiencia acumulada aconsejando a los demonizados. Esto nos ha llevado a estudiar de nuevo la Escritura y a examinar otra vez la posición de los padres postapostólicos sobre este tema.

Como hemos visto, los padres de la iglesia comprendían que los creyentes demonizados antes de convertirse a Cristo no quedaban automáticamente liberados de los demonios que vivían en ellos cuando el Espíritu Santo entraba en sus vidas en el momento de la conversión. También sabían que la liberación completa sería más bien un proceso que una crisis. Los nuevos creyentes eran edificados como catecúmenos en la verdad de Cristo y luego, para asegurarse finalmente de su plena liberación de los espíritus malos, los trataba el orden de los exorcistas, a los cuales nombraba la iglesia para realizar este ministerio. Según J. Warwick Montgomery, todo ello se concluía antes de bautizar a los convertidos.

Por fin, cientos de líderes cristianos que aconsejan a creyentes traumatizados han descubierto que hay personalidades demoníacas asociadas a la vida de algunos creyentes, a menudo viviendo dentro de ellos y en conflicto con el Espíritu Santo que los habita. Debemos aceptar esta realidad y ayudar a dichos creyentes a encontrar la liberación, sin desgarrar su fe cristiana diciéndoles que puesto que tienen demonios no son creyentes verdaderos y van camino del infierno. ¿Cómo se atreve nadie a causarles mayor sufrimiento para defender una presuposición teológica?

En The Word for Today [La Palabra para hoy] apareció un artículo que refleja las convicciones de la mayor parte de aquellos que se oponen al ministerio de liberación dirigido a creyentes. Declaraba en resumen que un cristiano no puede estar habitado por un demonio y decía que admitir la presencia de demonios en la vida de un creyente es declarar que Dios y Satanás moran juntos. Si el cristiano está sentado con Cristo en los lugares celestiales (Efesios 2.6), lo está por encima de esos principados y potestades (Efesios 1.21, 22), y si se encuentra en Cristo y Satanás no tiene nada en el Señor (Juan 14.30), ¿cómo puede tener algo en el creyente?

El escritor del artículo señala que algunos de los nombres que se atribuyen esos demonios, tales como lujuria, odio, celos, etcétera, son en realidad obras de la carne que el creyente debe dejar (Colosenses 3.8) o hacer morir (Romanos 8.13), no echar fuera. La idea de un cristiano demonizado es, por tanto, para ellos un escapismo de la propia naturaleza carnal. Además, ni Jesús ni sus apóstoles, ni la iglesia primitiva, echaron jamás demonios de ningún creyente. Los que ejercen un ministerio de liberación están, supuestamente, haciendo más hincapié en Satanás y los demonios que en Cristo y el Espíritu Santo.

Esta es la clase de controversia que suscita el tema del que nos estamos ocupando. Los críticos declarados de este ministerio de compasión utilizan versículos tales como los citados en el artículo anterior y distorsionan su significado. Dichos versículos reflejan el ideal para el pueblo de Dios, pero los críticos en cuestión prefieren ignorar el hecho obvio de que la mayoría de los cristianos no viven aún de acuerdo con ese ideal divino.

Todos los cristianos saben que los creyentes pueden llenarse de ira, rabia, lujuria, envidia y celos. Que son capaces de mentir, robar, ser rudos con los demás e incluso abusar de sus hijos. Aceptamos esta realidad y ministramos dentro de este mundo real del fracaso cristiano, siempre dirigiendo a nuestros, a veces maltrechos y pecaminosos, hermanos hacia el ideal que es su herencia en Cristo.

Sin embargo, aparecen los demonios en la vida de un creyente y, dicho con toda reverencia, ¡que Dios le asista! No recibirá comprensión de parte de sus hermanos, quienes a menudo lo maltratarán sin cesar llegando incluso a acusarle de querer estar poseído por los demonios para así poder seguir llevando una vida pecaminosa. ¡Extraña manera de ministrar a los que sufren!

Mi posición es que los creyentes verdaderos pueden estar endemoniados y que esa demonización es susceptible de ir desde un grado leve hasta grave. No afirmo que los cristianos auténticos puedan estar poseídos por demonios. Esto no es posible, ya que Satanás no posee nada aparte de su propio reino de espíritus caídos.

Lo que sí afirmo es que en circunstancias poco comunes de pecado, ya sea del individuo o de otros contra él, algunos creyentes llegan a estar demonizados. Ciertas áreas de sus vidas pueden quedar, aunque ello no suceda necesariamente, bajo la influencia directa de Satanás a través de los demonios que operan desde fuera y desde dentro de la vida del creyente.

Aquellos que rechazan la posible demonización de los cristianos afirman que el Espíritu Santo no puede morar en el mismo cuerpo que los demonios. Esta es una presuposición teológica, no una certidumbre bíblica basada en la exégesis. No hay ni siquiera un versículo de la Biblia que afirme que el Espíritu Santo no pueda morar o more en un cuerpo humano o en cualquier otra área donde estén presentes los demonios. Ese argumento se basa más en un silogismo de la lógica que en una interpretación bíblica:

Premisa mayor:

Todo cristiano esta habitado por el Espíritu Santo.

Premisa menor:

El Espíritu Santo no puede morar con los demonios.

Conclusión:

Los cristianos no pueden tener demonios.

En todo silogismo, si una de las premisas es incorrecta la conclusión también lo será. La premisa mayor del citado silogismo es correcta (Romanos 8.9; Gálatas 4.6), pero ¿dónde está el respaldo directo, claro y enfático de la Escritura para la premisa menor? Si falta dicho respaldo, entonces resulta posible que la premisa en cuestión sea incorrecta y por ende, falsa la conclusión.

Hay varios argumentos que sugieren que la presuposición teológica tradicional referente a la imposibilidad de que los verdaderos creyentes tengan demonios puede ser incorrecta.

1. El argumento lógico presenta silogismos paralelos que sugieren la posible incorrección del tradicional. Uno de ellos sería:

Premisa mayor:

Todo cristiano está habitado por el Espíritu Santo.

Premisa menor:

El Espíritu Santo no puede morar con el pecado.

Conclusión:

Los cristianos no pueden pecar.

2. El argumento negativo dice que es imposible encontrar un solo versículo de la Escritura que afirme que los verdaderos creyentes no pueden tener demonios. A menudo se sugieren 2 Corintios 6.14-18 y Santiago 3.11-13, pero cuando estos pasajes se leen en el contexto del resto de la Biblia su significado se hace claro. Ninguno de dichos versículos afirma que el Espíritu Santo no pueda habitar o vaya a hacerlo en el mismo lugar que un demonio. Extraer de los mismos u otros semejantes tal conclusión no es exégesis, «la cual consiste en aclarar el significado de la Escritura», sino eiségesis, «introducir un significado en la Escritura».

3. El argumento positivo presenta ejemplos de creyentes muy demonizados, así como principios bíblicos o enseñanzas.

4. El argumento histórico aduce experiencias pasadas que demuestran que el pueblo de Dios, en circunstancias poco habituales, puede llegar a estar demonizado. Como hemos repetido en varias ocasiones, la iglesia patrística reconocía que los verdaderos creyentes que habían participado o participaban aún en la idolatría, el ocultismo, el culto a los espíritus y la magia podían hallarse demonizados incluso después de recibir a Cristo como Salvador.

Sobre la demonización de los cristianos (2da Parte)

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  1. Plácido
    21 abril 2013 en 7:09 AM

    El artículo menciona un artículo anterior al que se refiere, por favor: ¿podrían indicarme cuál es? Gracias

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