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1 y 2 Corintios, Romanos y las epístolas pastorales

1 Corintios

La cuarta epístola de Pablo fue enviada a la iglesia de Corinto hacia el año 54 o 55 d.C., unos tres años después de haberla fundado. Obviamente Pablo les había escrito otra carta anterior que no se conserva y la cual menciona en 1 Corintios 5.9s.

Ya que en el capítulo 45 tratamos a fondo el tema de la idolatría utilizando las enseñanzas del apóstol Pablo en 1 Corintios 8-10, podemos ir directamente a la primera mención que hace el apóstol del mundo de los espíritus.

1 Corintios 2.6-8

Algunos consideran la referencia de Pablo en 1 Corintios 2.6-8 a los «príncipes (árchontes) de este siglo» como una posible reiteración de su uso de expresiones similares en Efesios 6.12, donde alude a fuerzas espirituales perversas que rigen a los gobernantes humanos de cada época. Aunque no es aceptado en general, constituye una posibilidad real. Me inclinaría a esa posición, ya que contamos con las claras enseñanzas de Pablo en Efesios y Colosenses acerca de los poderes espirituales que están detrás de los gobernantes humanos.

Naturalmente, fueron príncipes humanos los que crucificaron «al Señor de gloria», pero ¿a quién se le llama el príncipe (árchon) de este siglo (Juan 12.31; 14.30; 16.11; Efesios 2.2)? A Satanás. ¿Quiénes son los principados, las potestades, los gobernadores de las tinieblas de este siglo (Efesios 6.12)? Los demonios. ¿Quién llenó el corazón de Judas para que entregase a Jesús a los gobernantes humanos (Juan 13.2, 27)? El diablo.

En el ministerio de liberación los demonios confiesan sin problemas lo que Pablo está afirmando aquí: que ellos y su señor, Satanás, indujeron a los gobernantes perversos a crucificar al Señor de gloria. Ellos no conocían el plan de Dios según el cual por medio de aquella cruz Jesús los derrotaría. Si lo hubiesen sabido «nunca habrían crucificado al Señor de gloria». (Véanse Isaías 24.21, 22 y nuestros estudios sobre Efesios y Colosenses.)

1 Corintios 5.1-5

La primera referencia incontestable al mundo de los espíritus malos se encuentra en 1 Corintios 5.1-5. El marco es el intento de Pablo de tratar con un problema moral importante que existía en Corinto y del que le habían informado (v. 1). Gordon Fee escribe que en una «cultura donde uno podía decir flemáticamente: “Tenemos queridas para el placer y concubinas para el cuidado diario del cuerpo, y esposas para que nos den hijos legítimos”, era de esperarse el fracaso moral».

Pablo tuvo que abordar esta cuestión en múltiples ocasiones con todas las iglesias gentiles (cf. 1 Tesalonicenses 4.1-8; Colosenses 3.5-7; Efesios 5.3-13). Sin embargo, en Corinto, el asunto parecía revestir una especial gravedad. Por otros pasajes de las epístolas a esa iglesia (1 Corintios 5.9s; 6.12-20; 7.2s; 10.8; 2 Corintios 12.21), sabemos que la inmoralidad sexual más flagrante había formado parte del estilo de vida anterior de los corintios, y con toda probabilidad muchos continuaban practicándola después de convertirse a Cristo.

Aunque la iglesia estaba consciente de aquel pecado, no había hecho nada al respecto; Pablo les dice que deberían haberse lamentado por ello. La persona culpable tenía que ser disciplinada. Si el hombre no se arrepentía debía ser quitado de en medio de la congregación (v. 2). El apóstol quiere que se tome una acción decisiva por parte de la iglesia, en una asamblea donde tanto él como el poder de Cristo estarán presentes mediante el Espíritu. En esa clase de encuentro la congregación debe «devolver al hombre a la esfera de Satanás para que se lleve a cabo alguna forma de “destrucción” cuyo objetivo final es la salvación personal».

Esto nos introduce en una nueva dimensión de la guerra espiritual de la que aún no hemos tratado en nuestro estudio: la entrega de un creyente pecador a Satanás para la destrucción de su carne. Pablo afirma que esto hace que «el espíritu [de la persona] sea salvo en el día del Señor Jesús» (v. 5). Lo que significa que el hombre en cuestión era un verdadero creyente. Se trata de una acción disciplinaria familiar contra un hijo de Dios desobediente, no un acto que tuviera como meta la entrega de un inconverso a la separación eterna de Dios. Puesto que la iglesia ha fracasado en su responsabilidad en este asunto, Pablo mismo inicia la acción (vv. 3-5). Satanás será utilizado por Dios para llevar a cabo los propósitos divinos de disciplina de su descarriado hijo.

Algunos afirman que la destrucción de la carne se refiere a la aniquilación de su naturaleza pecadora. Al ser expulsado de la iglesia, el hombre comenzará a ver el <%1>«infierno<%1>» que representa la vida en la carne<%1> vivida en el mundo<%1> de los impíos. Este es el mundo sobre el cual Satanás reina como dios. El diablo, el «no dios», oprimirá d<%-1>e<%1> <%-1>tal manera al desobediente y solitario hermano que reconocerá su pecado<%-1>, se arr<%1>epentirá y volverá al redil. Otros dicen que la destrucción de la carne significa sim<%1>plemente la muerte<%1> física. Se permitirá a Satanás<%1> que le quite la vida, no necesariamente en el plazo de uno o dos días a partir de la decisión de la iglesia<%1>, pero pronto.

Estoy de acuerdo con esta última posición. En primer lugar, la carne pecaminosa del creyente jamás será destruida hasta que estemos con el Señor. En segundo lugar, ¿cómo puede hacer Satanás por el cristiano aquello que Dios mismo no hace: destruir su carne pecaminosa antes de la resurrección? En tercer lugar, Pablo habla en otro sitio, de un modo semejante, de creyentes que han naufragado en cuanto a su fe (1 Timoteo 1.19, 20). En este caso, los dos hombres son también entregados «a Satanás para que aprendan a no blasfemar». Como en Corinto, el apóstol tiene en mente un castigo correctivo.

Por último, la muerte prematura de cristianos desobedientes ya se había producido en el caso de Ananías y Safira (Hechos 5.1s). Satanás también tuvo que ver con ese problema, en su caso por haberlos incitado al mal. Pablo, por otro lado, ya se había referido a más de un cristiano de Corinto que había experimentado el juicio de Dios muriendo prematuramente (1 Corintios 11.30). Sería por tanto natural que los creyentes comprendieran el juicio de 1 Corintios 5.5 de manera similar al descrito en el 11.30.

Aunque siempre existirán discrepancias sobre estos dos puntos, ello no debería hacernos pasar por alto el papel que desempeña Satanás en la disciplina extrema del pueblo pecador de Dios: En realidad el diablo no hace sino llevar a cabo la voluntad divina. De nuevo se trata de un tema escritural coherente que tiene que ver con el «misterio de iniquidad», como lo llama Pablo. A menudo, Dios toma aquello que Satanás concibe para mal y lo utiliza para bien. En este caso, el diablo, el destructor (Apocalipsis 9.11), o ignora el propósito divino al permitírsele que le quite la vida al cristiano desobediente, o es demasiado malvado para que eso le importe, o ambas cosas. Cuando puede hacer el mal lo hace, sin tener en cuenta las consecuencias de gran alcance que tendrá su acción. Se trata de un enemigo imponente en cuanto a su maldad, pero lastimero respecto a su ignorancia.

1 Corintios 7.5

La siguiente referencia a Satanás está en 1 Corintios 7.5. Escribiendo acerca de la relación entre marido y mujer, Pablo advierte contra una abstinencia sexual imprudente y dice:

No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia.

El apóstol tenía una idea realista de la sexualidad humana. Sabía que el amor sexual en el matrimonio es muy importante; por tanto, incluso en las ocupaciones piadosas tales como la oración y el ayuno deben ponerse límites a la abstinencia entre los cónyuges.

También Satanás comprende el poder que representa la sexualidad humana, y ¡con qué facilidad la estimula con propósitos malignos! El diablo utiliza la tentación sexual contra los creyentes más temerosos de Dios; es una de sus armas destructoras más eficaces.

Por último, la combinación de los deseos sexuales que surgen de nuestra carne con los estímulos eróticos que nos bombardean desde el mundo, prepara el terreno para que los demonios de perversión sexual ataquen nuestra mente, imaginación, emociones y por último nuestra voluntad. Debemos andar con cuidado en un mundo tan sensual, practicando sin cesar lo que nos dice Filipenses 4.8. Como vimos en nuestro estudio de Gálatas 5.19 y descubriremos en capítulos sucesivos, Satanás ha dañado y destruido hogares cristianos e incluso a líderes de la iglesia mediante el pecado sexual. Esposos y esposas, ¡guardad vuestra vida sexual según los principios cuidadosamente establecidos por Pablo en este pasaje!

Pasando luego a los detallados argumentos del apóstol acerca de la idolatría y de la dimensión demoníaca que ésta entraña, hemos visto a Pablo expresar que la participación en este aspecto del ocultismo significa un trato directo con demonios (1 Corintios 10.20, 21). Referimos al lector al estudio del tema que se hizo en el capítulo 45.

1 Corintios 12.1-3

Sin embargo, Pablo sí que vuelve a la cuestión de los ídolos y nada menos que en 1 Corintios 12.1-3. En los capítulos 12 al 14, el apóstol nos da sus enseñanzas más detalladas acerca de los dones del Espíritu. Pero ¿qué tiene que ver esto con los ídolos? Permítame citar los versículos 1 al 3:

No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales. Sabéis que cuando erais gentiles, se os extraviaba llevándoos, como se os llevaba, a los ídolos mudos. Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.

El significado literal de «dones espirituales» sería aquí más bien «cosas espirituales». La palabra que más utiliza Pablo para referirse a un don espiritual es charisma y su plural charísmata. Y la emplea en el resto de este capítulo y también en el 13 y el 14. Sin embargo, aquí comienza su enseñanza acerca de los dones espirituales con un término distinto: pneumatikós, un adjetivo que se utiliza como nombre. Puede traducirse por «espirituales» o «asuntos espirituales». ¿Por qué emplea Pablo esta extraña construcción?

Primero, podemos ver que el versículo 1 se refiere a preguntas que los mismos corintios habían formulado sobre las manifestaciones espirituales que ocurrían entre ellos. Algunos estaban ejerciendo dones espirituales espectaculares, pero otros no practicaban esa clase de dones. Por esta causa, parece aceptable poner la palabra «dones» antes de «espirituales»; aunque tal vez sería más exacto utilizar el término «manifestaciones» en lugar de «dones», como el mismo Pablo hace en el versículo 7.

Hago esta observación porque en todas las religiones se dan manifestaciones espirituales, mientras que los dones espirituales, aquellos que el Espíritu Santo concede a sus hijos, sólo se dan entre los verdaderos cristianos. Cuando el Espíritu Santo está actuando, llamamos a eso manifestaciones, «dones espirituales» o «dones del Espíritu». Se trata de los charísmata. Si las manifestaciones espirituales proceden de otros espíritus, son dones espirituales falsos. Y todos ellos son demoníacos.

En el versículo 2 Pablo habla del pasado de paganismo y ocultismo de los corintios. Los ídolos a los cuales servían eran mudos. Aquí el apóstol utiliza dos expresiones fuertes para describir la antigua relación de los creyentes de Corinto con dichos ídolos. Primero, eran desviados a los ídolos mudos. Morris dice que esta palabra se utiliza con frecuencia con el significado de llevarse a un prisionero o condenado (véase Marcos 14.44; 15.16).

¿Y quién era el que los descarriaba? Desde luego Satanás, por medio de sus demonios. Digo esto, no sólo porque es lo que Pablo ya ha expresado (1 Corintios 8-10), sino también porque encaja con lo que está intentando explicar acerca de los «espirituales». No todos éstos, no todas las manifestaciones espirituales, proceden de Dios. Por eso es por lo que el apóstol tratará pronto de poner en orden la casa de los corintios, que estaba en un caos debido a esas mismas manifestaciones espirituales.

Sin embargo, le mueve una preocupación más amplia en este pasaje que el solo hecho de enseñar sobre los diversos dones. Presenta un ejemplo pagano (los ídolos) para ayudarles a comprender tanto las declaraciones inspiradas como la importancia de las lenguas. Si tal es el caso, entonces parece probable que lo que se tiene en mente son sus antiguas experiencias paganas de éxtasis o declaraciones inspiradas, incluyendo las profecías, las lenguas y las revelaciones. «Aunque ninguno de los verbos por sí solos implica necesariamente esto», dice Fee, «su extraña combinación, con el énfasis en que otros estaban actuando sobre los corintios (implícito en los dos verbos en voz pasiva) parece indicar esa dirección».

Fee expresa a continuación que los espíritus demoníacos están de por medio por lo menos de dos formas:

1. En su pasado pagano los corintios experimentaron lenguas demoníacas, declaraciones extáticas, profecías, revelaciones y cosas semejantes. Esto sucedía de manera habitual en los templos idolátricos y quizás muchos de los ahora convertidos participaban en ello.

2. Las declaraciones inspiradas por espíritus demoníacos, que ellos consideraban procedentes del Espíritu Santo, todavía ocurrían en su medio, es probable que incluso en sus cultos. Dichas declaraciones eran obviamente blasfemas contra la persona del Señor Jesús, lo que explicaría las extrañas palabras de Pablo en el versículo 3: «Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo» (1 Corintios 12.1-3; véase 1 Juan 4.1-3).

En nuestros días estamos asistiendo a una renovación de las manifestaciones de dones espirituales a nivel mundial. Esto es alentador. Aunque muchos no acepten esto como una obra auténtica de Dios, la mayoría de los líderes cristianos sí lo hacen. Incluso hombres como el fallecido Dr. Merrill F. Unger, que no se sentía a gusto con ninguno de los dones más extáticos, afirmó vigorosamente que lo que estamos viendo es una obra genuina de renovación del Espíritu Santo.

Sin embargo, es sólo una cara de la moneda. La otra representa el verdadero tema que Pablo está tratando aquí. Todas las manifestaciones espirituales no son del Espíritu Santo, aun entre las que parecen ser cristianas. Cuando el Espíritu Santo está actuando, produce una expresión acerca de Jesús. Sus palabras siempre equivalen en última instancia a «Jesús es Señor». Cuando el otro espíritu habita en una persona o viene sobre ella, y esa persona abre la boca, de ella sale también un sonido especial. Según Pablo, esto es en particular cierto en lo que respecta a Jesús como Señor.

Hasta aquí todo parece claro. Sin embargo, cuando leemos estos versículos debemos tener mucho cuidado de no simplificar en exceso lo que puede ocurrir. Los demonios, si se están manifestando y se hallan frente a frente con Cristo, siempre dicen la verdad acerca de su persona. No niegan ni su encarnación ni su señorío, pero no le confiesan como su propio Señor.

Cuando Pablo dice que «nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo», parece referirse a una fórmula de confesión y sumisión a Cristo. Es el clamor de un corazón humano o de un ángel que cae ante la majestad de Jesús y somete a su señorío su vida y sus labios. Por otra parte, cuando una persona se levanta y habla inspirado por un espíritu que niega el señorío absoluto de Cristo o habla mal de Él, estamos en presencia de un demonio. Esto es cierto aun cuando la persona sea cristiana y parezca estar orando y alabando en lenguas.

Una cosa más podría tener que ver con esto. Es posible, e incluso probable, que estas expresiones demoníacas las cuales atacan el señorío de Cristo estuviesen ocurriendo durante sus cultos. Por eso Pablo prohíbe absolutamente las lenguas en público sin la interpretación de cristianos reconocidos con dones probados en ese campo (1 Corintios 14.27-33).

Cuando en 1990 estaba enseñando y predicando con mi querido amigo Tom White en el primer Congreso sobre Evangelización para la Unión Soviética, un sacerdote pasó al frente a fin de que oráramos por él. Al hablarle, nos sentimos turbados tanto por sus acciones como por algunas de las declaraciones que hizo, de modo que decidimos tener con él un rato de oración. De inmediato prorrumpió en unas lenguas duras y ásperas. Incómodos con su forma de hablar en lenguas, le detuvimos y pedimos a algunos de nuestros amigos rusos que le hicieran una serie de preguntas sobre su relación con el Señor Jesús.

De repente el hombre comenzó a chillar de un modo incontrolable. Estaba endemoniado. Más tarde descubrimos que era un ocultista «cristiano», un ministro del tipo Rasputín que estaba perturbando a las iglesias de la ciudad con sus prácticas malignas. Había venido a la sesión sobre guerra espiritual para molestar. Entre otras posibles habilidades sobrenaturales, el sacerdote había recibido la manifestación de lenguas, pero no del Espíritu Santo.

Esta era, entonces, parte de la preocupación de Pablo por los creyentes con dones espirituales de Corinto.

2 Corintios / Guerra Espiritual

Romanos / Guerra Espiritual

Las Epístolas Pastorales / Guerra Espiritual

2 Timoteo / Guerra Espiritual

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