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Colosenses y Efesios / Guerra Espiritual

Colosenses

Como Efesios, Colosenses contiene algunas de las enseñanzas más profundas sobre la guerra del creyente con las potestades que se encuentren en el Nuevo Testamento. Ambos libros confirmarían la declaración de C. S. Lewis en cuanto a que «este mundo no es otra cosa que territorio ocupado por el enemigo. El cristianismo constituye la historia del desembarco del legítimo Rey y del llamamiento que nos hace a tomar parte en una gran campaña de sabotaje».

Ya que Efesios y Colosenses abarcan temas semejantes en cuanto a la guerra espiritual y que la primera de esas dos epístolas trata los mismos con mayor profundidad, reservaremos nuestro estudio principal sobre los asuntos comunes para cuando lleguemos a ella. Colosenses, sin embargo, hace su propia contribución al tema de la guerra entre la iglesia y los principados y potestades cósmicas de alto rango. Se escribió poco más o menos cuando Efesios y es una de las epístolas de la prisión.

La carta a los Colosenses fue redactada para combatir lo que se ha llegado a conocer como «la herejía colosense», acerca de la cual hay un debate continuo entre los comentaristas. Bruce dice que, aunque no tengamos una exposición formal de ella, podemos reconstruirla con bastante precisión basándonos en el tratamiento que hace Pablo de dicha herejía.

El principal centro de atención de la herejía colosense estaba en la actividad de ciertas potestades cósmicas malvadas de alto rango. El elemento judío lo constituía la creencia de que esos poderes personales habían dado en principio la ley hebrea. Unida al legalismo judío, a la observancia del sábado y al ascetismo, llegó a conformar la cara judía de la herejía de Colosas. El elemento helenístico lo aportaba la idea de que los principados y potestades en cuestión eran los espíritus elementales que dominaban el universo. Se trataba de los señores de las esferas planetarias, que formaban parte de la esencia divina.

Cristo, se decía, era inferior a dichos principados y potestades. Tuvo que ceder «porciones sucesivas de su poder a esos señores planetarios a medida que fue pasando por sus esferas, una tras otra, en su camino a la tierra», según explica Bruce. También se creía que Jesús estaba por debajo de ellos porque le habían causado el sufrimiento y la muerte.

Por último, todo ello «se presentaba como una forma de enseñanza avanzada para la élite espiritual». Según Bruce, se decía a los cristianos que tenían que recorrer varias etapas hacia la «”sabiduría” (en griego sophía) y el “conocimiento” (en griego gnôsis) progresivos, a fin de explorar los misterios ocultos mediante una serie de iniciaciones sucesivas hasta alcanzar la perfección (teleíosis)». Se ha denominado a esto gnosticismo incipiente.

Con este trasfondo no es difícil ver por qué el mensaje de Colosenses se adapta tan bien a nuestro estudio de la guerra espiritual. El énfasis de Pablo en Cristo y la salvación que únicamente se encuentra en Él también cobra un mayor significado. El hincapié del apóstol en Jesús como Señor de los principados y las potestades adquiere importancia, al igual que sus declaraciones en cuanto a que ese sincretismo hace esclavos a los hombres de las potestades demoníacas.

Toda la epístola está enfocada hacia la refutación de tales doctrinas de demonios. Carson dice que, puesto que Pablo sólo tiene una respuesta para la enseñanza errónea y que ella «es la persona y la obra de Cristo», obtenemos la:

[ … ] elevada cristología de la epístola. Cristo es supremo y único en su persona. No constituye ninguna emanación divina, ya que en Él habita toda la plenitud de la deidad. Él es el Hijo amado, la imagen del Dios invisible. Por tanto, en virtud de su naturaleza divina está por encima y trasciende todo poder angélico.

Colosenses 1

O’Brien llama a los versículos 15 al 20 del capítulo 1 «el magnífico himno del señorío de Cristo». Lo interesante para nuestro estudio es que Jesús en su calidad de Señor sobre todos los poderes constituye el foco de atención (vv. 16, 20).

En el versículo 16, Pablo escribe (o canta):

Porque en Él fueron creadas todas las cosas,

las que hay en los cielos y las que hay en la tierra,

visibles e invisibles;

Sean tronos, sean dominios,

sean principados, sean potestades;

Todo fue creado por medio de Él y para Él.

O’Brien hace un estudio terminológico excelente de este hermoso versículo de exaltación a Cristo, y dice que «para que no quepa ninguna duda en cuanto a la superioridad del Hijo sobre otros seres espirituales, Pablo destaca que Jesús no es sólo el agente por medio del cual se creó el mundo visible, sino también el invisible de los seres celestiales». Y a continuación afirma que esos «seres, que incluyen tanto a los ángeles de Dios como al diablo y sus ángeles, y utiliza términos sinónimos sin dar una clasificación precisa, se deben al poder creador del Hijo y por lo tanto están sujetos a su control». Luego declara que de «hecho él no es sólo el agente, sino también el mismo objetivo de la creación. Ellos existen para la gloria de Cristo y por lo tanto están subordinados a su propósito eterno».

¡Qué magníficas palabras! ¿Qué necesidad hay entonces de espíritus cósmicos o de ángeles que actúen a nuestro favor si estamos completos en Cristo? Este se convierte en el tema de Pablo en Colosenses 2.2. Allí habla del misterio de Dios que es «Cristo mismo». En ningún otro sitio del Nuevo Testamento hay acumuladas tantas y tan poderosas descripciones de nuestro bendito Señor en un libro, por así decirlo, tan diminuto.

Colosenses 2

Con toda esta magnífica enseñanza cristológica como base, Pablo empieza a advertir de un modo más detallado sobre la doctrina demoníaca con la que forcejeaban los colosenses, y se concentra en cuatro fuentes principales de peligro, todas ellas relacionadas con la herejía de Colosas.

Primero, advierte del peligro de la «filosofía» (2.8a). Se trata de la palabra griega philosophía. La filosofía particular de Colosas era, como ya hemos visto, una mezcla de ideas esotérico-místicas judías y griegas, a las cuales habían añadido a Cristo y los conceptos cristianos. El resultado era una confusa mezcolanza de ideas griegas, judías y cristianas; un terrible sincretismo semejante a aquel con el que todavía se enfrenta la iglesia de Asia hoy en día.

En segundo lugar, Pablo advierte sobre las «huecas sutilezas» (2.8b). La construcción gramatical de la frase revela que el apóstol está diciendo que la filosofía por la cual estaban siendo seducidos era un engaño hueco. La filosofía, como camino hacia Dios, es insuficiente, vacía y engañosa (véase 1 Corintios 1.18–31).

En tercer lugar, Pablo previene contra «las tradiciones de los hombres» (v. 8c). Otra vez el centro de atención vuelve a estar en la filosofía. Esta es de origen humano, no divino, y por tanto ineficaz por completo para ayudarles a vivir vidas que agraden a Dios. O’Brien dice que Pablo la revela como «una vergüenza hueca, sin contenido real, seductora y engañosa».

Por último, el apóstol advierte contra «los rudimentos del mundo». Literalmente, en el Nuevo Testamento en griego, es «conforme a los elementos (stoicheîa, “uno de una fila o serie”) del mundo, y no según Cristo”, otro concepto paulino. Suponiendo que Pablo escribiera Hebreos, lo utiliza también en el capítulo 5 versículo 12 de esa epístola, en sentido positivo pero también crítico. Allí se refiere a «los rudimentos de las palabras de Dios».

En Gálatas 4.3, 9, Pablo utiliza dicha expresión igual que en Colosenses, y con el mismo sentido negativo. Los «rudimentos del mundo» son «débiles y pobres», dice el apóstol (Gálatas 4.9), y forman parte del sistema mundano. Lo peor de todo, según afirma Pablo, es que mantienen a uno en esclavitud espiritual (Gálatas 4.3) y le hacen esclavizarse de nuevo (Gálatas 4.9). Dichos rudimentos son por tanto demoníacos, proceden de los «no dioses» (4.8).

Este es el sentido en que Pablo usa la expresión «los rudimentos del mundo» también en Colosenses. De modo que, aunque dicha epístola se escribió varios años después de Gálatas, el apóstol aún conservaba la misma opinión negativa de los rudimentos demoníacos mundanos que atan y esclavizan (Colosenses 2.8, 10).

Lo que había sucedido años antes con los gálatas ocurre ahora con los colosenses, pero su caso es aún peor. Estos han recaído en la esclavitud a las potestades y principados cósmicos malignos de alto rango que controlan la impía mezcla de filosofía y religión de Colosas. Se trata de un sistema místico-religioso dominado por los demonios que puede separarlos de Cristo.

O’Brien censura a los comentaristas que consideran los stoicheîa como meras ideas o «principios» y dice que Pablo habla de ellos en una «forma bastante personal (en Gálatas 4.3, 9 parecen concebirse como potestades angélicas) y en contextos donde se hace referencia a otros seres o fuerzas personales (en Colosenses 2.10, 15, los principados demoníacos desean ejercer su tiranía sobre los hombres)». Como misionero he tenido que ayudar a creyentes contemporáneos del tipo de los colosenses a reconocer y romper con ataduras similares.

Esta clase de engaño era la que estaban experimentando los cristianos de Colosas y Pablo les escribe para advertirles. Pero también lo hace para enseñarles que toda la sabiduría y el poder que buscan son suyos en Cristo, «en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento» (2.3). En verdad, les dice el apóstol, «en Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad» (2.9).

La expresión «corporalmente» iba dirigida contra uno de los más peligrosos errores de aquellas búsquedas espirituales, semignósticas, de misterio en que estaban enredados los colosenses: la opinión negativa del cuerpo humano.<~>A causa del mismo se negaba la resurrección corporal. Tal vez Pablo tiene esto en mente cuando destaca con tanta energía la resurrección física del Señor (2.12, 13; cf. 1 Corintios 15.1s).

Al concluir su crítica de las prácticas místicas en Colosas, el apóstol menciona la obra de Dios en Cristo que asestó el primer golpe al miedo y a la esclavitud que los creyentes tenían a los principados y potestades. Y dice dos cosas: la primera es que la deuda que habíamos contraído al quebrantar la ley de Dios ha sido anulada por Cristo, «clavándola en la cruz» (2.14). Dios en Cristo, no sólo ha cancelado dicha deuda de pecado, sino que incluso ha destruido el certificado donde se registraba la misma (v. 14a).

La segunda cosa que expresa el apóstol es que se ha revocado el poder que los principados y potestades tenían sobre nosotros (v. 15). O’Brien dice que Dios hizo lo anterior porque, citando a F. F. Bruce, la posesión de aquel «auto de acusación condenatorio nos mantenía en sus garras [de los principados y potestades]». A continuación sigue comentando sobre el versículo 15: «Habiendo despojado a los principados y potestades de su dignidad y autoridad en la cruz, Dios expuso la total impotencia de éstos ante todo el universo». Y luego añade: «Al exhibirlos en público, el Señor puso en ridículo a los principados y potestades». Para terminar comentando: «Esta manifestación pública de despojarse de dignidad y autoridad sólo sirve para demostrar con mayor claridad la infinita superioridad de Cristo».

Partiendo de esta verdad fundamental, Pablo empieza una larga sección dirigida a esbozar algunos de los pasos prácticos que deben dar los colosenses, primero, para liberarse de la esclavitud de «los rudimentos del mundo» (2.16–23), luego, para ser cristocéntricos a cabalidad (3.1s) y, por último, para practicar en la vida diaria la plenitud de Cristo (3.18s). Los creyentes son libres del temor a la esclavitud de los principados y potestades demoníacos.

Esta epístola, junto con Efesios, expresa las ideas más profundas de Pablo en cuanto a los peligros que el mundo espiritual religioso presenta a los hijos de Dios y los grandes tesoros que tenemos en Cristo. ¡Quiera Dios que aprendamos a ser creyentes entregados a Jesús y al «misterio de Cristo», por el cual Pablo estaba encarcelado cuando escribió esta epístola (4.3)! ¡Ojalá comprendamos también que, a pesar de su increíble poder, esas potestades cósmicas malignas han sido derrotadas por Cristo en beneficio nuestro (2.9–23)!

Efesios / Guerra Espiritual

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