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Efesios / Guerra Espiritual

Efesios

La epístola de Pablo a los Efesios es una de las obras maestras de la teología de todos los tiempos, incluso vista desde una perspectiva no cristiana. Nuestro estudio sobre la fundación de la iglesia en Éfeso, que aparece el Hechos 19, es el trasfondo para la interpretación de esta carta. En él descubrimos que Éfeso era el centro del ocultismo, la magia espiritual y el culto a la diosa Artemisa de toda el Asia Menor. Los poderes demoníacos saturaban la ciudad y sus regiones circunvecinas. Esto nos ayuda a comprender por qué Efesios contiene un mayor número de referencias al poder y la guerra espiritual con esas potestades cósmicas perversas que ningún otro libro de su tamaño en el Nuevo Testamento.

En un estudio bíblico sobre Hechos 19 titulado «Off Witchcraft» (Salir de la brujería), Ray Stedman describe a Éfeso de la manera siguiente:

una ciudad controlada por la superstición, el miedo, el demonismo y las tinieblas. Se trataba de una metrópoli dedicada al sexo y a la religión, en otras palabras, el San Francisco del Imperio Romano[ ... ] era un centro de brujería, superstición y demonismo. Una mezcla misteriosa de magia negra, culto a los demonios, astrología y prácticas ocultas de diversos tipos[ ... ] (los cuales) llenaban aquella ciudad de sacerdotes, magos, brujas, brujos y charlatanes de todas clases.

Los cristianos efesios se convirtieron a Cristo después de vivir en una terrible atmósfera de esclavitud demoníaca y algunos continuaron participando en el ocultismo incluso después de conocer a Jesús como Salvador.

Cuando se produjo el choque de poder con los hijos de Esceva, el cuadro comenzó a cambiar (Hechos 19.13s). Los nuevos convertidos empezaron a romper con sus prácticas mágicas y ocultistas. Hechos 19.19 nos cuenta: «Asimismo muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos». Ese es el lenguaje del choque de poder.

En Efesios, Pablo combina las enseñanzas sobre el choque de poder y el choque de verdad. Según su costumbre, el apóstol contextualiza su doctrina para adaptarla a la situación de aquellos a quienes está escribiendo. Arnold se refiere a la Zeitgeist, la atmósfera cultural de la ciudad y la época respecto al mundo espiritual. «Uno de los rasgos característicos de la Zeitgeist judía primitiva», dice, «era el miedo a los demonios». Acto seguido cita a Charlesworth sobre la demonología de los seudoepígrafos:

La tierra está llena de demonios y la humanidad plagada de ellos. Casi todos los infortunios acontecen por su causa: la enfermedad, la sequía, la muerte y, especialmente, las debilidades humanas en lo tocante a permanecer fieles al pacto. La región que se extiende entre el cielo y la tierra parece estar casi atestada de demonios y ángeles; a menudo se considera a los seres humanos como peones desvalidos frente a tales fuerzas cósmicas …

Arnold comenta que «los seudoepígrafos representan por tanto la Zeitgeist de los días de Pablo y también la que se utilizó en la composición de Efesios». Este es otro indicio importante del enfoque que hace el apóstol del mundo espiritual en dicha epístola.

Efesios 1

Pablo comienza con su inspirador retrato de los creyentes como elegidos de Dios. Aquí tenemos el choque de verdad que siempre debe seguir al choque de poder. En su enseñanza sobre la elección, el apóstol se introduce en el mundo espiritual con sus referencias a los lugares celestiales (1.3, 20) y a la reunión de «todas las cosas en Cristo» (v. 10).

También presenta sus primeros conceptos de poder. Antes que nada está la referencia del apóstol al Espíritu Santo (vv. 13, 14, 17). Como dice Arnold, «Efesios destaca el papel del Espíritu Santo, a quien se representa a menudo como el agente del poder divino[ ... ]» (véanse también 2.18, 22; 3.5, 16; 4.3, 4, 30; 5.18; 6.17, 18). Thomas H. McAlpine cita las siguientes palabras de Ernst Kasemann:

[ ... ] a cualquier versión del cristianismo le falta credibilidad si, profesando la creencia en el Espíritu Santo, deja de llevar el poder y la victoria de éste a cada uno de los agujeros y rincones más profundos. Lo que nuestro mundo necesita hoy en día, por todas partes, es este exorcismo de sus demonios. Porque sólo cuando los cielos se abren y el Espíritu desciende, la buena creación de Dios nace y sigue siendo.

En el versículo 3 Pablo inicia su entrada a la esfera cósmica donde se concentran los poderes demoníacos y señala que Dios nos ha bendecido «con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo». Las bendiciones del Señor están en esos «lugares celestiales», en toîs epouraníois.

Esta problemática expresión la usa Pablo sólo en el Nuevo Testamento, y lo hace cinco veces en Efesios (1.3, 20; 2.6; 3.10; 6.12). Lincoln dice que:

Se trata del mundo espiritual de arriba[ ... ] visto según la perspectiva del siglo venidero, que ya ha sido inaugurado por Dios al resucitar a Cristo de entre los muertos y exaltarlo a su diestra (1.20) … Sin embargo, puesto que el cielo tiene que ver todavía con el presente siglo malo, quedarán poderes hostiles en las esferas celestiales (3.10; 6.12) hasta que el siglo venidero se consume.

Esta es la primera sugerencia de guerra espiritual en Efesios. Al principio, el versículo 3 parece no guardar ninguna relación con dicho tema; sin embargo, cuando leemos de nuevo acerca de los «lugares celestiales» en el 1.20, 3.10 y 6.12, nos damos cuenta de que la tiene. En este contexto, resume Lincoln, la expresión «en Cristo» se refiere a que hemos sido «incorporados al Cristo exaltado[ ... ] como (nuestro) representante, quien se encuentra en la esfera celestial» Estamos en Cristo. Posicionalmente Él ha sido exaltado a la diestra del Padre en los lugares celestiales. Y ya que estamos sentados con él, nos encontramos también, de modo posicional, en esos mismos lugares celestiales, gobernando con Cristo sobre las potestades (2.6). Los gobernadores y autoridades que se oponen tanto a Cristo como a nosotros mismos están en dichos lugares celestiales, y desde allí libran su guerra contra nosotros (6.12). Como iglesia, dice Pablo, tenemos que declarar a esas autoridades espirituales malignas «la multiforme sabiduría de Dios» (3.10); sabiduría que entroniza a Cristo como Señor del universo y lo une a los creyentes, revistiéndonos del poder de la plenitud del Señor (1.23; 2.6; 3.10; 6.10-20).

¿Quién ha dicho que la guerra espiritual es sólo un aspecto periférico del plan redentor de Dios en las epístolas? Aquí la tenemos, por así decirlo, en el mismo corazón de la gran historia divina de salvación en Cristo. Podemos ver a Cristo exaltado en los lugares celestiales y también al creyente junto con Él. Los poderes demoníacos libran batalla contra Cristo y contra su iglesia en esos mismos lugares celestiales, mientras que la iglesia en la tierra y en las regiones celestes declara la sabiduría de Dios a los principados y potestades situados allí. Se trata de una guerra espiritual cósmica de alto nivel.

Cuando avanzamos hacia Efesios 1.20, debemos considerar este pasaje en el contexto de los versículos 15 al 22: la oración de Pablo por sus hermanos efesios. Sólo tenemos espacio aquí para concentrarnos en el versículo 19 y su relación con el 20.

El apóstol pide que la iglesia pueda experimentar la supereminente grandeza del poder de Dios, la cual demostró al resucitar a Jesús de los muertos (v. 19) y cuyo propósito era sentarle «a su diestra en los lugares celestiales» (v. 20), en el lugar de poder absoluto.

Lincoln llama a esto «cristología cósmica» y dice que «la resurrección de Cristo y su exaltación significan que el centro de gravedad en el drama cósmico de salvación de Dios se ha trasladado de la esfera terrenal a la celestial». Luego sigue expresando que dicho acontecimiento cambió las estructuras de poder de este mundo. En 1 Corintios 15.25-27, Pablo utilizó el Salmo 110.1 y el 8.6 para hablar del gobierno de Cristo al final de la historia. En Efesios los adapta y aplica a la posición presente de Jesús como último Adán ya Señor del cosmos. Esto significa que como «cabeza del cosmos, Cristo lo llena con su dominio soberano. Y lo mismo vuelve a decirse más tarde cuando se afirma que el Señor “subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo”».

Cristo es «cabeza sobre todas las cosas», dice Pablo (v. 22); y aunque esto incluye a las potestades, se refiere de un modo especial y natural a la iglesia «la cual es su cuerpo» (v. 23) y su plenitud (1.23; 4.13; Col. 2.9, 10; Juan 1.16). Por tanto el apóstol afirma que Jesús es «cabeza sobre todas las cosas a la iglesia» (v. 22b; 4.15 y 5.23). Él es su comienzo (2.20b), su vida y la meta de su crecimiento (4.15, 16).

El mayor pecado de la iglesia es su resistencia a la jefatura exclusiva de Cristo. Aunque nosotros gobernamos junto con él sobre las potestades, no somos cabezas al igual que Él sobre la iglesia. Todo sucede en última instancia para el beneficio de Dios en Cristo en su iglesia. Los lectores de Efesios deben verse a sí mismos como un pueblo con un destino, parte de una iglesia universal cuya cabeza, Cristo el Señor, ejerce todo poder en bien de ellos. Él ha dotado a esa iglesia de cuanto necesita para funcionar y crecer. En la unidad del Espíritu crecerá en todas las cosas en Cristo. Se edificará a sí misma en amor. Triunfará en su misión mundial[ ... ] porque su cabeza es la cabeza cósmica del cielo y de la tierra (Efesios 4.1-16).

Como consecuencia de esto tenemos en Efesios dos hilos decisivos de verdad los cuales debemos destacar. El primero es la autoridad del exaltado Cristo cósmico; el segundo, la autoridad de los creyentes exaltados juntamente con Él (Efesios 2.1-10). Esta es la carga de Pablo en Efesios (1.18-2.10). El apóstol la resume en el capítulo 2 versículos 4 al 6 de la siguiente manera:

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con Él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.

Sentado con el Cristo cósmico, compartiendo su trono, está el cristiano cósmico. El Cristo cósmico es Señor y Dios. Yo, el cristiano cósmico en Cristo, soy un hombre con poder cósmico. El poder que actúa en mí es el poder de Cristo.

La esfera de operaciones del Cristo cósmico es el universo entero. Sin embargo, desde la perspectiva de la Escritura, lo vemos actuando de manera exclusiva respecto a la humanidad. Su actividad en los lugares celestiales y sobre la tierra está relacionada con la historia de la salvación, con su amor por los seres humanos.

Como cristiano cósmico mi esfera de actuación es la misma que la de Cristo, es decir, los lugares celestiales y la tierra. Estoy sentado con Él en los primeros, y también Cristo habita en mí sobre esta última.

Este mismo apóstol ya había escrito en otro lugar que «somos colaboradores de Dios» (1 Corintios 3.9). Para colaborar con Él necesitamos compartir tanto su poder como su autoridad; de otro modo, se nos pediría que simplemente con el poder humano realizáramos una labor sobrenatural con la oposición de enemigos también sobrenaturales. Si tal fuera el caso, mejor olvidarse de ello; resulta imposible.

Pero Pablo explica que no es esto lo que Dios hace. Él pone a nuestra disposición «la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos» (Efesios 1.19).

Dios nos ha dado una clara demostración de esa supereminente grandeza de poder (dynamis) mediante la operación del poder (krátos) de su fuerza (ischys), la cual operó (enérgeia) en Cristo, resucitándolo de los muertos y poniéndole muy por encima de todo principado (arche) y autoridad (exousía) y poder (dynamis) y señorío (kyrios) «y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero» (vv. 19-21).

Aquí reproduzco la excelente tabla que presenta McAlpine de las palabras principales relacionadas con el poder, las cuales aparecen en el Nuevo Testamento. Aunque otros autores, en especial Wink, mencionan también términos de poder neotestamentarios, McAlpine y Arnold limitan sus estudios a aquellos que se refieren a poderes cósmicos de alto rango los cuales actúan por encima y a través de personas y estructuras de poder en la sociedad. Yo hago lo mismo, ya que creo que ese es el enfoque de Pablo tanto en Efesios como en Colosenses y el planteamiento principal de los demás escritores del Nuevo Testamento.

El estudio que hace McAlpine de cuatro de los nueve términos de poder utilizados por Pablo en Efesios 1.19, 21 es excelente. Sin embargo, nos concentraremos sólo en aquellos que aparecen en el versículo 21 y que en el griego son: arché, «principado» o «dominio»; exousía, «autoridad» o «potestad»; dynamis, «poder» o «potestad»; y kyriótes, «señorío» o «dominio». McAlpine, como otros muchos eruditos, omite el quinto término de poder: ónoma, «nombre».

Cuando consideramos estas cinco palabras, nos resulta difícil saber en qué está pensando Pablo en el versículo 21. Cada término tiene una variedad de usos en el Nuevo Testamento y se emplea tanto para referirse a personalidades humanas como no humanas. Pueden incluso utilizarse en un sentido impersonal, para reflejar una cierta Zeitgeist, como ya mencionamos.

En ocasiones dichos términos se emplean respecto a seres cósmicos buenos, Dios y los ángeles; sin embargo, cuando consideramos el uso negativo y restrictivo que hace Pablo de estos conceptos en Efesios y Colosenses, debemos ver a los principados y las potestades como malignos en esencia. A lo que se refiere el apóstol es a la guerra de choque de poder del creyente con los principados y potestades cósmicos del mal. De modo que, quizás, deberíamos considerarlos como poderes malignos también en el versículo 21.

Pablo no está desmitologizando aquí el lenguaje de poder al hacer uso de estas palabras. No hay ningún indicio de que quiera apartar de nuestro pensamiento a los poderes personales cósmicos, ya sean éstos los ángeles escogidos o los caídos, y hacer que nos concentremos sólo en poderes humanos o estructuras sociales como afirman ciertos eruditos.

Se trata exactamente de lo contrario: en los escritos de Pablo descubrimos poderes cósmicos personales y malignos de alto rango que manipulan a los hombres y sus instituciones sociales llevándolos hacia objetivos demoníacos perversos.

Por tanto, en el capítulo 1, Pablo traslada a los creyentes hasta los «lugares celestiales» (v. 3) y revela que dichos lugares representan, no sólo la esfera de su vida cristiana (vv. 13-18) o el sitio donde Cristo está entronizado como Señor, sino también el lugar de actividad de los poderes malignos (vv. 19-23).

Efesios 2

La primera referencia que tenemos a los principados y las potestades como entidades malignas se encuentra en Efesios 2.2, donde Pablo dice:

en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia.

Para comprender el versículo 2, sin embargo, debemos empezar con el 1. Allí, el apóstol, presenta un panorama espantoso del estado espiritual de todo aquel que no está en Cristo: los gentiles en particular y cada uno de los hombres en general (vv. 1-3). Después de afirmar en el versículo 1 que éstos se encontraban anteriormente «muertos en[ ... ] delitos y pecados», comienza el versículo 2 diciendo «en los cuales anduvisteis en otro tiempo».

Efesios 2.2 es un texto único en el Nuevo Testamento. Las palabras tòn aiôna toû kósmou significan literalmente, «la era de este mundo»; y según Phillips, Pablo dice que la era de este mundo es mala porque obedece «a su príncipe invisible (el cual todavía opera en aquellos que no responden a la verdad de Dios)».

Una traducción literal de la segunda parte del versículo es la que presenta la Reina-Valera de 1960:

conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia.

Acerca de esta última frase, Arnold comenta que no sólo son «los no creyentes arrastrados a seguir todos los rasgos corruptos de esta era mala, sino que también se los describe inspirados y activados por fuerzas malignas personales». Y luego afirma que dichas fuerzas «están dirigidas por tòn árchonta tês exousías» (el príncipe de la potestad del aire).

Arnold dice que «el término árchon es una expresión más para describir a una fuerza maligna personal», y concluye afirmando que aquí el autor está por tanto «refiriéndose a un jefe o líder de los poderes angélicos. Puede tratarse de una referencia al diablo mismo (cf. 4.27; 6.11), ya que la palabra está en singular y se otorga gran prominencia a dicho ser».

Afirmo que este es en verdad el caso. Como el mismo Arnold indica, los «sinópticos describen al diablo como el árchon tòn daimoníon (Mateo 9.34; Marcos 3.22; Lucas 11.15) [el príncipe de los demonios]. Y Juan se refiere a él como el árchon toû kósmou toútou (Juan 12.31; 14.30; 16.11)» [el príncipe de este mundo].

Lincoln señala que para Pablo este siglo tiene su propio dios (2 Corintios 4.4). Por tanto el poder maligno cuenta con un centro de energía personal, al que el apóstol llama «el príncipe de la potestad del aire». ¿Qué significa esto? Lincoln escribe que:

[ ... ] en otras partes de Efesios, las esferas celestiales están habitadas por poderes hostiles (cf. 3.10; 6.12). Esta noción tiene sus antecedentes en el Antiguo Testamento y en el pensamiento judío, donde los ángeles y los poderes espirituales eran a menudo representados en los cielos (p. ej., Job 1.6; Daniel 10.13, 21; 2 Macabeos 5.2; 1 Enoc 61.10; 90.21, 24); también fue elaborada por Filón (cf. De Spec. Leg. 1.66; De Plant. 14; De Gig. 6, 7).

Lincoln dice luego que los términos «el aire» y «los lugares celestiales» deben referirse a la misma esfera. Ambos están habitados por «agentes malignos». Y expresa que si hay alguna diferencia entre ellos es, quizá, que «el aire indica las partes más bajas de dicha esfera y por tanto destaca la proximidad de dicho poder maligno y su influencia sobre el mundo».

El problema que algunos comentaristas tienen con la idea de que el aire encima de la tierra pueda ser la morada de Satanás y de los espíritus malos es, otra vez, un asunto de cosmovisión. ¿De qué otra manera debemos imaginar la residencia de esos seres invisibles personales? Siempre se los presenta sobre la tierra y al mismo tiempo muy cerca de ella.

Arnold afirma que «en la antigüedad se consideraba el aire como la morada de los espíritus malos» y que «el judaísmo también está familiarizado con el aire como habitación de los demonios».

Pablo deja claro que este príncipe cósmico no sólo opera en los lugares celestiales o en el aire que está sobre la tierra, sino que también se encuentra a sus anchas en la tierra misma. ¿Por qué si no le llamaría Jesús «el príncipe de este mundo» (Juan 12.31; 14.30; 16.11) y el apóstol lo describiría como «el dios de este siglo [o mundo]» (2 Corintios 4.4)? Pablo dice incluso que se trata del «espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia». ¿Qué quiere decir eso?

Podemos adelantar una opinión. La preposición en tal vez significa «sobre» o, al menos, «entre». Pablo no está afirmando que todos los inconversos son habitados por Satanás, en persona, a través de sus demonios. Sin embargo, el diablo opera en sus vidas con tanta fuerza que es como si estuviese dentro de ellos. Ya hemos visto que los demonios trabajan eficazmente contra la gente desde fuera; aunque por lo general son más destructivos desde dentro.

No podía declararse con más claridad la condición demoníaca de los inconversos. Por tal razón he utilizado repetidas veces este pasaje para referirme a la potencial demonización de los inconversos. Utilizando las palabras de Arnold, el ejército diabólico es tan efectivo en retener a sus súbditos que el autor puede describir a esas víctimas como «los hijos de desobediencia».

Por tanto se considera que el diablo está ejerciendo un poder eficaz y apremiante en su labor de inspirar la desobediencia entre la humanidad.

Vemos entonces que cuando Pablo comienza su interpretación específica de esos poderes, los considera a todos malignos. Asimismo, aunque derrotados por Jesús en su evento redentor, dichos poderes todavía tienen libertad para obrar su maldad entre los creyentes, los hombres y las naciones. No obstante, los poderes rebeldes no están ya tan libres como antes. Jesús tiene el poder de «sujetar a sí mismo todas las cosas» (Filipenses 3.21), y seguirá reinando «hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies» (1 Corintios 15.25). En realidad, en Efesios dichos enemigos aparecen ya como bajo sus pies (1.21; véase 1 Pedro 3.22). Otra vez nos enfrentamos al enigma del «ya, pero todavía no».

Efesios 3

Pablo comienza el capítulo 3 con un repaso de los versículos anteriores que le sirve también de introducción a lo que viene después. «Por esta causa» (v. 1a), para que los efesios sean edificados como morada de Dios en el Espíritu (2.22), Pablo fue constituido ministro del evangelio. Más adelante explica que el propósito de su ministerio a los gentiles consistía en revelarles el misterio de Cristo de que ellos también eran coherederos y miembros, junto con los judíos, del mismo cuerpo, así como copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio (3.1-7). Aquí reaparece el tema de la unidad dentro del cuerpo de Cristo, capital para la enseñanza de Pablo en cuanto a la guerra victoriosa.

Sin embargo, el misterio de que los gentiles estén en la iglesia es sólo una parte de otro más amplio que abarca la dimensión del propósito de la iglesia: que toda la creación pueda ver el magnífico plan de Dios, incluso los principados y potestades malignos (3.10).

La versión inglesa NEB lo expresa muy bien:

Estuvo escondido en Dios, creador del universo, durante largos siglos, para que ahora, por medio de la iglesia, la sabiduría de Dios, en todas sus formas, pudiera ser dada a conocer a los principados y potestades en las esferas celestiales. Esto concuerda con su propósito eterno, el cual llevó a cabo en Cristo Jesús nuestro Señor. (Efesios 3.9-11)

Efesios 3.10

Los comentaristas están divididos en cuanto a sus interpretaciones del versículo 10, y las dificultades que implica giran en torno a tres cuestiones principales:

1. ¿Cuál es «la multiforme sabiduría de Dios» de la que testifica la iglesia?

2. ¿Cómo da testimonio la iglesia de esa sabiduría a «los principados y potestades en los lugares celestiales»?

3. ¿Quiénes son esos «principados y potestades en los lugares celestiales»? Empecemos por la última pregunta: ¿Quiénes son los principados y potestades en los lugares celestiales? John Eadie trata las diferentes opiniones sobre el asunto. Las tres respuestas principales son: los ángeles elegidos y los caídos; los ángeles elegidos; y los ángeles caídos.

Si contásemos sólo con las dos primeras opiniones, tendría que alinearme con la primera. Sin embargo, en vista de la importancia del tema de la guerra espiritual en Efesios, y en particular de la explicación que hace el apóstol de cómo está considerando a los principados y potestades en esta epístola (6.12), me siento constreñido a adoptar la tercera.

Los principados y potestades son espíritus malos en esencia. Aunque los ángeles elegidos observen y participen en esta guerra, no parecen estar en la mente de Pablo en Efesios 3.10, ni, si vamos a ello, en ninguno de los otros versículos referentes a los principados y potestades en esta epístola.

En segundo lugar, ¿cuál es esa «sabiduría de Dios» de la que la iglesia testifica a los principados y potestades? Comencemos examinando el contexto más amplio en el que Pablo escribe estas palabras. Este se centra en el uso de la palabra «misterio» en Efesios y Colosenses. El misterio de Dios es, en ambas epístolas, el misterio cristológico-redentor de la salvación de Dios en Cristo. La idea más común utilizada por el apóstol tanto en Efesios como en Colosenses para indicar la esencia del misterio, además de la misma expresión de «el misterio», es bien «el misterio de Cristo» o «el misterio de Dios el Padre, y de Cristo» (Efesios 3.4; Colosenses 2.2).

Según dice Arnold, el término «misterio» en Efesios armoniza con la idea que Pablo tiene de los poderes. «En Efesios 1.9, 10, expresa, se nos revela que el propósito del “misterio” era la reunión de todas las cosas en Cristo; lo cual incluye la sujeción de los “poderes” hostiles a Jesús». Arnold señala que «el “misterio” del que se habla en Efesios puede muy bien proporcionar un contraste con los “misterios” de Lidia y Frigia que eran tan populares. De esta forma, el autor quizá empleara el término con una intención polémica contra la influencia de las ideas de los “misterios” en las iglesias». El misterio de las religiones ocultistas suponía «recibir ho kyrios tou áeros [al señor del aire] (cf. Efesios 2.2) como deidad que venía a residir en uno». Las mismas ideas se expresan en Colosenses: Jesús ha venido para destronar a ese ser espiritual.

Aunque sin dejar el tema de este misterio que es Cristo y Cristo en el creyente, Arnold vuelve a la elección que ha hecho Dios del creyente en Jesús, la cual ya se mencionó en Efesios 1.4s, y dice que «este concepto de la elección está íntimamente relacionado con el análisis anterior de “el misterio”». ¿Cómo es eso? Según Arnold, el concepto de elección en Cristo que tiene Pablo proporciona una «respuesta alentadora e instructiva a los miedos de los cristianos que antes estaban bajo la influencia de la magia, los misterios y las creencias astrológicas». Esto se aplica también a los colosenses.

Ahora debemos considerar la cuestión práctica: ¿Cómo testifica la iglesia a los principados y potestades de la sabiduría de Dios; es decir, de su plan redentor en Cristo con todas sus consecuencias en este mundo e incluso en el venidero?

En su comentario sobre Efesios 3.10, Wink dice que:

[ ... ] aquí se enuncia con claridad que la tarea de la iglesia es la de predicar a los poderes. La iglesia libra una especie de guerra espiritual, pero también tiene la misión de llevar la verdad del evangelio al mismo centro del poder y espera obtener algunos resultados de ello. ¿Debemos entonces prever la conversación de los poderes? ¿Qué debe decirles la iglesia? ¿Dónde están «los lugares celestiales» y de qué manera puede la iglesia tener acceso a los poderes residentes allí?

Wink comienza respondiendo en primer lugar a la última pregunta; es decir, de qué manera tiene acceso la iglesia a los poderes en los lugares celestiales. Primero, hace su propio estudio de en toîs epouraníois («en los lugares celestiales») y considera esos «lugares celestiales como una dimensión de la realidad en la que los creyentes, aunque aún sobre la tierra, han sido ya admitidos, y sin embargo en la que los “poderes” ejercen todavía dominio, debiendo ser combatidos al tiempo que se les predica y se les da a conocer la multiforme sabiduría de Dios».

Wink dice luego que al igual que «el trono de Dios está donde actúa Dios con eficacia, “los lugares celestiales” se encuentran allí donde Cristo es ya Señor, con todos los “poderes” bajo su soberanía (Efesios 1.22), aunque éstos no se hallen aún bajo su control (6.12)».

Se trata de un concepto fascinante, lo que he llamado el enigma del «ya, pero todavía no» de la guerra espiritual. Wink comenta que la:

[ ... ] aparente contradicción entre la soberanía y el control es consecuencia de la lucha en la coyuntura de dos épocas. Para utilizar una analogía moderna, el gobierno revolucionario provisional de Cristo ya se ha formado en el exilio, y partes del país están bajo su soberanía efectiva. Sin embargo, el antiguo régimen aún controla la capital, cuenta con la lealtad del ejército y practica una guerra brutal e indiscriminada contra su propia gente, en un intento desesperado de preservar sus privilegios y riquezas. No obstante, el resultado, aunque tarde en producirse, está garantizado.

Luego, Wink continúa diciendo que:

«los lugares celestiales» donde[ ... ] el creyente ya ha sido asentado … es por tanto una especie de «zona liberada»[ ... ] aunque con esta advertencia: los que se encuentran en la misma no están libres de la posibilidad de connivencia con los antiguos «poderes» e incluso de apostasía. Sin embargo, cuentan con un espacio de relativa libertad de la determinación de los «poderes».

La «connivencia» de la iglesia con los antiguos poderes es su más grave acto de desobediencia al Señor, su Cabeza, y la causa principal de impotencia en la batalla espiritual que tenemos delante.

La iglesia, por tanto, tiene acceso directo a los poderes malignos, ya que vive en la misma esfera que ellos. Según Wink somos un pueblo de ambos reinos, el terrenal y el celestial, y por ello estamos en contacto continuo con dichos poderes; pero por desgracia sólo somos poco conscientes de ello, no sabemos qué hacer al respecto o no nos importa.

Aquí llegamos a la pregunta clave: ¿Qué significa que la iglesia haya de dar a conocer «ahora» la multiforme sabiduría de Dios a esos principados y potestades?

La respuesta más sencilla y evidente es también la mejor: significa exactamente lo que dice. La iglesia, unida con Cristo en los lugares celestiales, los mismos donde existen dichos poderes, les proclama a éstos «la multiforme sabiduría de Dios». Así de simple.

No estoy diciendo que el proceso de hacer lo que el apóstol expresa que debe hacer la iglesia sea sencillo. No lo es. Resulta muy complicado. Sólo afirmo que es sencilla la respuesta a dicha pregunta.

Wink lo dice bien cuando expresa que:

[ ... ] sigue siendo la tarea de la iglesia, no sólo proclamar a la gente que han sido redimidos del poder de las tinieblas que en otro tiempo los mantenían cautivos (5.8-14), sino también declarar a los poderes que no son supremos. Que Cristo es su soberano. Que los seres humanos a quienes tienen bajo su dominio (aquí en seguida le viene a uno a la mente el concepto de ángeles nacionales) pertenecen a Cristo.

¡Qué noción tan increíble! Esto es lo que muchos están descubriendo hoy en día en la evangelización llevada a cabo en un contexto de guerra espiritual. Wink afirma seguidamente que la «iglesia, sin embargo, no ejerce el poder de los poderes ni tiene esperanza alguna de éxito en un choque frontal con ellos. Por esta causa el escritor termina su párrafo celebrando la “seguridad y [el] acceso con confianza por medio de la fe en Él” (Efesios 3.12)».

¿Qué significa este «acceso»? Wink expresa que:

[ ... ] sólo puede querer decir acceso a la presencia celestial, al trono divino, al consejo del cielo (véase 2.6, «nos hizo sentar en los lugares celestiales»). La admisión plena en esos distinguidos círculos aguarda a los siglos futuros (2.7; véase también Apocalipsis 3.12, 21; 7.9-17; 14.1-5). Pero aun ahora, mediante la oración intercesora, la iglesia confía en que tiene acceso a la presencia y el poder de Dios en su lucha con los «poderes»; y es esa misma confianza la que hace que el escritor se lance de inmediato a una oración por sus lectores («Por esta causa,», 3.14-19).

¿Cómo cooperan entre sí la intercesión y la guerra espiritual cósmica de alto nivel? La iglesia entra en los lugares celestiales por medio de la oración y la intercesión. El Señor resucitado recibe alabanza, adoración y amor mediante la plegaria. La comunidad cristiana intercede luego por aquellos a quienes ha sido llamada a redimir. Sólo una iglesia unida intercediendo a lo largo de un cierto período de tiempo puede hacer esto de un modo eficaz. De ahí, otra vez, que la nota dominante en Efesios (2.11-6.9) esté en la unidad de la iglesia.

La iglesia proclama el señorío de Cristo tanto los poderes malignos como a los inconversos. Declara la intención de Dios de redimir a todo hombre (2 Corintios 5.18-21) y luego se dirige a dichos poderes. No ora contra ellos, sólo habla con su Señor y proclama la derrota de los mismos. Declara que Cristo como Señor está desplazando el dominio de los poderes sobre los pueblos incrédulos a los cuales han mantenido hasta ahora en esclavitud. No sólo informa a los poderes de su derrota a manos del Señor en su iglesia (que es su plenitud), sino que impone la victoria de Cristo por medio de la fe y de la autoridad delegada en Jesús. Es la multiforme sabiduría de Dios que la iglesia da a conocer a los principados y potestades en los lugares celestiales a la cual se refiere Pablo en Efesios 3.10.

Entonces surge la pregunta espontánea: ¿Por qué debe la iglesia proclamar el misterio de Cristo a los poderes? Creo que la respuesta es obvia: si los ángeles elegidos quedaron en la ignorancia, por así decirlo, sobre el evento de Cristo, ¡cuánto más los poderes caídos! Otra vez, Pedro habla acerca de la revelación del plan redentor de Dios y dice que son «cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles» (1 Pedro 1.12).

Es evidente que los ángeles mismos sólo conocen aquello que Dios quiere que conozcan, y eso de un modo progresivo. Saben el papel que juegan en el plan divino. Conocen eso y poco más. Por tanto, los poderes angélicos caídos saben todavía menos acerca de los profundos proyectos de Dios en Cristo, decretados desde antes de la fundación del mundo. Eso se trasluce continuamente de la ignorancia de los poderes demoníacos, incluso del mismo Satanás, acerca del verdadero significado de la cruz y del hecho de la resurrección y la ascensión de Cristo (1 Corintios 2.7, 8). En realidad ahora saben más, pero sólo una vez que ocurren las cosas. Sin embargo, aún hay mucho que no conocen, a menos que la iglesia se lo diga. Winks comenta: «A esos poderes, por tanto, la iglesia debe proclamar el plan divino que sólo ahora se ha revelado en Cristo Jesús en el cumplimiento del tiempo: que el Dios el cual está sobre todos y por todos y en todos se halla ocupado en reunir todas las cosas en Cristo, así las que están en los cielos como las que están en la tierra (Efesios 4.6; 1.10)».

Creo que el papel que desempeña la iglesia informando a los poderes no tiene por objetivo sólo el mero hecho de informar. Nuestro cometido en relación con los principados y potestades es tanto informar como imponer. Les informamos para hacer valer contra ellos su derrota. Tal vez sea la razón por la cual Pablo sigue declarando que este misterio oculto de Cristo y de la misión cósmico-terrena de la iglesia son ambos, según el plan eterno de Dios, que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor, quien es ahora Señor de los poderes.

La iglesia puede desarrollar esta doble misión, cósmica y terrena con valentía y confianza porque «tenemos acceso por medio de la fe en Él», dice Pablo (v. 12). Esto implica adoración, alabanza, oración e intercesión. También implica acceso a travé s del Cristo resucitado a esos poderes.

Todo esto es tan imponente; el plan de Dios tan perfecto; nuestros recursos en Cristo tan completos, que Pablo prorrumpe de pronto en una oración pidiendo que los creyentes sean revestidos de poder para ministrar dicho misterio. ¡Y qué oración hace el apóstol! (vv. 14-21).

La iglesia es una comunidad que ora y pelea. Debe enfrentarse a los poderes en el nombre del Señor. La comunidad cristiana ha de mantener ese enfrentamiento en forma ofensiva y no sólo a la defensiva. Si lo hacemos con fe y perseverancia, proclamando en el Espíritu la derrota de los poderes en diferentes áreas de la vida humana, con el tiempo tendrán que ceder. A la larga ganaremos, si estamos dispuestos a pagar el precio. Jesús promete que las puertas del infierno no podrán prevalecer contra su iglesia obediente que ora y pelea (Mateo 16.18).

Efesios 4

¿Cómo es posible todo esto? Después de atar al hombre fuerte en singular (Satanás), Jesús comenzó el proceso de «saquear su casa» (Mateo 12.29b). Ambas afirmaciones, realizadas antes de la cruz, la resurrección y la ascensión, fueron hechas como un anticipo del pleno evento redentor de Cristo (véanse Juan 7.37-39; Mateo 28.18-20). Luego, Jesús «llevó cautiva la cautividad» (Efesios 4.8).

Arnold da al pasaje de Efesios 4.8-10 una buena perspectiva de guerra espiritual. «Cuando esto se mira desde la óptica del ambiente del primer siglo y del miedo que había entonces a las deidades del infierno, es más fácil apreciar el consuelo que el pasaje traería a sus lectores». En otras palabras: comenzamos a entender este pasaje cuando nos ponemos los lentes de guerra espiritual del siglo I.

Arnold continúa diciendo que estos versículos:

[ ... ] enfatizan la supremacía cósmica de Cristo de una forma original. El Señor no es sólo superior a los espíritus del aire y a las fuerzas que pueblan los cielos, sino también a las llamadas deidades de los infiernos. Sólo Cristo tiene «las llaves del Hades», como explicó a los creyentes del Asia Menor otro escritor cristiano.

Podríamos seguir para grabar a fuego en nuestros corazones, mentes, emociones y voluntad el hecho de que «somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó» (Romanos 8.37). Estamos del lado vencedor. Jesús ya ha obtenido la victoria y hoy en día está ganando batallas. Todavía ha de ganar la guerra por medio de nosotros, su iglesia unida que ora y pelea, lo cual culminará con su gloriosa Segunda Venida. Los poderes deben escuchar la voz de nuestra autoridad delegada mientras asaltamos las puertas del infierno en cada una de las áreas en las cuales Dios nos ha colocado para que vivamos y ministremos.

Doy gracias al Señor de que esta dimensión de la evangelización y la fundación de iglesias está siendo redescubierta en nuestros días. Digo «redescubierta» porque en el pasado ha habido hombres de Dios que se han movido en tales esferas, por lo general tropezándose con esa realidad después de mucho sufrimiento e incontables fracasos.

¿Ganaron los efesios la guerra según les enseñó Pablo? Sí y no. Sí porque no se registra que recayeran en la magia espiritual o el culto a los ídolos, y no porque los espíritus religiosos antes paganos cambiaron sus tácticas convirtiéndose en espíritus religiosos «cristianos». Operando a través de líderes-maestros cristianos engañados, como Pablo había advertido (Hechos 20.28-31), hicieron estragos en la iglesia de Éfeso; los cuales de engañados por los demonios se convirtieron en engañadores (véanse 1 y 2 Timoteo). De modo que termino con dos palabras finales de exhortación:

«Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo» (1 Juan 4.1, 2).

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  1. Lic. Dilania Quesada
    12 abril 2014 en 10:39 PM | #1

    Mucho rodeo para explicar con claridad y presiciòn, eso desespera

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