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El nadir de la guerra espiritual: Sacrificios humanos

Antes de considerar el nadir o punto más bajo hasta el que habían caído las religiones demoníacas del Antiguo Testamento, es preciso hacer dos comentarios sobre la comprensión que tenía Israel de la actividad demoníaca en las prácticas religiosas paganas. En primera instancia, no todos los israelitas reconocían siempre que al relacionarse con los dioses y los ídolos de los pueblos de la Tierra Prometida se enfrentaban directamente con demonios. Su comprensión iba y venía según la intimidad de su caminar con Yahvé, el verdadero Dios. En segundo lugar, su visión del mundo espiritual era siempre filtrada a través de la concepción que tenían de la absoluta soberanía divina. Israel no podía concebir que Satanás o sus espíritus seductores pudieran actuar entre los creyentes sin el permiso expreso de Dios.

El diablo y los espíritus podían hacer cuanto quisieran con los paganos, ya que de todas formas éstos los adoraban, los israelitas comprendían que «lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios» (1 Corintios 10.20); sin embargo, cuando se trataba de molestar a un hijo de Dios, primero tenían que recibir el permiso divino (Job 1-2). Los judíos sabían también que en algunos casos Dios mismo enviaba espíritus malos para castigar a sus hijos desobedientes (1 Reyes 22.19-23).

La ocasión en que Dios mandó un espíritu malo: 1 Reyes 22

El pasaje de 1 Reyes 22 ha turbado a los comentaristas durante siglos; pero para empezar siquiera a comprender lo que sucede en el mismo es preciso examinarlo en su contexto. El malvado rey Acab estaba en guerra con Siria (vv. 1s) y Josafat, rey de Judá, le hace una visita (v. 2). Hasta ahora, Josafat ha sido un rey excelente (2 Crónicas 17); su único error, el cual cometió dos veces, consistió en buscar una relación estrecha con los reyes de Israel. Dios le reprendió por medio del profeta Jehú en cuanto a su alianza con Acab, pero le perdonó luego (2 Crónicas 19.1s). No obstante no sucedió así en el caso en que Josafat repitió este pecado y se alió con el rey Azarías (2 Crónicas 20.35-21.1).

Acab quiere que Dios apruebe sus planes de ir a la guerra contra los sirios (1 Reyes 22.5s), de modo que reúne a cuatrocientos falsos profetas los cuales le dan la palabra de seguir adelante con los mismos (vv. 6, 10-12). Josafat, sin embargo, no se fía de los profetas en cuestión y pide que comparezca un verdadero siervo de Dios (v. 7). Acab responde que sólo hay uno, pero que él lo odia porque nunca respalda las ideas perversas del rey (v. 8); no obstante, ante la insistencia de Josafat, manda a buscarlo (v. 9).

Cuando llega Micaías, éste decide sumarse al engaño y le dice a Acab que vaya a la guerra, prometiéndole la victoria (vv. 13-15). Acab, sin embargo, sabe que se está divirtiendo a su costa y pide que le diga la verdad (v. 16). Cuando Micaías lo hace (vv. 17-23), debe sufrir por su integridad (vv. 24-28).

Micaías tiene una visión, y en ella Dios le anuncia su plan de quitarle la vida a Acab, tal vez el peor de todos los reyes perversos de Israel (v. 19s). La visión mencionada presenta en primer lugar a Jehová, el Señor (v. 19a). A continuación está su consejo celestial, a su mano derecha y su mano izquierda, que representa obviamente a la asamblea de ángeles vigilantes a los que ya nos hemos referido. El Señor pregunta cuál es la mejor estrategia para guiar a Acab a su propia derrota y hay desacuerdo sobre ello en el consejo (v. 20), hasta que de pronto un «espíritu» se adelanta y se ofrece a ser «espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas [de Acab]» (v. 22a.). Dios acepta su ofrecimiento (v. 22b).

Micaías interpreta la visión a los dos reyes, obviamente delante de todos los falsos profetas, con las siguientes palabras: «He aquí Jehová ha puesto espíritu de mentira en la boca de todos tus profetas, y Jehová ha decretado el mal acerca de ti» (v. 23). No hay que decir que aquello no le hizo precisamente muy popular ni con el rey Acab ni con sus profetas (vv. 24-28).

¿Cómo debe entenderse este pasaje? Una vez más se trata de un problema de cosmovisión. Cuando se filtra a través de la concepción judía del mundo espiritual, que ya hemos mencionado, el problema desaparece. Lo que Micaías describió en su visión ocurrió tal y como lo describe, aunque en su descripción recurre al antropomorfismo. Se presenta a Dios como un rey que pide consejo a su asamblea de sabios, y también como Señor incluso de los espíritus malos. Ya que su pueblo está involucrado en el asunto (Acab era el líder de un grupo del pueblo de Dios), el espíritu mentiroso ha de obtener permiso del Señor para provocar la muerte del rey. Dicho permiso le se concede porque encaja con los planes de Dios.

Como dice Matthew Henry, «el diablo no engaña a los hombres sin el permiso divino, e incluso de esta manera Dios lo usa para sus propios fines».

Por último, el Nuevo Testamento nos proporciona el equilibrio necesario sobre este punto. Satanás y sus demonios son personalidades desarrolladas que poseen mente, emociones y voluntad. Al igual que los hombres a quienes inspiran el mal, pueden maquinar contra el pueblo del Señor, atacar y afligir, derrotar e incluso matar a los hijos de Dios (1 Tesalonicenses 2.18; 3.5; Apocalipsis 2.10; 12.17; 13.7). Sin embargo, el creyente que se viste con toda la armadura de Dios y aprende a librar la guerra espiritual, está protegido de daños graves que quiera causar el maligno. La libertad de Satanás para el mal que hace al pueblo de Dios está todavía sujeta a la voluntad soberana del Señor. No obstante, el pecado y la incredulidad en el creyente lo deja expuesto al ataque satánico-demoníaco directo (1 Corintios 7.5; 1 Tesalonicenses 3.5; Efesios 4.27).

La práctica demoníaca del sacrificio de niños

Siguiendo con el conflicto veterotestamentario del pueblo de Dios con el mundo espiritual, debemos ahora examinar la dimensión más terrible de la actividad religiosa demoníaca entre los vecinos de Israel: la práctica del sacrificio de niños. Y lo hago por tres razones principales.

La primera es que los sacrificios de niños eran práctica corriente, no sólo entre los paganos cananeos, sino con toda probabilidad en la mayoría de los grupos humanos cuyos miembros adoraban a los mismos dioses que ellos u otros parecidos.

La segunda es que en la mayor parte de los períodos de apostasía, Israel cayó en las tinieblas de esta horrible práctica; por lo tanto se trata de una característica principal de la terrible derrota sufrida por el pueblo de Dios en su guerra contra el mundo espiritual.

La tercera es que el sacrificio de niños ha resurgido hoy en día con el satanismo, las sectas diabólicas y muchas prácticas de brujería que están floreciendo en América y en otras partes del mundo occidental. También se está dando en algunas áreas de los países del Tercer Mundo.

Hay docenas de referencias a los sacrificios de niños en el Antiguo Testamento y ninguna en el Nuevo. La ley romana, que dominaba el mundo de este último no permitía el sacrificio de seres humanos. Por desgracia, para los miles de personas, la mayoría de ellas niños, sacrificadas a los dioses y a los espíritus durante la era del Antiguo Testamento, entonces no existían esas leyes, o si las había no se imponían. E. E. Carpenter enumera las expresiones claves que se utilizaban en el Antiguo Testamento para referirse al sacrificio de niños. La más utilizada es «hacer pasar» seguida de una o más de las expresiones siguientes: «por fuego» (2 Reyes 16.3; 17.17; 21.6; Ezequiel 20.31); o una combinación de «por fuego» y «a Moloc» en 2 Reyes 23.10, «holocaustos» (Jueces 11.31; 2 Reyes 3.27); y frases como «a sus hijos que habían dado a luz para mí [es Dios quien habla], hicieron pasar por el fuego, quemándolos» (Ezequiel 23.37).

En Ezequiel 16.21; 20.26, la expresión verbal «pasar por el fuego» se utiliza sola, «pero el significado es claro», expresa Carpenter. Y en Ezequiel 16.21, se dice: «Para que degollases también a mis hijos y los ofrecieras a aquellas imágenes como ofrenda que el fuego consumía».

Luego tenemos «quemar en el fuego» (Deuteronomio 12.31; 2 Reyes 17.31; Jeremías 7.31; 19.5); y «ofrecer en holocausto», también refiriéndose al sacrificio de niños, en Jueces 11.31, la historia de la hija de Jefté, y en 2 Reyes 3.27, la historia del hijo mayor del rey de Moab.

Carpenter señala que la palabra hebrea corriente para referirse a sacrificio, zabah, se utiliza en el Salmo 106.37: «Sacrificaron sus hijos y sus hijas a los demonios». De nuevo, el Antiguo Testamento reconoce la verdad de 1 Corintios 10.20: «Lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios». Cuando los judíos imitaban esas prácticas y sacrificaban a sus hijos a los dioses o incluso a Jehová, también estaban sacrificando en realidad a los demonios. Y, desde luego, lo mismo ocurre con el sacrificio religioso de niños hoy en día.

En Ezequiel 16.20 y 23.29 tenemos de nuevo zabah. En el primer caso, el versículo dice: «Tomaste a tus hijos y tus hijas que habías dado a luz para mí, y los sacrificaste a ellas [las imágenes] para que fuesen consumidos» (Ezequiel 16.20). En el segundo: «Habiendo sacrificado sus hijos a sus ídolos» (Ezequiel 23.39). Tanto en uno como en otro caso se estaban presentando los cargos contra las rebeldes Israel y Judá.

Debería señalarse que los israelitas se entregaron a esas prácticas infames principalmente en sus períodos de guerra y apostasía. Los sacrificios humanos estaban prohibidos y fueron enérgicamente condenados por Dios en todas las épocas de la historia del pueblo de Israel, desde Génesis hasta Malaquías.

Carpenter hace un estudio de la práctica de sacrificar seres humanos o niños en el Oriente Próximo de la antigüedad, y señala que dicha práctica estaba muy extendida en Mesopotamia, Fenicia y África, sobre todo en la Cartago fenicia. Los fenicios, que eran cananeos, habían emigrado al Norte de África. También practicaban esta clase de sacrificios los chinos, los celtas, los aztecas y los mayas; y se daban asimismo en Cerdeña, Sicilia, Tunicia y quizás otros lugares.

Lawrence E. Stager y Samuel R. Wolff, en un informe reciente sobre sacrificios de niños en la antigüedad, comentan que el cementerio fenicio de Cartago, en el Norte de África, dedicado exclusivamente a depósito de huesos quemados de niños y de animales ofrecidos en sacrificio «es el mayor cementerio de seres humanos inmolados jamás descubierto. Los sacrificios de niños se llevaron a cabo allí casi de continuo durante un período de más de seiscientos años», desde aproximadamente el año 400 a.C. hasta el siglo II d.C. Sin embargo, quizás comenzaron en el 800 a.C.

Tertuliano (160-225 d.C.), el gran padre de la iglesia de Cartago, escribe acerca de esta horrible práctica que continuaba aún en sus días y la llama «la perversa actividad de Satanás que hace que sus servidores le sacrifiquen a sus propios hijos». Luego explica que:

[ … ] en África se solía sacrificar a los bebés a Saturno [Satanás][ … ] Sí, e incluso en nuestros días ese impío crimen sigue realizándose en secreto[ … ] Saturno no perdonó a sus propios hijos[ … ] sus mismos padres se los ofrecían a él, estaban contentos de responderle y acariciaban a sus hijos para que no fueran sacrificados llorando.

Stager y Wolff dicen además que el nombre bíblico Tofet, tomado de Jeremías 7.30-32, se utilizaba para designar todos los lugares de sacrificio y depósitos de restos de niños sacrificados a los dioses. Tofet se refiere a un sitio en el Valle del Hijo de Hinom, en el lado sur de la antigua Jerusalén, donde se celebraban sacrificios rituales con fuego:

Los hijos de Judá han hecho lo malo ante mis ojos, dice Jehová[ … ] Han edificado los lugares altos de Tofet, que está en el valle del hijo de Hinom, para quemar al fuego a sus hijos y a sus hijas, cosa que yo no les mandé, ni subió en mi corazón. (Jeremías 7.30-32).

Las referencias bíblicas relacionan el Tofet con la adoración a Baal:

Dejaron todos los mandamientos de Jehová[ … ] y sirvieron a Baal; e hicieron pasar a sus hijos y a sus hijas por fuego (2 Reyes 17.16, 17; véase también Jeremías 32.35).

En 2 Reyes 23.10 y Jeremías 32.35 se sugiere de un modo bastante claro que Tofet estaba también relacionado con el dios cananeo Moloc.

El Tofet de Jerusalén fue desmantelado por el rey Josías en el siglo VII a.C. «[El rey Josías] profanó a Tofet, que está en el valle del hijo de Hinom, para que ninguno pasase su hijo o su hija por fuego a Moloc» (2 Reyes 23.10).

No podemos asegurar si esta fue su primera destrucción, ni tampoco si se volvió a edificar más tarde.

Estas referencias bíblicas han llevado a los eruditos modernos a denominar Tofet al enorme cementerio de niños sacrificados en la Cartago fenicia, así como a otros recintos fenicios parecidos en Sicilia, Cerdeña y Tunicia.

El cementerio de Cartago tiene entre cinco a seis mil metros cuadrados y tal vez cuente hasta veinte mil urnas con restos de niños muertos en sacrificio, además de huesos de animales inmolados. Algunas urnas contenían los restos calcinados de dos o tres niños, cuyas edades iban desde la más tierna infancia hasta los seis años; obviamente todos de la misma familia. Miles de urnas más se perdieron cuando los romanos destruyeron el cementerio en el año 146 a.C. Sin embargo, aunque fuera de la ley, la práctica del sacrificio de niños siguió existiendo.

Los fenicios establecieron tofets en muchas de sus ciudades principales y centros de comercio. Fueron durante siglos los grandes comerciantes, mercaderes, marineros y artesanos del mundo bíblico. En el año 900 a.C., el rey fenicio Hiram de Tiro proveyó al rey Salomón los materiales necesarios para construir el gran templo judío. Fueron también los marineros de las flotas de Salomón (1 Reyes 5.1ss; 7.13-45; 10.11, 22).

El caso de Abraham e Isaac: Génesis 22

La primera mención que tenemos en la Biblia del tema de los sacrificios humanos está en Génesis 22. Allí Dios ordena a Abraham que le ofrezca en sacrificio a su hijo prometido, Isaac (vv. 1-2), en uno de los relatos más dramáticos y polémicos del Antiguo Testamento. Tal vez Abraham estaba bastante familiarizado con los sacrificios de niños de Mesopotamia y de algunas de las tribus de la tierra de Canaán, donde vivía. Sabía que aquella práctica era mala, como también que Dios intervendría de alguna manera, incluso resucitando a su hijo de entre los muertos (vv. 5-8). La frase clave del pasaje es: «Dios se proveerá del cordero para el holocausto, hijo mío» (v. 8); y fue pronunciada en respuesta a la pregunta de Isaac: «¿Dónde está el cordero para el holocausto?» (v. 7).

El escritor de Hebreos nos hace comprender nuevos aspectos de la fe de Abraham cuando éste responde en obediencia a la extraña petición de Dios de que le ofrezca a Isaac en sacrificio.

Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir. (Hebreos 11.17-19).

Carpenter dice que Abraham se quedó sorprendido con la petición de Yahvé, pero que no le pareció extraña. Sin embargo aquel sacrificio no llegó a producirse. El relato, como está, rechaza el sacrificio humano y en cambio enfatiza la fe del patriarca y demuestra la capacidad de Dios para proveer una ofrenda sustitutoria aceptable. En cuanto a esto, Carpenter afirma que «Génesis 22 indica por tanto que los sacrificios humanos no eran aprobados en tiempos de Abraham, el antepasado más lejano de Israel».

En Levítico 18.20 Dios prohíbe el sacrificio de niños, equiparándolo con una profanación de su nombre. Levítico 20.2-5, por su parte, declara que cualquiera que lo practica, es decir, el «que ofreciere alguno de sus hijos a Moloc», será lapidado. Tal hombre y su familia, dice Dios, verán su nombre cortado de Israel « por haberse prostituido con Moloc» (v. 5). Y el Señor va tan lejos como para decir que si otros supiesen del pecado de ese hombre y no le hubiesen hecho ejecutar, ellos también quedarían bajo la misma maldición (vv. 4, 5). ¿Se puede hacer una advertencia y una condena más serias de esa práctica?

En Deuteronomio 12.29-31 tenemos a Moisés hablando con Israel acerca de la conquista de la Tierra Prometida, y les dice: «Cuando Jehová tu Dios haya destruido delante de ti las naciones adonde tú vas para poseerlas, y las heredes, y habites en su tierra, guárdate que no tropieces yendo en pos de ellas» (vv. 29-30). Y luego hace una lista de algunas de las abominaciones de las cuales eran culpables los habitantes de aquella tierra y que provocaron su destrucción de parte de Dios (vv. 30b, 31a). Y el peor de todos ellos, dice Dios, es que «aun a sus hijos y a sus hijas quemaban en el fuego a sus dioses» (v. 31b).

Los primeros libros históricos son los que contienen un mayor número de referencias al sacrificio de niños en el Antiguo Testamento, pero esa práctica se menciona asimismo en la mayoría de dichos libros desde Jueces hasta 2 Crónicas. Jueces 1.1-2.10 revela el fracaso de Israel en destruir a los cananeos, y los capítulos 2.11 al 3.8 la apostasía del pueblo y la decisión de Dios de no echar delante de ellos al resto de las naciones perversas como había prometido. Esto se debió a la continua desobediencia de Israel, quien, según dice el Señor, cayó en la idolatría y la inmoralidad especialmente en lo tocante al culto de la pareja de dioses formada por Baal y Astoret.

Como ya hemos descubierto, la conexión Baal-Astoret era la forma más vil de adoración pagana imaginable. Implicaba la prostitución religiosa, orgías y sacrificios de niños. El sacrificio infantil en Cartago estaba también dedicado a esa pareja de divinidades, conocidas allí como Baal-Hamón y Tanit. Tanit era Astoret.

En Jueces 3 al 21 sigue la batalla con el mundo espiritual, y por el relato de Gedeón que tenemos en los versículos 1 al 35 del capítulo 6 está claro que dichos capítulos reflejan el choque continuado de poder. Allí Gedeón, en el más puro estilo del choque de poder, destruye el altar de Baal y de su compañera Asera (vv. 25-27). El pueblo está tan furioso que decide matar a Gedeón (vv. 28-30), pero Joás, su padre, sale en defensa de éste y expresa: «Si [Baal] es un dios, contienda por sí mismo» (vv. 31-32). Una lectura divertida.

Un caso de sacrificio humano en Israel es el relacionado con la hija de Jefté (Jueces 11.1-40). No se trataba de ninguna niña, sino de una joven casadera, y el relato es una trágica historia de celo por Dios maldito por el sincretismo. El voto que hizo Jefté era totalmente contrario a la ley de Dios (vv.29-40), y la respuesta de las hijas de Israel al sacrificio del líder revelan la opinión negativa acerca de su acción tanto de parte del escritor como de la nación entera (vv. 37-40).

Los libros de 1 Reyes, 2 Reyes y 2 Crónicas contienen relatos terribles de sacrificios de niños entre los paganos, pero de un modo especial entre los judíos. Isaías, Jeremías, Ezequiel, Amós, Miqueas y otros, mencionan también esta práctica abominable.

En nuestros días estamos asistiendo a un terrible avivamiento de las mutilaciones y los sacrificios de niños. Más adelante daré un ejemplo importante, sacado de mi propio ministerio de liberación y orientación, referente a una misionera superviviente adulta del abuso ritual satánico y cuyo padre intentó ofrecerla en sacrificio a Satanás.

También estamos siendo testigos de una conspiración satánica organizada para refutar los relatos de sacrificios de niños en los Estados Unidos y otras partes del mundo occidental; un encubrimiento inspirado por el mismo diablo. Docenas de niños han testificado de cómo fueron torturados para conseguir se sometieran a perversos dirigentes satánicos y se les obligó a participar en el sacrificio de otros pequeños a Satanás.

Los adultos convertidos a Cristo del satanismo y las sectas satánicas han contado historias horribles sobre sacrificios de niños. También los principales programas informativos de televisión han hecho revelaciones espantosas acerca de dicha práctica. Ha habido supervivientes adultos los cuales han aparecido en algunas tertulias televisivas y contado los horrores de los sacrificios infantiles que ellos presenciaron o en los que se les obligó a participar siendo niños y jóvenes, e incluso adultos. Los libros de Wilder (1992) y Friesen (1991) documentan dichos horrores. Otras referencias al abuso infantil en la bibliografía que aparece al final del libro y en los capítulos que se ocupan de este tema explican dónde obtener más información.

El avivamiento del paganismo en América no hará sino aumentar a menos que se produzca un despertamiento cristiano a nivel nacional para solucionar los aspectos más difíciles de esta perversidad demoníaca. Mientras tanto, utilicemos cada arma que tengamos a nuestro alcance para ayudar a salvar a nuestros hijos de este mal extremo.

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  1. Rubén Arias
    24 enero 2008 en 7:06 PM

    Será que el dios dagon estará relacionado con sacrificios de niños?

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