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Enemistad entre las simientes: Gálatas 3.15

El séptimo efecto inmediato de la Caída es la revelación de una guerra espiritual continua. Esta revelación se basa en Génesis 3.15, quizá el versículo más importante del relato. Aunque sus palabras tenían implicaciones inmediatas para Adán y Eva, constituyen principalmente una profecía sobre la guerra espiritual continua entre la humanidad y la serpiente, y su mayor foco de atención es el conflicto entre las simientes de la mujer y del diablo. La guerra continuará hasta que la simiente de Eva aplaste por fin la cabeza de la serpiente. Mientras lo hace, esta última le herirá dolorosamente en el talón.

Mientras Dios interroga a Adán y Eva sobre la causa de su desobediencia (vv. 11-13), que ya conocía, se vuelve hacia la serpiente y no le pregunta nada en absoluto, sino que pronuncia juicio sobre ella por su terrible maldad (vv. 14, 15). En realidad, aunque se presenta a la serpiente como una criatura única con mente, emociones, voluntad y la capacidad de hablar (vv.1-5), no vemos que ésta se exprese de nuevo en el relato. Dios no le permite que hable, ni siquiera le pregunta, simplemente dicta sentencia contra ella.

Contrario a lo que sucede con Adán y Eva, a la serpiente no se le ofrece perdón, misericordia o redención. Según explica Calvino, «Él no interroga a la serpiente como había hecho con el hombre y la mujer porque en el mismo animal no hay ningún sentimiento de pecado y porque al diablo no está dispuesto a ofrecerle ninguna esperanza de perdón».

Ya hemos dejado claro que los receptores originales del libro de Génesis eran gente con una creencia firme en la existencia de seres espirituales malvados, invisibles y sobrenaturales que tenían tanto el deseo como la capacidad de influir en las acciones humanas para dirigirlas hacia el mal. Ellos sabrían de inmediato que la serpiente representaba a un ser así.

Todas las naciones que circundaban a Israel tenían una demonología muy desarrollada. La suposición de algunos eruditos de que los judíos no elaboraron una demonología o satanología hasta el período del exilio puede ser en parte cierta, pero ello no significa que no estuvieran claramente conscientes de la existencia de un diablo y de demonios.

Wenham afirma de manera correcta que «los judíos sabían bien que la serpiente, o era el símbolo de un espíritu caído al que más tarde llamarían Satanás (Job 1.6; 2.1; 1 Crónicas 21.1), o estaba controlada o poseída por dicho espíritu malo para producir la caída del hombre».

En su libro The Ellicott Bible Commentary [Comentario bíblico], R. Payne Smith dice acerca de las palabras que Dios dirige a la serpiente en el versículo 14a: «Por cuanto esto hiciste».

«La forma externa de la condena se ajusta a la asumida por el tentador; pero la verdadera fuerza y significado, especialmente en la parte última y más intensa de la frase, no se dirige al animal sino a Satanás mismo».

La maldición de la serpiente

Una parte de la maldición recae sólo sobre el animal (v. 14): «Maldita serás entre todas las bestias». Y luego: «Y entre todos los animales del campo» (v. 14). ¿Por qué se separa a las bestias? La palabra hebrea es behema, que significa simplemente «animales»; pero ya que en la segunda parte de la maldición se hace referencia explícita a los «animales del campo» (chayyath hassadheh), o sea a «las bestias salvajes», se supone que la anterior alude a los animales domésticos que sirven al hombre.

Luego, Dios expresa: «Sobre tu pecho andarás». Como ya hemos mencionado, muchos comentaristas ven en esta expresión la sugerencia de que, antes de ser utilizada por Satanás para engañar al hombre y hacer que se rebelara contra Dios, la serpiente tenía patas o extremidades y andaba erecta de alguna manera. R. Payne Smith rechaza esta opinión:

Pero tal transformación pertenece al terreno de la fábula[ … ] Su significado es que, a partir de entonces, el movimiento reptante de la serpiente sería algo ignominioso, y para Satanás una señal de vileza y desprecio. El diablo consiguió la victoria sobre nuestros cándidos primeros padres, y todavía entra y sale sinuosamente entre los hombres, dejando siempre degradación a su paso y hundiéndose, con sus víctimas, en abismos cada vez más profundos de vergüenza e infamia.

La aplicación mixta de Smith, primero al reptil y luego a Satanás, es característica de muchos de los comentaristas. Y con razón, ya que no es la serpiente el agente principal de la caída del hombre, sino Satanás. Leupold cita a San Juan Crisóstomo cuando dice que «Dios destruye al instrumento que produjo la caída de su criatura “del mismo modo que un padre amoroso, al castigar al asesino de su hijo, puede partir en dos la espada o la daga con la que el crimen se ha cometido”».

«Polvo comerás todos los días de tu vida» es un pensamiento paralelo al anterior. La dieta de la serpiente no cambió más que su forma de locomoción, pero ya que había intentado exaltarse por encima de las estrellas rebajando a Dios ante los ojos del hombre, es arrojada hasta el polvo. Las serpientes no se alimentan de polvo en realidad, sin embargo su condición de comer del polvo por el que repta es para toda la creación una señal de que Dios ha maldecido a la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás (Apocalipsis 12.9). Leupold dice que con estas palabras «el agente más alto que utilizó a la serpiente» es puesto ante nosotros como preparación para lo que sigue en el versículo 15.

Génesis 3.15

Todo lo que hemos considerado nos ha preparado para examinar uno de los pasajes mejor conocidos, pero polémico, de las Escrituras: Génesis 3.15. Entre los comentaristas se han dado dos extremos al escribir sobre este versículo: algunos ven en él una especie de mitología o alegoría, mientras que otros lo interpretan literalmente.

Los enfoques mitológico-alegóricos lo considerarían un relato no histórico escrito para explicar ciertos aspectos misteriosos de la realidad. En la literatura antigua a menudo se utilizaba un enfoque así para aclarar el conflicto del hombre con el reino animal, y en particular con las serpientes, el origen del mal natural, del antagonismo del hombre con sus semejantes, del conflicto permanente entre el bien y el mal, o de todo ello.

Aquellos que defienden la interpretación literal insisten en una serpiente u otro animal de antes de la Caída que posiblemente andaba erecto y tenía facultades mentales, emociones y voluntad, incluso el don del habla. Por esta razón, afirman, Eva no se sobresaltó ante el hecho de que la serpiente hablara. Ya la había visto antes, tal vez incluso había conversado con ella. Al mismo tiempo, explican, la historia se refiere principalmente a Satanás y cómo éste consigue seducir a Eva, quien a su vez tentaría a Adán.

Así que tenemos una interpretación de dos caras. Los que sostienen esta idea de dos niveles interpretativos, desarrollan ambos. Tal manera de ver las cosas era común en los críticos antiguos. La posición adoptada por todos los comentaristas y eruditos del Antiguo Testamento que se han utilizado en este libro rechazan la idea mitológica-alegórica y sostienen una interpretación en dos niveles más moderada. La que también es mi posición.

Por lo tanto, se trata de un relato histórico. Todo sucedió tal y como se narra en el Génesis. La sugerencia de rebelarse contra el señorío de Dios le vino al hombre de afuera y por medio del personaje a quien aquí se llama «la serpiente», pero que más adelante en el Antiguo Testamento será conocido como Satanás (1 Crónicas 21.1; Job 1.6-12; 2.1-7; Salmo 109.6 [quizás]; Zacarías 3.1-3).

También constituye un relato gráfico. Aquella serpiente astuta y con capacidad de hablar es una representación de esa otra llamada más tarde «la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás» (Apocalipsis 12.9). Si se trata o no de una serpiente literal no es importante para el relato. No obstante, la mayoría de los críticos conservadores creen que era un animal verdadero controlado por Satanás.

El hombre creado a la imagen de Dios tenía su Palabra para guiarle cuando se enfrentaba a la tentación, por tanto poseía un discernimiento del mal intuitivo pero no experimental. Además, tenía una voluntad completamente libre. Aun el calvinista más estricto aceptaría este hecho respecto del hombre antes de la Caída. Contaba con todas las aptitudes para «resistir al diablo» y obedecer a Dios.

Cuatro propósitos del relato de la Caída

El escritor de Génesis nos cuenta la historia al menos por cuatro razones:

1. Mostrar que la incitación a rebelarse contra Dios le vino al hombre del exterior.

2. Enseñar que el hombre es responsable ante Dios de su desobediencia.

3. Advertirnos de que entre la humanidad y Satanás existirá una batalla espiritual continua.

4. Animarnos con la verdad de que Dios proveerá redención completa mediante la «simiente» de la mujer.

La única forma en que el hombre podía caer, era si un mal externo y personal ya existente introducía en su mente dudas acerca de Dios y de su Palabra mediante el engaño. La situación del hombre en el paraíso de Dios era demasiado perfecta para que su naturaleza inocente, pero no probada, produjese tal incredulidad. El proceso debía iniciarse desde fuera del ser humano.

Algunos señalan al autoengaño de Lucifer como argumento en contra de esta suposición. De alguna forma el mal tuvo que surgir dentro de la naturaleza inocente de Lucifer, de otro modo no hubiera caído. Los hay que tienen una posición distinta en cuanto a esta decisión de Lucifer de escoger el mal. Para comprobar el libre albedrío de Lucifer, Dios mismo habría sembrado la idea de la maldad en su mente. De esta forma Lucifer podía escoger entre aceptar el mal o rechazarlo.

Esta última idea, sin embargo, es imposible. Dios no puede hacer aquello que va en contra de su naturaleza. No puede pecar ni tentar a sus criaturas al pecado y seguir siendo Dios. Por eso escribe Santiago: «Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni Él tienta a nadie» (Santiago 1.13).

Por lo tanto Dios no pudo sembrar el mal en el corazón ni en la mente de Lucifer. Debió tratarse de una capacidad que éste poseía desde su creación, y tal vez que también posean los ángeles, aunque esto es menos probable, pues resulta obvio que Lucifer intentó engañar a todos los ángeles de Dios pero sólo tuvo éxito con un número limitado de ellos. Esta naturaleza generadora de maldad sobrenatural no existía por lo tanto en el hombre, aquella criatura hecha «a imagen y semejanza de Dios», como es evidente sucedía en el caso de Lucifer.

Después de hablar del juicio de Dios sobre la serpiente, Calvino dice acerca de Génesis 3.15a que:

[ … ] ahora debemos pasar de la serpiente al autor mismo del daño[ … ] Dios no ha dado rienda suelta de este modo a su ira contra lo que fuera el instrumento externo para luego compadecerse del diablo, verdadero culpable de todo[ … ]

Por lo tanto, mi conclusión es que aquí Dios ataca principalmente a Satanás bajo el nombre de la serpiente, y lanza contra él el rayo de su juicio. Y lo hace por dos razones: primera, para que los hombres aprendan a considerar a Satanás como un enemigo tremendamente mortal; y segunda, para que puedan contender con él confiados en la seguridad de la victoria.

La controversia sobre el significado de estas profundas palabras de Génesis 3.15 ha durado siglos. No obstante, entre la mayoría de los eruditos conservadores del Antiguo Testamento existe ahora una unanimidad general de posición con desacuerdos sólo en lo referente a los detalles de esta profecía de guerra espiritual. Las áreas de mayor preocupación tienen que ver, sin embargo, con el significado de estas palabras dirigidas a Adán y Eva y a los creyentes a lo largo de los siglos.

Empezamos por señalar algunos de los perspicaces comentarios de Matthew Henry sobre este pasaje. Se ocupa primero de la serpiente como incitadora al pecado. «Aquí -observa – se sujeta a la serpiente al reproche y la enemistad del hombre. Será considerada siempre como una vil y despreciable criatura, y como un objeto idóneo de burla y de desdén».

En seguida, señala que la sentencia de Dios contra la serpiente:

[ … ] se ve reforzada por esa promesa de Dios a su pueblo que dice «Sobre el león y el áspid pisarás» (Salmo 91.13), y aquella otra de Cristo a sus discípulos: «Tomarán en las manos serpientes» (Marcos 16.18), de la que da testimonio Pablo, quien no sufrió daño alguno de la víbora que se le había prendido en la mano.

Observe que la serpiente y la mujer acababan de mantener una conversación muy íntima y amistosa acerca del fruto prohibido y entre ellas existía un maravilloso acuerdo; sin embargo, ahora, aparecen irreconciliablemente reñidas.

Entonces, Henry pasa de la serpiente a Satanás, y dice:

«Esta sentencia puede considerarse dirigida al diablo, quien sólo había utilizado a la serpiente como vehículo en su aparición, siendo él mismo el agente principal».

Luego comenta: «Aquí se inicia una pelea continua entre el reino de Dios y el del diablo[ … ] se declara la guerra entre la simiente de la mujer y aquella de la serpiente».

Para el hombre la cuestión es a quién debe servir: ¿A Dios o al enemigo, Satanás? «Ninguno puede servir a dos señores», declaró Jesús (Mateo 6.24). Sin embargo muchos tratan de hacerlo. Si no «recogemos» con Él, «desparramamos». Cuando no estamos «con Él», estamos «contra Él». Si no le servimos, es que servimos al diablo. Y si no somos hijos de Dios, somos hijos de Satanás.

Henry dice que «aquí se hace una misericordiosa promesa acerca de Cristo como el que libera al hombre caído del poder de Satanás». Y luego destaca algo interesante pocas veces observado por los comentaristas:

Aunque aquellas palabras iban dirigidas a la serpiente, fueron pronunciadas delante de nuestros primeros padres, quienes, sin duda, captaron los atisbos de gracia que en ellas se les daban y vieron abrirse ante sí una puerta de esperanza; de otro modo la siguiente sentencia contra ellos les habría abrumado. Se trataba del amanecer del día del evangelio. Tan pronto como se hizo la herida, se proporcionó y se reveló el remedio para ella.

Génesis 3.15: Tres profecías acerca de Cristo

Henry entonces menciona tres cosas referentes a Cristo que a su modo de ver se desprenden de Génesis 3.15:

(1) Su encarnación: Él habría de ser la simiente de la mujer, la simiente de aquella mujer; por lo tanto su genealogía (Lucas 2) va tan atrás como para presentarlo como hijo de Adán. Sin embargo, Dios le hace a la mujer el honor de que se le llame más bien simiente suya, ya que fue a ella a quien el diablo había engañado y a quien Adán había echado la culpa[ … ]

Esta es una declaración importante. En la relación bíblica y antigua del linaje, por lo general se menciona la descendencia del varón (cf. 5.1s). Sin embargo, en este caso Dios omite a Adán y habla de la simiente de la mujer: Eva. También resulta asombroso que el resto de la narración de Génesis destaque más la exuberante fe de Eva que la de Adán (Génesis 4.1s).

Fue a Eva a quien la serpiente engañó, quien a su vez convenció a Adán para que la siguiera en su pecado. Como resultado de ello, Eva fue también la primera de los dos en ser juzgada por el Señor.

Después de la Caída, tal vez Eva tuvo el arrepentimiento más profundo y se convirtió en una mujer de fe, al creer que la simiente prometida nacería durante su vida y aplastaría la cabeza del maligno, del gran engañador. Es su simiente, no la de Adán, la que Dios dijo que finalmente desharía lo que ella había provocado. ¡Qué interesante resulta que sea la simiente de Eva la que nos saque del primer Adán y nos introduzca en el segundo (1 Corintios 15.45-49)! Matthew Henry comenta: «Del mismo modo, Él [Cristo] habría de ser la simiente sólo de una mujer, de una virgen, para no estar contaminado con la corrupción de nuestra naturaleza; Él fue enviado, nacido de mujer (Gálatas 4.4), para que esta promesa se cumpliese».

La pregunta de si los receptores del libro, aunque fueran hombres y mujeres de gran fe, comprendían el nacimiento virginal del Redentor prometido al leer Génesis 3.15, resulta imposible de contestar. Lo que importa es que tuvieron fe y que esa fe, como la de Abraham, les fue contada por justicia (Romanos 9.11).

Matthew Henry continúa:

(2) Sus sufrimientos y su muerte, indicados en el hecho de que sería herido en su calcañar, es decir, en su naturaleza humana, por Satanás[ … ] Fue el diablo quien puso en el corazón de Judas que traicionara a Cristo; en el de Pedro que lo negase; en el de los sacerdotes que lo juzgaran; en el de los falsos testigos que lo acusaran; y en el de Pilato que lo condenara, tratando con todo ello de estropear la salvación por medio de la muerte del Salvador; sin embargo, por el contrario, fue mediante ella como Cristo destruyó a aquel que tenía el poder de la muerte (Hebreos 2.14).

El calcañar de Cristo fue herido cuando perforaron y clavaron sus pies en la cruz, y sus sufrimientos continúan en aquellos que experimentan los santos por causa de su nombre. El diablo los tienta, los echa en la cárcel, los persigue y los mata, y de esta forma hiere el calcañar de Cristo el cual es afligido en las aflicciones de ellos. Pero aunque en la tierra se hiera su calcañar, su cabeza se encuentra a salvo en el cielo.

¡Qué palabras tan estimulantes! Uno no puede menos que apreciar el tratamiento devocional, y al mismo tiempo bíblico, de Génesis 3.15 que hace Matthew Henry. Luego sigue con excelentes comentarios acerca de cómo la simiente de la mujer aplasta la cabeza de la serpiente.

(3) Su victoria sobre Satanás por esa razó[ … ] Él le aplastará la cabeza. Es decir [la simiente de la mujer] destruirá toda su política y todos sus poderes, y dará un vuelco completo a su reino y sus intereses. Cristo frustró las tentaciones de Satanás, rescató las almas de sus manos, lo expulsó de los cuerpos de las personas, desposeyó al hombre fuerte armado y repartió su botín; con su muerte asestó un golpe fatal e incurable al reino del diablo, produjo una herida en la cabeza de esta bestia que jamás podrá sanar. Cuando su evangelio gana terreno, Satanás cae (Lucas 10.18) y es atado (Apocalipsis 20.2). Por su gracia aplasta al diablo bajo los pies de su pueblo (Romanos 16.20) y pronto le echará en el lago de fuego (Apocalipsis 20.10). El derrocamiento perpetuo de Satanás será el gozo y la gloria completos y eternos del remanente escogido.

Por lo general, la visión panorámica de Génesis 3.15 que da Matthew Henry representa la posición de la mayoría de los eruditos y comentaristas conservadores del Antiguo Testamento. Menciona el significado de estas palabras tanto para Adán y Eva como para las generaciones futuras, y también da a entender que su sentido pleno no puede comprenderse realmente salvo a la luz del Nuevo Testamento. Luego termina aplicando las mismas a las necesidades de los creyentes de todos los tiempos.

A continuación escudriñaremos el significado mesiánico de Génesis 3.15.

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