Inicio > Sin categoría > Enfrentamientos con los demonios en la iglesia apostólica

Enfrentamientos con los demonios en la iglesia apostólica

39

Fundamentos y lecciones de un fracaso

Marcos 9

Los Evangelios y el resto del Nuevo Testamento: una comprensión adecuada de lo sobrenatural maligno en cada uno de ellos

Tenemos cuatro grupos principales de documentos que narran la experiencia de los discípulos de Jesús con el mundo de lo sobrenatural perverso: los evangelios, los Hechos de los Apóstoles, las epístolas y el libro del Apocalipsis. En los cuatro ocupan un lugar importante Satanás y las potestades demoníacas. Según los evangelios, los discípulos comienzan su ministerio de liberación observando a Jesús tratar con el mundo espiritual. Pronto ellos mismos encontrarán resistencia demoníaca a su invasión del reino del diablo en el nombre de su Señor y en el poder del reino de Dios. El suyo es un ministerio del Reino y el resultado un choque de poder entre el reino de Dios y el de Satanás.

Después de los Evangelios: ¿Se reducen los combates con lo demoníaco?

Sin embargo, al considerar a los discípulos y el mundo espiritual tal y como se registra en los Hechos, las epístolas y el Apocalipsis, a primera vista parecen haber disminuido los choques de los seguidores de Jesús con el mal sobrenatural respecto a los evangelios. Este aparente cambio abrupto se utiliza a menudo para cuestionar el avivamiento del ministerio a los endemoniados que la iglesia está experimentando en nuestros días a nivel mundial.

 

Figura 39.1
Referencias directas al mundo espiritual en el Nuevo Testamento

Mateo

4.1-11

6.13

7.22

8.16, 28-34

9.32-35

10.1, 25

11.18

12.22-30, 43-45

13.19, 24, 28, 37, 39

15.21-28

16.18-23

17.14-21

Marcos

1.12, 13, 21-28,

32-34, 39

3.11-15, 22-30

4.15

5.1-20

6.7, 13

7.24-30

8.33

9.14-29, 38-40

16.9, 17

Lucas

4.1-13, 33-37, 41

6.18

7.21, 33

8.2, 12, 26-39

9.1, 37-43, 49, 50

10.1-20

11.14-26

13.10-17, 32

22.3, 31-32, 53

Juan

6.70

7.20

8.44, 48-52

10.20, 21

12.31

13.2, 27

14.30, 16.11

17.15

Hechos

5.3, 16

8.7, 9-11, 18-24

10.38

13.6-12

16.16-19

19.12-20

26.18

Romanos

8.15, 38, 39

16.20

1 Corintios

2.6-8

5.5-7

7.5

10.7-21

2 Corintios

2.4-11

4.4

6.14-17

11.3, 4, 12-15

12.7-10

Galatas

1.6-8

4.8-9

5.19-2

Efesios

1.21

2.2

3.10

4.26, 27

6.10-20

Colosenses

1.13-17

2.6-15, 20

1 Tesalonicenses

2.18

3.5

2 Tesalonicenses

2.1-12

3.3

1 Timoteo

1.20

2.14

3.6-7

4.1-3

5.9-15

2 Timoteo

1.7

2.14-26

3.1-17

Hebreos

2.14-18

Santiago

2.19

3.13-18

4.1-8a

1 Pedro

3.22

5.8-11

2 Pedro

2.1-22

1 Juan

2.12-14, 18-23

3.7-12

4.1-6

5.18-21

2 Juan

1-13

Judas

1.6-9

Apocalipsis

2.9, 10, 13, 24

3.9

9.1-21

11.7

12.1-17

13.1-18

14.9-11

15.2

16.2, 13-16

17.1-18

18.1-24

19.2, 20

20.1-10

21.8

22.15

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La principal diferencia está en que mientras Jesús confronta a los demonios continuamente, sus discípulos parecen prestarles poca atención, tanto en sus mentes como en sus ministerios, después de la resurrección y la ascensión del Señor. Se pretende que Satanás ocupa cierto lugar, pero no los demonios; de manera que los discípulos no dan importancia al ministerio directo a los demonizados. Y se nos dice que tampoco nosotros deberíamos hacerlo en la actualidad. Cierto líder cristiano escribía: «No quiero tener nada que ver con ese ministerio. La obra redentora de Cristo derrotó al mundo de los espíritus de una vez por todas; de modo que no hay lugar para ellos en mi ministerio».

Por último, parece evidente que el énfasis en el mundo espiritual, en general, y en los demonios, en particular, es tan diferente en Hechos, las epístolas y el Apocalipsis, que da la impresión de que los discípulos estuvieran ministrando en un mundo diferente después de Pentecostés.

Hay cierta verdad (aunque mezclada con errores obvios) en la distinción que se hace entre el lugar de lo sobrenatural maligno en los evangelios (sinópticos) y en el resto del Nuevo Testamento. Esto es en realidad lo que cabría esperar por dos razones: Primera, que la venida de Cristo había constituido una invasión al reino de Satanás por el de Dios en la persona de su Rey. Vino como un hombre (el Dios-hombre), pero en realidad era el Rey del cielo y el enemigo lo sabía.

Como ya hemos visto, en los relatos evangélicos tanto Satanás como los demonios declararon abierta y constantemente que Jesús era el Cristo, el Santo de Dios e incluso el Hijo del Altísimo. Esta invasión inicial puso en guardia al enemigo, como sucede siempre que va a producirse un ataque, provocando quizá la oposición más clara e intensa del diablo y los demonios al reino de Dios en toda la historia. Esto, por sí solo, explicaría por qué una parte tan grande del ministerio de Jesús tuvo que ver con la confrontación personal directa con el mundo espiritual y en particular con los agentes malignos de Satanás: los demonios.

En segundo lugar, en su evento redentor Jesús derrotó por completo y de una vez por todas al reino sobrenatural perverso. Aunque no esté ni aniquilado ni atado, el mundo espiritual ya ha sufrido la derrota. Los primeros discípulos sabían que aún se hallaban involucrados en una terrible guerra, pero también se trataba de una guerra con un enemigo vencido. Eso cambia todo en cuanto a cómo uno ve y confronta al adversario. Esta diferencia, de por sí, sería la responsable de todas las variaciones entre la guerra espiritual en los evangelios y en el resto del Nuevo Testamento.

La prominencia del campo sobrenatural maligno

en el resto del Nuevo Testamento

Sin embargo, debemos corregir ese error tan corriente de que el mundo espiritual no se destaca tanto en los documentos posteriores del Nuevo Testamento como en los Evangelios. Nada podría estar más lejos de la verdad. El mero volumen de referencias al mundo sobrenatural maligno en el resto del Nuevo Testamento es impresionante. Hay en realidad más versículos que se refieren al mundo de los espíritus en los Hechos, las epístolas y el Apocalipsis que en los cuatro Evangelios combinados (véase la Figura 39.1).

Existen, por otro lado, más referencias al mundo espiritual en en esta parte que a las doctrinas consideradas a menudo como las principales de la Escritura. Los Evangelios representan sólo un poco más del cuarenta por ciento del contenido del Nuevo Testamento y parece a primera vista que la mayor cantidad de referencias al mundo espiritual se encuentra en ellos.

Uso la palabra «parece», ya que en este caso lo que aparenta ser cierto no lo es. Hay cerca de ciento cincuenta referencias al mundo espiritual en los evangelios, mientras que en el resto del Nuevo Testamento existen ciento setenta y ocho. Los evangelios forman la base de los Hechos, las epístolas y el Apocalipsis, y estos últimos pocas veces repiten extensamente lo que se dice en los primeros. El resto de los escritos neotestamentarios dan por sentada esa enseñanza fundamental.

Además, la mayor parte de los ejemplos de guerra con el mundo espiritual en cualquiera de los evangelios sinópticos son historias idénticas que se repiten en los otros dos. Incluso la acusación que se hace a Jesús en el Evangelio de Juan de estar endemoniado representa evidentemente una repetición de la misma imputación presentada en su contra por los líderes judíos que encontramos en los sinópticos.

El contar con esos pasajes paralelos reduce quizás a la mitad o menos el número de relatos de conflicto con el mundo espiritual que hay en los Evangelios. En ese sentido existe un verdadero equilibrio entre las enseñanzas registradas en los relatos evangélicos y el resto de los libros del Nuevo Testamento acerca del mundo espiritual. En realidad hay más referencias separadas al mundo de los espíritus en el resto de los escritos neotestamentarios que en los Evangelios. No existe duda alguna de que los evangelistas veían dicho mundo como el contexto mismo en el cual vivían y ministraban tanto ellos como Jesús. Y lo mismo le sucedía a los escritores posteriores del Nuevo Testamento.

Se suele afirmar que en el resto del Nuevo Testamento hay más referencias al diablo que a los espíritus malos. ¿Es correcta tal observación? Como veremos, no lo es. En Hechos hay cuatro referencias a Satanás y ocho a los espíritus malos. El cuadro de Apocalipsis supone una mezcla de ambas. En los capítulos 2 y 3 el diablo y su estrecha relación con las iglesias de Asia y el territorio en que éstas operan resulta prominente. Nada se dice de los demonios. En el resto del libro, sin embargo, la imagen cambia continuamente y descubrimos que, en su conjunto, la atención de Apocalipsis se centra por igual en los espíritus malos y en Satanás.

¿Y qué decir de esa suposición de que Satanás sedestaca mucho más en las epístolas que los demonios? Para mi asombro, cuando las leí de principio a fin buscando cada referencia al uno y a los otros por nombre obtuve un cuadro totalmente distinto: hay en realidad unas pocas referencias más a los últimos que al diablo, unas cuarenta y una contra treinta y cuatro (véase la Figura 39.2).

No estoy diciendo que la importancia de un tema en la Escritura sea directamente proporcional al número de veces que se menciona. Esa sería una suposición errónea. Aquellos que critican el énfasis actual en el mundo de los espíritus, siguen sin embargo esa línea engañosa de razonamiento.

Aunque la actividad demoníaca parece predominar en los Evangelios, también se destaca la de Satanás. Por cada dos referencias a los demonios en relación a Cristo o sus discípulos hay por lo menos una al diablo.

Existen por lo general unas pocas referencias más a los demonios y a personas, entidades o movimientos endemoniados en las epístolas que a Satanás. Esto es algo que a menudo se pasa por alto. De modo que la suposición de que mientras los demonios ocupan un lugar prominente en los Evangelios y Satanás en las epístolas demuestra ser falsa si nos atenemos al número de referencias.

referencias de satanas y espiritus malos

El libro del Nuevo Testamento en el que más se destaca la actividad demoníaca no es ninguno de los Evangelios, sino el Apocalipsis. En él se menciona a Satanás y a sus espíritus malos unas ochenta y seis veces más que en el evangelio de Mateo, el cual es casi el doble de largo.

Es cierto que el libro de Hechos, las epístolas y el Apocalipsis no destacan el ministerio de liberación de los apóstoles y los cristianos en general. En los evangelios esa dimensión de ministerio de guerra espiritual resulta prominente en la vida de Jesús y, en cierta medida, también en la de sus discípulos. Vamos a examinar ahora dicho ministerio.

El ministerio de liberación de los discípulos en los Evangelios

En los Evangelios hay varias referencias al ministerio de los discípulos en el campo de la liberación. La primera de todas es la encomienda a los doce de un ministerio de echar fuera demonios. Aparece en Mateo, Marcos y Lucas. En Marcos se comisiona a los apóstoles «a predicar, y para que tuviesen autoridad para echar fuera demonios» (Marcos 3.14, 15). En Mateo éstos deben expulsar demonios, predicar el reino de los cielos, sanar enfermos y resucitar muertos (Mateo 10.7-8). Lucas no menciona la resurrección de muertos (Lucas 10.1-2).

El rasgo principal de la encomienda apostólica al ministerio es sin embargo el de echar fuera demonios, no el de sanar o predicar. Este hecho no sería tan importante si no fuera por la centralidad del choque con los demonios en el ministerio de Jesús. Ya que el de los apóstoles es una extensión del de nuestro Señor, las dos cosas se hacen compatibles. Ello también revela la comprensión que tenían los escritores sinópticos de la importancia de tales choques de poder para el plan redentor de Dios.

Aquí vienen al caso los comentarios de Guelich sobre Marcos 6.7 y 13.

La tarea de expulsar espíritus inmundos es la única mencionada al principio. Luego vuelve a aparecer en un breve resumen en el 6.13, lo cual indica la importancia que Marcos daba a esta parte de la misión. También muestra cuán identificada estaba la misión de los doce con el propio ministerio de Jesús, ya que el evangelista presenta el ministerio público del Señor con un exorcismo (1.21-27) y añade esta práctica a varios resúmenes anteriores (1.39; 3.11; cf. 3.22-29).

Larry Hurtado dice que «la derrota de los malos espíritus era para Marcos el hecho distintivo de la autoridad de Jesús y de la naturaleza del reino de Dios». Por lo tanto, el otorgarles esa autoridad a sus discípulos era la señal, o una de las señales, de la unión que éstos tenían con Él en su ministerio. ¿Es esto menos cierto hoy en día?

Todo el relato de la encomienda apostólica a su ministerio por parte de Jesús se centra en su choque con el reino demoníaco. Marcos dice: «Después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos» (Marcos 6.7). A continuación de esto viene un informe del ministerio que realizaron y en contraste con la comisión singular recibida de ejercer «autoridad sobre los espíritus inmundos», la labor apostólica relatada por Marcos es cuádruple. Los apóstoles predicaron, echaron fuera muchos demonios, sanaron a los enfermos (vv. 12, 13) y «enseñaron» (v. 30). Sin embargo, el foco de atención es todavía el ministerio de liberación.

Hay un segundo pasaje que tal vez se refiera indirectamente al ministerio apostólico de liberación. Se encuentra en Marcos 9.38-40 y Lucas 9.49-50, donde los apóstoles hallan a un hombre que estaba echando fuera demonios en el nombre de Jesús y se lo prohíben porque, según sus propias palabras, «no nos sigue» (v. 38c). La implicación es que aquel hombre debería haberse unido a ellos en su ministerio y de esta manera habría sido aceptado como compañero de tarea. Jesús los reprende entonces por su orgullo de grupo (vv.39, 40).

Vemos, por tanto, que el ministerio de liberación era parte esencial de la encomienda apostólica a la misión. Esto lo entenderemos mejor cuando examinemos el único relato que se hace de su incapacidad para llevar a cabo la liberación necesaria.

Fracaso en la liberación: lecciones aprendidas

Técnicamente, la iglesia no comenzó hasta Pentecostés. Sin embargo, puesto que empezó con los apóstoles, considero que el ministerio de liberación de éstos antes de esa fecha fue el inicio del de la iglesia apostólica. Para comprender su alcance valdría la pena examinar su principal fracaso registrado en liberar a una persona endemoniada. Se trata del caso del chico que relatan Mateo 17, Marcos 9 y Lucas 9.

Según las propias palabras de Jesús, y como pronto veremos (Mateo 17.21), los apóstoles se enfrentaban a un caso grave de demonización. Además, quisiera destacar dos cosas acerca del ministerio de liberación apostólico del que se trata en este relato. (Utilizaremos la narración de Marcos 9 principalmente.) La primera es que la liberación formaba parte del desarrollo normal de su ministerio, aunque se mencione pocas veces en los Evangelios. Tanto el intranquilo padre como los alicaídos apóstoles esperaban la liberación eficaz del endemoniado como una parte normal del ministerio de estos últimos. La segunda es que, tan normal era en su ministerio la liberación, que todos , incluso los apóstoles mismos, estaban perplejos de que en este caso el demonio no respondiera a su autoridad.

Comenzamos la historia con la gloria de Jesús en la cumbre del monte de la transfiguración (Marcos 9.1-13) y enseguida vemos la vergüenza de los discípulos al pie de dicho monte (vv. 14-18).

A continuación tenemos la conexión directa entre el ministerio de liberación del Señor y aquel de sus discípulos vista por alguien ajeno al grupo. Esto queda claro por el uso de los pronombres «ti» (Jesús) y «ellos» (sus discípulos) en los versículos 17 y 18. Se considera que aquel padre, al traer a su hijo endemoniado a los discípulos, como sus palabras implican, lo estaba trayendo a Jesús. Ellos eran los «hombres de Jesús».

Un niño gravemente endemoniado

Los versículo 17 y 18 proporcionan también una gráfica descripción de la demonización grave que atormentaba al niño. El padre explica que su hijo «tiene un espíritu». «Tiene» es el término griego écho, el más corriente con ese significado en el Nuevo Testamento. Por desgracia, algunas versiones, en vez de traducir este verbo, se dedican a la especulación teológica y lo vierten como «poseer». Si lo que el evangelista tenía en mente era la posesión, hubiera utilizado una palabra griega muy distinta: ktáomai, katécho o hypárcho, por ejemplo, pero no écho. La Reina-Valera de 1960 traduce correctamente dicho verbo por «tiene un espíritu». Un espíritu que le hacía mudo. Aquí se trata de un impedimento biológico específico causado por la actividad demoníaca, como todavía sucede hoy en día, no de un defecto físico.

En cierta ocasión, me encontraba ministrando a un joven que siempre estaba enfermo. Habíamos identificado y echado fuera a muchos demonios, cuando nos topamos con uno que se hacía llamar Fiebre.

«¿Cuál es tu propósito en su vida?», le pregunté.

«Enfermarlo», contestó el espíritu.

Cuando Fiebre salió, el hombre dejó de estar mal. No en el sentido de que nunca más contrajese ninguna enfermedad, todos lo hacemos, sino en el de que la continua indisposición que le había atormentado hasta entonces desapareció de inmediato.

El demonio de Marcos 9 era también un espíritu de ataques de tipo epiléptico, que causaba continuas convulsiones al niño. Lo tiraba al suelo y le hacía echar espuma y rechinar los dientes (v.18), síntomas corrientes todos ellos de epilepsia o de otros trastornos biológicos parecidos.

Sin embargo, en aquel caso no se trataba de una epilepsia biológica. Al niño no le pasaba nada en el cerebro ni en los nervios. Se trataba de una afección demoníaca. Resulta interesante observar que cuando aquel vil espíritu salió, todavía causó al niño un último ataque de tipo epiléptico (v. 26). Sin embargo, el chico no sufrió debido a aquel éxodo violento del demonio (v. 27).

Los otros evangelistas añaden más aspectos del abuso físico-mental que el niño sufría de parte de aquella repugnante criatura demoníaca. Mateo dice que el pequeño era «lunático» y que «padecía muchísimo» (Mateo 17.15). La palabra lunático, en el griego, es seleniázo, literalmente «herido por la luna». En el Nuevo Testamento se traduce tanto por «epiléptico» como por «lunático». Según Vine, «se suponía que la luna influía en la epilepsia».

Seleniázo sólo lo utiliza Mateo (4.24; 17.15). En 4.24 se emplea dicho término para designar la epilepsia biológica en contraposición directa a la demonización que se menciona en el mismo versículo. El mundo del Nuevo Testamento conocía la diferencia que hay entre ambas dolencias y nosotros haríamos bien en seguir su ejemplo.

Lucas añade que era el «único hijo» de aquel angustiado padre (Lucas 9.38) y que el espíritu «estropeándole, a duras penas se [apartaba] de él» (v. 39). El demonio le hacía «de repente [dar] voces» (un espíritu mudo puede gritar, Marcos 9.17, 25, 26).

¡Qué terrible grupo de palabras y expresiones para describir los intentos de aquel espíritu por destruir al chico!

En este pasaje se utilizan tres de los nombres más corrientes para designar a los espíritus malos: «espíritu» (Marcos 9.17, 20), «espíritu inmundo» (Marcos 9.25; Lucas 9.42) y «demonio» (Marcos 7.18; Lucas 9.42). Además, Jesús se dirige a él llamándolo «espíritu mudo y sordo» (Marcos 9.25).

El hecho de que el demonio le hiciera mudo y sordo destaca todavía más lo horrible que era la dolencia del niñito. Por otra parte, aquel espíritu había morado en él desde la cuna. La palabra griega que en el versículo 21 se traduce por «niño» es paidíon, que se utiliza tanto para los recién nacidos como para los más mayorcitos. Con toda probabilidad se hallaba endemoniado desde que era bebé, lo cual también nos ayuda a comprender la angustia que aquello suponía para el padre.

Además, este hecho aumenta nuestro desprecio y nuestro odio santo hacia los demonios y su reino brutal y repugnante. Es esta, de nuevo, la razón por la que tanto yo como muchos de mis colegas estamos dispuestos a soportar los ataques y las heridas, causadas por las críticas de muchos hermanos, que siempre acompañan a este ministerio crucial a los endemoniados. No es un precio demasiado alto para ayudar a los pequeños de Dios o a los brutalizados adultos a ser libres de la angustia que produce una demonización grave.

Esta historia y la que aparece en Marcos 5 representan los casos más graves de demonización relatados en la Escritura. En el evangelio de Mateo, el padre dice: «[Mi hijo] muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua» (17.15). En Marcos, expresa: «Y [el demonio] muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle» (9.22). No se trataba de ningún intento de suicidio, sino de un asesinato frustrado. Y en Lucas, el aturdido padre explica que el espíritu «a duras penas se [apartaba] de él» (9.39). ¡Qué infierno para aquel pequeño y para su progenitor!

En el ministerio de consejo previo a la liberación que Jesús tuvo en privado con el padre del niño, el Señor recabó información de aquel hombre, y luego liberó públicamente a su hijo (Marcos 9.25-27). Después viene la indagación de los apóstoles en cuanto a la razón de su fracaso en liberar al chico (vv. 28, 29).

Razones del fracaso

Mencionaré sólo algunas de las razones por las que los discípulos fracasaron.

En primer lugar, no actuaron con el espíritu debido (utilizo el término espíritu en un sentido no técnico) para lo que quizá sea el caso más grave de demonización registrado en los Evangelios. El horror absoluto de lo que los demonios estaban haciendo al niñito, tal vez desde su nacimiento, excede a cualquier cosa semejante narrada en las Escrituras.

¿Y por qué digo que no estaban en el «espíritu» debido? El versículo 14 nos explica que discutían con los escribas; y ese no es el mejor contexto para acometer una tarea de liberación de envergadura. Jamás olvidaré el único fracaso serio (hasta ahora) que he tenido en mi ministerio de liberación. Me encontraba bajo la constante crítica de un grupo de teólogos y sicólogos cristianos por diagnosticar demonización en casos de creyentes gravemente perturbados, por lo que invité a algunos de ellos a participar en una sesión de consejo y liberación a fin de que juzgaran por sí mismos mi labor. Jamás repetiré aquella equivocación.

Mi equipo y yo estábamos ministrando a una mujer gravemente endemoniada de la que ya habíamos visto salir varios grupos de demonios, a pesar de lo cual sabíamos que aún tenía más. Puesto que se trataba de una mujer fácil de liberar, pensé que los críticos podrían aprender algo (y yo también de ellos) si participaban en la siguiente sesión de consejo.

No obstante sólo se presentó un sicólogo, amigo mío pero muy crítico en cuanto a esta dimensión de mi ministerio. Decidí permitir una manifestación controlada de los demonios para que él la viera. En el caso de aquella mujer, todos los demonios expulsados habían sido del tipo que quieren hacerse notar; siempre vocingleros e intimidantes, si no los ataba para que guardasen silencio.

Estábamos a punto de comenzar una sesión de oración cuando mi amigo descubrió a una atractiva joven del equipo y tomándola de la mano con firmeza, expresó: «Qué privilegio dar la mano a una joven tan guapa. Esto no me sucede a menudo». La mujer se sintió mal pero no supo qué responder. Me quedé estupefacto.

Aunque todos estábamos turbados por aquella actitud frívola y carnal del sicólogo, intentamos llevar adelante la sesión.

Empecé a orar con los ojos abiertos y pronto vi como los demonios aparecían en la mujer. Su presencia maligna podía observarse en su rostro, en particular en sus ojos. El sicólogo, si es que estaba mirando, tal vez no vio nada. Sabía que los demonios estaban allí y también los miembros de mi equipo y la víctima. El demonio jefe sólo habló una vez y lo hizo directamente a mí y en voz baja. Los componentes del grupo también pudieron escuchar lo que dijo, pero ya que el sicólogo se encontraba a mis espaldas, no se si oiría o vería algo que no fuera la hermosa joven del equipo.

Lo único que expresó el demonio, fue: «Estáis tratando de destruirnos». Y el silencio que reinó durante las dos horas siguientes significaba: «No vamos a cooperar con vosotros. No tenemos por qué hacerlo. La carne de alguien aquí nos da pie para detener lo que intentáis hacer». Cualquiera que lleve años ejerciendo un ministerio de liberación sabe lo que una persona con espíritu carnal, sensual, crítico y falto de compasión puede estorbar en un caso de liberación de demonios profundamente arraigados.

Aquel era en realidad el tipo de situación a que se enfrentaban los discípulos con el niño endemoniado, aunque en su caso el problema lo constituyeran ellos mismos. Si el espíritu de los involucrados en la liberación no está sintonizado con el Espíritu Santo, dicho proceso se interrumpe.

En segundo lugar, los discípulos se enfrentaban a un «género» especial de demonio desconocido para ellos, como explica Jesús en Mateo 17.21. El término utilizado por el Señor es génos en el griego. Vine dice que significa «familia, raza, linaje, generación, género o clase». Se trataba del tipo de demonio que sólo sale mediante oración y quizás ayuno (Marcos 9.29 con Mateo 17.21).

James Morrison comenta que aunque los discípulos habían recibido poder para echar fuera demonios, «ese poder no era absoluto … Su ejercicio era condicional». Luego se refiere a la declaración de Jesús en Mateo 17.20, cuando expresa que habían fracasado por su poca fe.

No quiso decir con eso que sus discípulos fueran totalmente incrédulos. No lo eran. Ellos creían; pero aún les quedaba una cierta medida de incredulidad. Era como si tuviesen dos ejércitos dentro de ellos. Había lucha. En ciertos momentos tenían fe y en otros prevalecía la incredulidad[ … ] Su fe[ … ] tenía problemas para mantenerse firme en el conflicto.

Como afirmara uno de los padres de la iglesia, los discípulos « habían caído de la fe». Esta es una expresión perspicaz.

Morrison dice de Mateo 17.21: «Este género de demonios, del que aquí vemos un espécimen[ … ] es malicioso, sutil y poderoso». El relato nos pone abiertamente ante el desconcertante problema de los demonios tercos que a menudo son difíciles de quitar de la vida de sus víctimas. ¿Por qué hay algunos casos de liberación tan arduos?

Las fuerzas que hacen complicados algunos casos

Como sucede con la mayoría de los porqués acerca del mundo espiritual, no hay en este caso ninguna lista definitiva de respuestas. La solución es tan complicada como individuales son los demonios, sus víctimas humanas y toda esa área de la demonización. Las piezas a menudo ocultas, complejas y desconocidas del rompecabezas que supone la historia de la víctima resultan a menudo de una importancia capital. Un área crucial es la herencia familiar de la persona, incluyendo todos los sucesos que culminaron en su concepción, nacimiento y temprana vida familiar o falta de ella.

A continuación están las experiencias únicas de la víctima hasta el momento en que se intenta la liberación: lo que ella ha hecho, lo que le han hecho a ella y las circunstancias en que todo sucedió. Mucho también depende del género y la clase de demonios con que se esté tratando. La Escritura, la historia y la experiencia contemporánea confirman que algunos demonios o grupos de demonios son más difíciles de vencer que otros.

Luego tenemos el asunto de cuál es el grado de control que ejercen los demonios en la vida de la víctima en el momento de intentarse su liberación. (Consideraremos esta importante cuestión con mayor detalle más adelante.) En el relato de Marcos 9, los demonios estaban fuertemente ligados a la vida de su desvalida víctima infantil. Por lo general son difíciles de echar en una sola sesión de liberación. Además, aparte de la solidez de su vínculo, si nos enfrentamos a espíritus muy fuertes y «malos», el proceso puede ser incluso más lento. Esto fue lo que sucedió a los apóstoles con el niñito de Marcos 9.

Por último está la palabra de Jesús en Mateo 17.21, para la que resulta apropiado el siguiente comentario de Morrison: «Para que la fe salga vencedora con los agentes demoníacos más sutiles y poderosos, necesita entregarse en gran manera tanto a la oración como a la renuncia física».

Anuncios
Categorías:Sin categoría
  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: