Inicio > Sin categoría > Guerra en el huerto

Guerra en el huerto

La sicología bíblica no intenta dar definiciones ni hacer distinciones precisas en cuanto a la naturaleza humana, como es el caso de la sicología moderna. La Biblia no constituye un libro de texto de sicología, como tampoco de geología, astronomía o cualquier otra ciencia. Sin embargo, cuando toca alguna de las áreas cubiertas por dichas disciplinas lo hace sin error. No obstante, ya que sus propósitos van en otra dirección, las Escrituras no deberín utilizarse para tratar de crear una ciencia global. Como expresa D. M. Lake:

A los conceptos bíblicos de sicología les falta precisión técnica y analítica. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamentos centran su atención en la relación concreta y total del hombre con Dios, y allí donde se dan términos sicológicos, su intención parece ser más bien el énfasis y no tanto un interés en dividir o categorizar la actividad humana. Por esta causa, no se pueden determinar ni modelos ni terminologías consecuentes en ninguno de los dos Testamentos.

Recursos del corazón

Por esta misma razón resulta también difícil formular definiciones precisas de palabras tales como corazón, mente u otras parecidas que se utilizan en las Escrituras para hacer referencia a la naturaleza inmaterial del hombre. J. M. Lower observa que «corazón [tiene que ver] con el hombre interior; la función de la mente; el lugar donde el hombre recuerda, piensa; el corazón, el asiento y centro de toda la vida física y espiritual; el alma o la mente como origen y asiento de los pensamientos, pasiones, deseos, afectos, apetitos, propósitos y empeños». De modo que el corazón se refiere al «hombre interior», a la persona oculta del corazón. También puede indicar «la agencia y el medio dentro del hombre por el cual imagina, pretende, se propone, piensa y entiende». El corazón es asimismo «ese centro, esa esencia y sustancia interior del hombre que necesita reconciliarse con Dios, ser redimida; y que una vez reconciliada puede hacer las paces con otros». Finalmente, es «el centro y asiento de las emociones; el foco de las reacciones emocionales, los sentimientos y la sensibilidad».

Recursos de la mente

Cuando uno considera la gran variedad de palabras hebreas y griegas que se traducen al castellano por «mente» o «entendimiento», descubre confusión y superposiciones con el uso bíblico de corazón y otras palabras semejantes. Después de hacer un estudio de esa diversidad, Lake concluye:

[ … ] ningún término ocupa un único significado, ni se utiliza para indicar sólo la facultad de reflexión o cognición. Y de toda esta constelación de vocablos resulta igualmente claro que el ser del hombre desafía cualquier definición precisa. Todas estas palabras llaman la atención sobre el ser interno de la persona humana[ … ] el cual controla al yo.

Según Lake, la «mentalidad hebrea era marcadamente distinta de la griega». Aunque la Biblia considera al hombre como ser pensante, lo presenta en un todo unido cuyas facultades reflexivas y cognoscitivas forman un elemento indivisible de su ser completo.

Hay dos palabras griegas principales que el apóstol Pablo utiliza para «mente». La primera es nous. William Vine dice que nous, o mente, «[se refiere] en general al asiento de la conciencia reflexiva, que comprende las facultades de percepción y comprensión, así como aquellas de sentimiento, juicio y decisión». La segunda palabra es nóema. Vine dice que estasignifica «pensamiento, intención», y es traducida por «entendimiento» y «sentidos» en 2 Corintios 3.14; 4.4; 11.3 y Filipenses 4.7.

Nous, traducida por «entendimiento», se encuentra a través de todo el Nuevo Testamento. Lucas pone esa palabra en boca de Jesús en Lucas 24.45: «Entonces les abrió el entendimiento (nous) para que comprendiesen las Escrituras».

Pablo emplea nous cuando escribe acerca de la mente reprobada, esa que está controlada por el pecado y se halla bajo el juicio de Dios (Romanos 1.28-32; Efesios 4.17; Colosenses 2.18; 1 Timoteo 6.5; 2 Timoteo 3.8; Tito 1.15). El apóstol utiliza nous asimismo en Romanos 12.2 para destacar la mente renovada y en 1 Corintios 2.16 refiriéndose al creyente como poseedor de la mente de Cristo. Emplea el plural cuando, en Filipenses 4.7, dice: «Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús». De modo que nous llega a ser principalmente un término paulino, así como la batalla dentro de la mente humana, tanto de creyentes como de incrédulos, es también un énfasis del apóstol Pablo.

También noema es una palabra de Pablo. En el Nuevo Testamento la utiliza exclusivamente el apóstol. En 2 Corintios 3.14, Pablo habla de hombres cuyos entendimientos «fueron cegados». En 2 Corintios 4.4 declara que Satanás es la principal fuente de la ceguera espiritual en la mente del incrédulo: « … el dios de este siglo cegó el entendimiento [noemata] de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios».

Seguidamente el apóstol vuelve su atención a los creyentes, y refiriéndose al engaño de Eva por la serpiente, declara: «Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos [noemata] sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo» (2 Corintios 11.3).

Mente y motivo

Con esto volvemos a Génesis 3 y a los ataques que lanzó Satanás contra la mente de Eva. Una vez que su pensamiento se ha abierto de par en par a las mentiras del enemigo, de inmediato este acomete contra los motivos de Dios, y al hacerlo lanza en realidad un ataque contra el carácter divino: «[ … ] sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal» (v.5).

¿Qué está insinuando la serpiente?

«La vida es más de lo que estás disfrutando ahora», susurra el tentador. «Dios te está privando de una esfera maravillosa de realidad y experiencia. Te diré cómo conseguirla. No tienes que negar tu relación con Dios, lo único que harás es escucharme. Te ayudaré a disfrutar verdaderamente de la vida en toda su plenitud».

Adán y Eva, embaucados por esta mentira, iniciaron el desfile que ha realizado la humanidad siguiendo esa misma línea de engaño. Desde el materialismo por un lado, hasta el gnosticismo moderno (la sabiduría esotérica oculta) por el otro, las mentiras de Satanás han desviado a los hombres de una vida de obediencia sencilla a Dios.

A los que buscan placer, Satanás les ofrece las delicias del fruto prohibido de todo tipo de árboles: relaciones sexuales ilícitas, posesiones materiales, drogas que alteran la mente o el humor, diversión desenfrenada. «¡Vívelo! ¡Disfruta! Sólo se vive una vez, de modo que sácale a la vida todo el placer que puedas». A través de los medios de comunicación del mundo, Satanás apela a la perversión oculta de la carne.

El engaño religioso contemporáneo

A los que no aceptan la «sincera fidelidad a Cristo» (2 Corintios 11.3) como el camino a la plenitud espiritual, el mentiroso les ofrece otras fuentes de «espiritualidad». Eso es lo que quiero decir cuando hablo de un gnosticismo moderno el cual sugiere que hay otros evangelios, otros Cristos, otros espíritus «santos», otros misterios espirituales escondidos que comprender y experimentar (2 Corintios 11.4; cf. Mateo 24.23-28; Gálatas 1.6-9).

«No tienes que negar a Cristo», susurra el seductor a las mentes vacilantes y turbadas. «Te ofrezco el verdadero “Espíritu de Cristo”; un Cristo no limitado por la intolerancia cristiana tradicional. Es un Cristo cósmico, omnipresente, que ha regresado con una gran verdad liberadora. Puedes descubrir la verdad oculta para las mentes cerradas de los fundamentalistas, fanáticos y líderes de iglesias. Escucha sus palabras que te son reveladas en esta nueva era a través de … »

Este engaño unifica la teología sincretista del movimiento de la Nueva Era. Se trata del mensaje de la canalización de espíritus, una rama de dicho movimiento. Una de las enseñanzas principales de este movimiento es: «Tú eres Dios». ¿Y qué fue lo que le prometió a Eva la serpiente? «Seréis (como) Dios … » Después de todo, el movimiento de la Nueva Era no es tan nuevo como parece.

Por desgracia, algunas de las doctrinas de su teología han sido abrazadas por los gurús «cristianos» que aparecen a menudo en la televisión, la radio y la página impresa con palabras de conocimiento o profecía que diluyen o contradicen sutilmente el mensaje de la Palabra escrita de Dios, como hizo la serpiente en el relato que nos ocupa.

No hablo de la cuestión de si los dones de profecía y las palabras de conocimiento se manifiestan en la iglesia de nuestros días. A este respecto existen diferentes puntos de vista entre aquellos cristianos que tienen un alto concepto de las Escrituras. Los creyentes tienen derecho a disentir sobre este punto.

El engaño mediante señales y prodigios

Sin embargo, me definiré sobre el abuso a que son objeto estos dones en la cristiandad. Ciertos líderes «cristianos» embaucadores y persuasivos guían a creyentes sinceros por todo el mundo a un error doctrinal, espiritual e incluso moral. Su mensaje socava sutilmente la autoridad de las Escrituras del Antiguo y el Nuevo Testamentos como única fuente de la verdad eterna. Esas personas dan mensajes en lenguas y escriben palabras de profecía, conocimiento y revelación que deben seguirse del mismo modo que la Palabra de Dios. Aunque en principio algunos lo nieguen, en la práctica lo hacen. Su marca de fábrica es «Dios ha hablado … » cuando no lo ha hecho. Él nunca contradice su Palabra escrita.

A veces los creyentes dan por sentado que la liberación del poder espiritual a través de las vidas de esos dinámicos líderes es prueba de que son los profetas de Dios. Las señales, los prodigios, los milagros, el echar fuera demonios, todo ello realizado en el nombre de Jesús, se toma como la garantía absoluta de que sus palabras son ciertas. Tales creyentes se remiten a las palabras del Señor cuando dijo:

No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre que luego pueda decir mal de mí[ … ] Y estas señales seguirán a los que creen: en mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos y sanarán (Marcos 9.39; 16.17-18).

Y argumentan: «¿Acaso no concluye Marcos su evangelio diciendo: “Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían?”» (Marcos 16.20; cf. Hebreos 2.4). Sí, Jesús pronunció estas palabras, y Marcos y los otros escritores del Nuevo Testamento hacen referencia a manifestaciones visibles del poder de Dios a modo de señales y confirmaciones de la verdad declarada conjuntamente con el estilo de vida que ejemplificaban los siervos del Señor (Hebreos 2.4). Esto sigue siendo cierto.

No obstante, esa es sólo una cara de la moneda. La otra tiene que ver con las falsificaciones demoníacas y el engaño de Satanás. El mundo sobrenatural del mal está permitido por Dios y es al mismo tiempo capaz de falsear, incluso en el nombre de Jesús, los hechos poderosos de los verdaderos mensajeros divinos. ¿No dijo el mismo Jesús que en los postreros tiempos el engaño sería tan completo que los falsos profetas harían errar por medio de señales y prodigios, si fuera posible, aun a los escogidos? (Mateo 24.24). ¿No declaró también que los hechos poderosos en sí mismos, incluso aquellos efectuados en su nombre, no son sólo evidencia de verdad y autenticidad espiritual? Entienda sus palabras en Mateo 7.15, 20-23:

Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces … Así que, por sus frutos los conoceréis. No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

En este pasaje, Jesús presenta la santidad, la vida de pureza espiritual y moral, y un carácter sin tacha, como las pruebas válidas de una relación genuina con Él; en vez de tan solo hechos poderosos realizados en su nombre.

El engaño en el huerto

Satanás hizo algo grande al entrar en el cuerpo de la serpiente. Incluso le confirió la facultad de hablar, con la cual pudo comunicar sus palabras engañosas a la mente de Eva. Bajo el efecto de las dudas acerca de la persona de Dios y de su Palabra, Eva pronto empieza a apartarse de un estilo de vida piadoso. El ataque lanzado por Satanás contra los motivos (Génesis 3.5) que Dios tenía para reservar el árbol <%1>prohibido, perseguía denigrar el carácter divino. El diablo<%1> declara: «Dios no es sincero. Se está aprovechando de vuestra ignorancia<%1>. Os dice que la muerte<%1> cerrará vuestros ojos, y en cambio yo os digo que vuestros ojos se abrirán. Además, seréis como Dios».

Calvino afirma que Satanás está acusando de que:

Dios actúa motivado por los celos y de que ha dado el mandamiento referente a aquel árbol con el propósito de mantener al hombre en un nivel inferior al suyo.

Debido a que el deseo de conocimiento es algo inherente a todos, es de suponer que la felicidad debe cifrarse en él mismo; pero Eva se equivocó al no regular la medida de su conocimiento con la voluntad de Dios.

Y todos nosotros sufrimos a diario bajo esta misma enfermedad, ya que deseamos conocer más de lo que es justo y de lo que Dios permite; de donde el principal aspecto de la sabiduría es una sobriedad bien regulada en obediencia a Dios.

Eva comienza a pecar. La esencia del pecado consiste en actuar con independencia de la voluntad de Dios, y eso es exactamente lo que está a punto de hacer. El pecado ya había empezado de esta forma en la esfera cósmica cuando Lucifer escogió actuar sin tomar en cuenta los deseos divinos. Básicamente él mismo quería ser Dios, y esa es la forma en que se siembra al principio la idea del pecado en el corazón y la mente de Eva. «Actúa sin considerar a Dios», la engatusa el diablo con lisonjas. «Hazte Dios tú misma».

Ese es todavía el problema de la humanidad. Los seres humanos quieren vivir de la forma que les agrada y no como Dios dice que deben vivir. En otras palabras, el hombre y la mujer fuera de Cristo desean ser su propio dios. Por desgracia, los cristianos también se enfrentan a esa lucha y con frecuencia toman las mismas decisiones egoístas. Tenemos que elegir, no sólo una vez sino a diario, quién va a ser Dios en nuestra vida.

Ray Stedman habla de la carne que controla la vida de los incrédulos y lucha por influir en la de los creyentes como «el instinto del egocentrismo dentro de nosotros, esa distorsión de la naturaleza humana que nos hace desear ser nuestro propio dios, ese ego orgulloso, ese yo sin crucificar que constituye el asiento de una obstinada actitud de desafío y rebelión contra la autoridad».

¿Cuántos de nosotros, creyentes, hemos aceptado pensamientos egocéntricos similares como si fueran totalmente nuestros sin reconocer la voz de la serpiente? Aunque pueden surgir originalmente del interior de «ese yo sin crucificar», como Stedman llama a la carne, siempre reforzados por Satanás, quien ha asignado malos espíritus a cada uno de nosotros para que nos ataquen (Hechos 5.3-9; 1 Corintios 7.5; 1 Tesalonicenses 3.5). Este ataque continúa de manera inexorable contra la mente de Eva. «Serás como Dios», le dice el diablo. «Tus ojos serán abiertos … serás como Dios sabiendo el bien y el mal». ¿Y qué significa ser como Dios sabiendo el bien y el mal? Lange escribe acerca de ello:

El conocimiento[ … ] del bien y del mal, en la forma que Satanás emplea esas palabras, debe indicar, no sólo una condición de inteligencia más elevada, sino sobre todo un estado de perfecta independencia de Dios. Sabrían por ellos mismos lo que era bueno y malo, y ya no necesitarían la dirección divina.

Eva ya casi ha alcanzado el punto sin retorno. Digo «casi» porque todavía no es demasiado tarde. Aún puede volverse atrás. Todavía tiene la posibilidad de resistir al diablo aunque no sepa que existe en la buena creación de Dios.

Eva sabía que Dios es amor. La había creado hermosa y le había dado un compañero perfecto. Ambos estaban verdaderamente «hechos el uno para el otro» como no lo han estado otros seres humanos después de ellos. Gran parte de sus más profundos anhelos como individuos se satisfacían en su pareja. Su hogar era el Paraíso, un huerto que el Señor mismo había plantado para ellos y para sus hijos. Excepto el fruto del árbol que estaba en medio del huerto, todos los placeres de aquel lugar se encontraban a su disposición.

Estaban en paz con la naturaleza. Todos los animales se habían presentado delante de Adán para que les pusiera nombre. De modo que estaban en paz con ellos y entre sí. El hombre y la mujer habían recibido la bendición de trabajar. Estaban ocupados a diario el uno con el otro, con los animales y con el huerto de Dios. Tenían el privilegio de cultivarlo y conservarlo (Génesis 2.15). Finalmente, el gozo mayor de todos: Dios estaba continuamente con ellos y podían conocerle como ninguna otra criatura le ha conocido.

Asimismo, el Señor había hecho sencilla la obediencia para Adán y Eva. No tenían leyes o rituales complicados que memorizar. Lo único que debían hacer era disfrutar de cuanto Dios les había dado y reconocer que se había reservado sólo una prerrogativa: la de ser el único Dios. Debían honrarle siempre como el Señor Dios (Génesis 3.8a).

Por eso tenía que haber un árbol prohibido. Puesto que eran casi iguales a Dios en su estilo de vida, debía recordárseles a diario de dónde procedían todas sus bendiciones y que sólo Dios era Dios, tan sencillo como eso.

Tres pasos atrás constituyen una caída

Pero Eva no está satisfecha. Su inocente pero imperfecta naturaleza humana ha respondido ahora a las sutiles mentiras de la serpiente. En vez de resistirla, comprendiendo que quienquiera que fuera estaba en contra de Dios, sucumbe a su engaño y pronto pierde la inocencia. Eva da entonces tres pasos fatales que siempre forman parte de la maldición del pecado.

1. Cede a su imaginación contaminada.

Su mente empieza a fantasear acerca del fruto del árbol prohibido y pronto dicho fruto se convierte para ella en algo más importante que cualquier otra cosa en la vida, incluso que Dios.

Martín Lutero escribe que: «La promesa satánica echó fuera de la mente de ella la amenaza divina. Ahora Eva contempla el árbol con otros ojos (v. 6). Y tres veces se nos dice lo encantador que le parece el mismo».

Calvino considera la capitulación de Eva como una caída de la fe:

La fe que ella tenía en la Palabra de Dios era el mejor guardián de su corazón y de todos sus sentidos. Pero ahora, una vez que el corazón se hubo desviado de la fe y de la obediencia a la Palabra, corrompió tanto su persona como todos sus sentidos, y la depravación se extendió por todas las partes de su alma como también de su cuerpo. Es, por tanto, un signo de defección impía el que la mujer juzgue ahora que el árbol es bueno para comer, se deleite con avidez en contemplarlo y se persuada a sí misma de que es deseable para alcanzar sabiduría; mientras que anteriormente había pasado cientos de veces junto a él con aire impasible y tranquilo. Porque ahora, habiéndose sacudido la brida, su mente vaga disoluta e intemperante, arrastrando el cuerpo a la misma disipación.

Cuando Eva comienza a fantasear, las imágenes mentales del fruto prohibido despiertan emociones en ella y casi puede paladear los placeres que la esperan. Sus agitados deseos superan a las advertencias de su razón, mientras que su imaginación contaminada la lleva a tomar las decisiones erróneas. Cede al deseo físico. Ve «que el árbol [es] bueno para comer» (v. 6a). La comida no tiene nada de malo. Pero es una comida prohibida, que se toma fuera de la voluntad de Dios.

Eva sucumbe al deleite emocional, «y que era agradable a los ojos» (v. 6b), y al orgullo intelectual, «y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría» (v. 6c).

¿Acaso no era ya lo bastante sabia? ¿No empezaba a aprender en compañía de Adán acerca de las maravillas de Dios y de su creación? Aunque ya maduros por completo físicamente cuando fueron creados, Adán y Eva, como Jesús después de ellos, estaban en realidad destinados a crecer «en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres» (Lucas 2.52).

Tenían ante sí toda la creación para explorarla y comprenderla, año tras año. A medida que lo hicieran, su sabiduría se extendería hasta llegar a conocer todo aquello que Dios deseaba que supieran. ¿Por qué esa codicia por la «sabiduría» prohibida que sólo proporcionaba ese árbol vedado y su fruto? ¡Así es el pecado!

2. Desobedece voluntariamente a Dios.

«Tomó de su fruto, y comió» (v. 6d).

Ahora se verá libre de todas las restricciones. Todas sus dudas desaparecerán y será un ser verdaderamente independiente. Podrá por fin escoger por sí misma sin la ayuda de nadie. En otras palabras, será su propio dios. Eva da la espalda a todo lo que ha gobernado su vida hasta entonces y escoge voluntariamente la desobediencia al Señor. Come del fruto prohibido, sin ningún efecto negativo visible.

¿Verdad que el pecado es así? Al principio resulta deleitoso. Las promesas que nos hace parecen ciertas. El pecado produce un placer inmediato, el escritor de Hebreos lo admite (11.25). De no ser así, los hombres no serían absorbidos tan fácilmente por sus encantos.

3. Hace que su querido Adán se una a ella en los placeres del pecado.

«Y dio también a su marido, el cual comió así como ella» (v. 6e).

He aquí la dimensión social del pecado. Este no sólo daña al pecador, sino también a aquellos que están íntimamente relacionados con él. El pecado anhela compañía y engendrará más pecado en las vidas de otros, en especial en las de los seres queridos. ¡Así actúa el pecado! Mucho se ha escrito acerca de la participación de Adán en el pecado de Eva. Algunos afirman que estaba cerca observando y escuchando toda la escena de la tentación sin hacer nada para socorrer a su confundida esposa. Otros dicen que no pudo resistir la incitación de su mujer. Y otros aseguran aún más que tuvo que elegir entre los encantos de Eva y la obediencia a Dios.

A menudo se cita 1 Timoteo 2.14 para apoyar estas opiniones. Allí Pablo escribe: «Y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión». Concuerdo con el comentario de Newport J. D. White en The Expositor’s Greek New Testament [El expositor del Nuevo Testamento griego] de que Pablo no trata aquí de absolver a Adán por su pecado, ni de echar toda la culpa a Eva. Lo que hace el apóstol es declarar que fue la mujer quien transgredió primero y no Adán. En Romanos 5.12-21, el mismo apóstol Pablo carga sobre Adán la culpa entera de la transgresión, con la cual causó la ruina de toda la raza humana. Calvino piensa que aunque Adán deseaba cumplir los deseos de Eva, hubo otra razón por la que:

participó de la misma apostasía que ella. Y Pablo, en otro lugar, afirma que el pecado no vino por la mujer sino por Adán mismo (Romanos 5.12); de ahí la reprensión que tiene lugar poco después. «He aquí el hombre es como uno de nosotros», demuestra con claridad que, neciamente, él también había codiciado más de lo que era lícito y había dado más crédito a las lisonjas del diablo que a la Palabra de Dios.

Tal vez Donald Guthrie lo resuma mejor cuando dice: «Mientras que Eva fue engañada o seducida, Adán pecó con los ojos bien abiertos».

Me gustaría terminar este capítulo con varios comentarios de Calvino. Él se pregunta: «¿Cuál fue el pecado de Adán y Eva?» Y da diversas respuestas, incluyendo la de San Agustín, quien afirma que «el orgullo fue el comienzo de todos los males por lo cual se arruinó la raza humana». Calvino comenta entonces que

si alguien prefiere una explicación más corta, podemos decir que la incredulidad ha abierto la puerta a la ambición, pero la ambición ha demostrado ser madre de la rebeldía, a fin de que los hombres, habiendo dejado el temor de Dios, puedan sacudirse su yugo[ … ] Pero después que dieron lugar a la blasfemia del diablo, comenzaron, como personas fascinadas, a perder la razón y el juicio; sí, puesto que se habían convertido en esclavos de Satanás, este mantenía atados sus mismísimos sentidos.

Al mismo tiempo, debemos mantener en la memoria mediante qué pretexto fueron llevados a este engaño tan fatal para ellos y para toda su posteridad. La adulación de Satanás era verosímil: «Sabréis el bien y el mal». Pero aquel conocimiento resultaba por esta razón maldito, porque se buscaba con preferencia al favor de Dios.

Por lo cual, a menos que queramos, por propia iniciativa, tendernos los mismos lazos a nosotros mismos, aprendamos a confiar plenamente en la sola voluntad de Dios, a quien reconocemos como el Autor de todo bien. Y, ya que la Escritura nos advierte en todas partes de nuestra desnudez y pobreza, y declara que podemos recuperar en Cristo lo que hemos perdido en Adán, renunciemos a toda confianza propia y ofrezcámonos vacíos a Jesús para que Él nos llene con sus propias riquezas.

Anuncios
Categorías:Sin categoría
  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: