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Indecencia

Puede la oleada de sexualidad explícita y visual tener un efecto negativo, incluso peligroso, en un hombre que de otro modo sería un individuo moral? Cuando discutía este asunto con otro líder, me contó lo siguiente: «Sí que puede -dijo- porque me ocurrió así. Siempre he practicado una vida muy moral, tanto de joven como de adulto. Me mantenía apartado de los pecados sexuales cuando era adolescente, a pesar de lo comunes que eran entre los chicos de mi edad. En realidad, aunque todavía no era cristiano, intentaba escoger amigos que tuvieran convicciones morales semejantes a las mías.

»Ahora bien, me sentía atraído por las chicas como cualquier otro adolescente. Había visto muchas fotografías de cuerpos femeninos como para saber lo atractivos que son, aunque me mantenía al margen de todo tipo de pornografía. Sabía que ésta sólo despertaría en mí deseos que no podían satisfacerse fuera del matrimonio, de modo que era algo que rechazaba categóricamente.

»Cierto día llegó a nuestra ciudad una feria, y un grupo de estudiantes la visitamos para divertirnos un poco. Vimos que había muchas personas delante de un pequeño teatro y, como la entrada era gratis, decidimos pasar. Pronto salieron a escena algunas mujeres jóvenes y comenzaron a bailar de una manera muy sensual. Todos nos reímos, mientras algunos de entre el público empezaban a gritar que las chicas «se lo quitaran todo». Para sorpresa mía, ellas comenzaron a mostrar sus cuerpos, y repentinamente la excitación sexual comenzó a recorrer mi cuerpo de una manera que nunca antes había conocido. »Las muchachas de la escuela que estaban con nosotros empezaron a sonrojarse, y algunas de ellas se sintieron tan avergonzadas que se pusieron en pie y salieron. Otras se quedaron, probablemente sin saber qué hacer. Todos los chicos disfrutaban de aquello, y para vergüenza mía debo confesar que yo también.

»De repente las chicas dejaron de bailar y el presentador dijo que por unos pocos dólares cualquiera de nosotros podía pasar detrás del escenario donde las jóvenes bailarinas “se lo quitarían todo”.

»Para entonces estaba tan excitado por lo que había visto que, sólo quería ver más. Pagué el dinero como los demás muchachos y pasé al otro escenario; ninguna de nuestras compañeras vino con nosotros. Allí vi cosas nunca antes vistas. Las bailarinas se desvistieron y danzaron desnudas delante de nuestros lascivos ojos. Eran preciosas. Sentí un deseo sexual como jamás había sentido. No quería que aquello terminase. Daba gritos de aprobación junto con los otros chicos y los hombres que había en el teatro.

»Cuando volví a casa solo en la oscuridad me sentía aún tan excitado sexualmente que no sabía qué hacer. De repente me vino a la mente el pensamiento de buscar una chica, una chica con quien mantener relaciones sexuales.

»Gracias a Dios que ninguna jovencita andaba por aquellas calles oscuras esa noche, porque aunque soy una persona demasiado apacible para pensar en violar a una chica, no sé lo que habría sucedido de haberme encontrado con una sola y disponible en aquella ocasión.

»Esa fue la primera y última vez que me permití exponerme a la desnudez femenina fuera del matrimonio. ¡No me digas que tal exposición no tiene un efecto potencialmente peligroso sobre un varón emocionalmente equilibrado! ¿Qué hubiera pasado de haber sido una persona más propensa a la violencia o a dominar a otros? ¿O si hubiese tenido una hermana que me amara lo bastante como para hacer cualquier cosa que le pidiera? ¿O estuviera citado con mi novia más tarde aquella noche? ¿O si … ?»

La estimulación sexual en un hombre es una fuerza poderosa, tanto para el bien como para el mal. Mantener una vida realmente moral en la cultura saturada de sexo de hoy en día es una verdadera guerra espiritual.

El último de los pecados sexuales con el que todos peleamos, y que el apóstol Pablo menciona en su lista de Gálatas 5.19 es, en griego, asélgeia, que se traduce por «lascivia» en la Reina-Valera de 1960 y por «indecencia» y «libertinaje» en otras versiones.

William Vine dice que la palabra significa «ausencia de cohibiciones, indecencia, desenfreno … la idea prominente es de una conducta desvergonzada». Se utiliza varias veces en el Nuevo Testamento con la idea de Vine de entrega al vicio, corrupción y comportamiento sexual ilícito sin restricciones ni consideración por los sentimientos de otros. En Efesios 4.17-19, Pablo habla de personas que:

[ … ]andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza.

¡Qué denuncia del mundo en el que nació Jesús y penetró el evangelio al principio! Parece que estuviese hablando de San Francisco, Los Angeles, Chicago o Nueva York.

El mismo término se utiliza nuevamente en Romanos 13.13, donde Pablo escribe: «Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias» (asélgeia vuelve a traducirse por lascivia como en Gálatas 5.19).

Fung dice que «el término está emparejado con “libertinaje”. La versión [americana] NAS lo llama acertadamente promiscuidad sexual, del término griego que significa cama “especialmente el lecho conyugal, en el sentido de relación sexual ilícita”, adoptando así el matiz particular de exceso sexual».

Aunque el apóstol Pablo escribía para nosotros, lo hacía en primer lugar para los cristianos de su tiempo, y versículos como los mencionados de Efesios 4.17-19 describen la condición del mundo gentil de Galacia y de todo el Imperio Romano en los días de Pablo. Fung sugiere que el apóstol comienza esta lista con pecados sexuales debido a su predominio en la sociedad de la época:

Tal evidencia nos ha llegado no por los autores cristianos, sino a través de los paganos asqueados de la indecible inmoralidad sexual. No es sorprendente que se haya dicho: «En nada revolucionó el cristianismo de un modo tan completo las normas éticas del mundo pagano como en lo referente a las relaciones sexuales».

Las últimas palabras de Fung acerca del efecto transformador de la fe cristiana sobre las normas morales del mundo pagano me conmueven en lo más íntimo, al considerar la extendida contemporización sexual existente entre los líderes cristianos actuales con la hipocresía, el adulterio, la homosexualidad y la pornografía.

Como dirigentes han dicho con el apóstol Pablo, al menos por implicación: «Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo» (1 Corintios 11.1; 4.16-17). En Filipenses 3.17 y Hebreos 13.7, 17 Pablo expresa que todos los líderes cristianos deben ser modelos para los creyentes, y Santiago advierte: «Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación» (Santiago 3.1).

La falta de dominio propio y de santidad en alguna de las áreas de la vida sexual del creyente es el énfasis principal de la enseñanza de Pablo en este pasaje.

¿Y qué decir de los hombres que obligan a sus esposas a practicar actos sexuales repulsivos para la naturaleza más delicada de la mujer? Se trata de algo prohibido. Constituye un pecado contra Dios y contra la propia esposa. He aconsejado a muchos hombres cristianos, algunos de ellos líderes, que han dañado tal vez de manera permanente a sus mujeres con esta forma de dominación sexual masculina.

Pienso en un destacado líder cristiano a quien he aconsejado en varias ocasiones. Procede de una familia conflictiva pero contrajo matrimonio con una chica encantadora, pura y dócil nacida en un hogar cristiano estable.

El hombre tenía un apetito sexual voraz: no sólo quería sexo en todo momento, sino también que su esposa fuera más apasionada e hiciera cosas que a ella le resultaban repulsivas. Comenzó a alquilar los videos pornográficos más agresivos de hombres y mujeres practicando un sexo desenfrenado, y la obligó a verlos. Cuando mi esposa y yo le preguntamos a ella por qué había aceptado, la mujer respondió: «Porque lo quiero y tenía miedo a perderle». Esta es la razón más común que dan este tipo de mujeres maltratadas.

Pronto los videos se hicieron menos repulsivos para ella, y con el tiempo, para excitarse, llegó a depender de los actos sexuales de las películas. Su propia imagen y su sentido de la pureza femenina se deterioró tanto que cayó en una profunda depresión y estuvo a punto de suicidarse. Sólo la tierna gracia y el poder transformador de Dios los rescató a ella y a su marido del pozo al que se habían arrastrado mutuamente. Hoy en día están nuevamente enamorados y gozan de una vida de amor tierno, libres de las ataduras de la perversión sexual. No obstante la suya fue una recuperación larga y dolorosa.

El relato anterior, que implicaba el abuso sexual infligido por un líder cristiano, en otros aspectos temeroso de Dios, a su esposa, prepara el terreno para un ejemplo resumido de este examen de los pecados sexuales enumerados por Pablo en Gálatas 5.19. Se trata de un artículo aparecido hace varios años en Moody Monthly, y titulado «Video Seduction» (La seducción del video), que presenta las confesiones de otro líder que cayó en la trampa de los videos pornográficos.

El mencionado artículo recorre de nuevo el camino que siguió este dirigente cristiano hasta el borde mismo de un abismo de destrucción. La cosa comenzó de un modo bastante inocente, cuando le regalaron un aparato de video que había de servirle en su ministerio.

Al principio, él y su familia no veían otra cosa que dibujos clásicos de Walt Disney. Pero una vez, mientras buscaba películas para los suyos en el videoclub, sus ojos se fijaron con mucha atención en una atractiva selección de filmes de aventuras. De modo que, además de los videos de tipo familiar, escogió uno con un tema más «maduro» para verlo con su esposa después que los niños se acostaran.

Al hombre le gustaba la acción de aquellas películas, pero cuando los actores blasfemaban o interpretaban escenas con mujeres y hombres medio desnudos realizando actos sexualmente inmorales, le venían las dudas. No obstante, la mayor parte de las películas que alquilaba eran en un noventa por ciento de sana diversión.

Un día, sin embargo, la fotografía y el sugestivo título de la carátula de una de ellas le incitaron a alquilar una censurada. Y no tardó mucho en ver un par de aquellos filmes cada fin de semana, y posteriormente en cualquier día. Según cuenta él mismo, pudo observar que «aunque continuaba con mis devociones personales por costumbre, tanto mi lectura de la Biblia como mis oraciones eran una farsa. Mi entusiasmo por enseñar y predicar la Palabra de Dios se desvaneció, y también perdí denuedo para hablar acerca de los mandamientos bíblicos contra la inmoralidad sexual».

A pesar de su determinación de no volver a ver más películas censuradas, los títulos sensuales y las tentadoras fotografías le siguieron arrastrando semana tras semana a contemplar esos videos. Sólo la sensibilidad moral y la presencia de su esposa en el hogar le impedían alquilar las películas catalogadas como «X» que tanto deseaba ver.

Entonces, su mujer se fue a pasar fuera un fin de semana, y en el videoclub justificó el alquiler de una película «X» con el argumento: «Como soy un líder cristiano quizás debería conocer lo que consume el mundo».

Sin embargo, lo que vio en aquel video le repugnó. «Lo que contemplé era repulsivo», dice. «La película degradaba a los hombres y a las mujeres. No había nada de la belleza de la sexualidad humana tal como Dios la ideó y que había experimentado en mi matrimonio. Me sentí vacío, engañado y derrotado».

Despertado a la realidad de que se hallaba en peligro de destruir su vida y ministerio, aquella noche el líder en cuestión rompió su tarjeta del videoclub, escribió una confesión para su mujer, se arrepintió delante del Señor y decidió en la presencia de Dios mantenerse apartado de las tiendas de videos; después de lo cual se sometió voluntariamente a un pastor y amigo respetado para que vigilara su vida espiritual.

Este líder aconseja lo siguiente a fin de evitar un uso indebido del aparato de video: Manténgase alejado de los videoclubes seculares; no vea películas usted solo; limite la cantidad que mira; cultive la actitud que Dios tiene hacia las cosas que aparecen en los videos tales como mentiras, derramamiento de sangre y maquinaciones perversas; utilice la norma establecida por Pablo en Filipenses 4.8 para seleccionar las películas.

Esta es una vigorosa palabra de advertencia para todos los creyentes y una luz de precaución para los dirigentes cristianos. Los ojos son la puerta a la imaginación, y ésta la llave de nuestra vida. «Tengan cuidado, mis ojitos, lo que ven»

La sociedad en la cual vivimos está sexualmente contaminada. Las escenas y palabras eróticas que antes se veían y oían sólo en ciertos grupitos de mala fama dentro de la sociedad occidental, ahora entran en los salones de nuestras casas mediante la televisión y los videos.

Durante el día las telenovelas. Por la noche las comedias de situación sexualmente explícitas. En las horas de mayor audiencia la desnudez parcial o casi total, acompañada de violencia sexual hacia las mujeres. Madonna y Cher a cualquier hora del día o de la noche: ¡Sexo! ¡Sexo! ¡Sexo! Nos lavan el cerebro para hacernos creer que «no sólo de pan vive el hombre, sino también de todo acto sexual posible». Sin embargo, muchos «eruditos» e «investigadores» nos aseguran que en realidad todo esto no tiene ningún efecto negativo sobre los niños, los jóvenes o los adultos.

Al parecer, la gente «normal» puede soportarlo sin que afecte a sus valores morales ni a su concepto del sexo, el matrimonio y, especialmente, de las mujeres. Sólo las personas anormales se ven afectadas negativamente por todas esas imágenes, acciones y palabras sexualmente explícitas.

Dígaselo a las chicas y mujeres violadas por hombres y «chicos» estimulados casi más allá de su propio control por la contaminación sexual de las películas, la televisión y la pornografía. O a las esposas y novias obligadas por sus esposos y novios a contemplar relaciones sexuales en videos alquilados. O a los millones de hombres esclavizados por la pornografía y la autosexualidad. O a los adultos supervivientes del abuso infantil perpetrado por sus seres queridos, amigos de confianza y otras figuras de autoridad incitadas por la explotación de su sexualidad que hacen los medios de comunicación. ¡Si esto le ocurre sólo a la gente emocionalmente desequilibrada, entonces nuestro país es una de las instituciones psiquiátricas más grandes del mundo! Hagamos nuestras las palabras de Job cuando dice: «Hice pacto con mis ojos; ¿cómo, pues, había yo de mirar a una virgen [mujer]? ¿No ve él [Dios] mis caminos, y cuenta todos mis pasos? (Job 31.1-4).

Si fue mi corazón engañado acerca de mujer,

y si estuve acechando a la puerta de mi prójimo,

muela para otro mi mujer,

y sobre ella otros se encorven.

Porque es maldad e iniquidad

que han de castigar los jueces.

Porque es fuego que devoraría hasta el Abadón,

y consumiría toda mi hacienda

(Job 31.9-12).

Creo que el comienzo de la victoria en la guerra contra los pecados de la carne se encuentra en Romanos 12.1-2 y 6.12-14. Es Dios quien ruega aquí por medio del apóstol Pablo:

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios,

que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo,

agradable a Dios,

que es vuestro culto racional.

No os conforméis a este siglo,

sino transformaos por medio de

la renovación de vuestro entendimiento,

para que comprobéis cual sea la buena

voluntad de Dios, agradable y perfecta (12.1-2).

No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal,

de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias;

Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado

como instrumentos de iniquidad,

sino presentaos vosotros mismos a Dios

como vivos de entre los muertos,

y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.

Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros;

pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.

(Rom. 6.12-14)

¡Sí Señor, escojo la obediencia!

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