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La demonización potencial de los incrédulos

El resultado inmediato de la caída de la humanidad fue la muerte espiritual del hombre al ser separado de la vida de Dios. Su acceso al árbol de la vida quedó cortado: «Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado» (Génesis 3.7-16).

John Murray menciona los cinco resultados de largo alcance producidos por la caída:

El primero fue subjetivo: alteró el conjunto de las inclinaciones del hombre y cambió su actitud hacia Dios (Génesis 3.7-16). En otro tiempo, el ser humano tenía su supremo deleite en la presencia del Señor; ahora huye de delante de su rostro.

El segundo fue objetivo: cambió la relación de Dios con el hombre. A partir de Génesis 3.9 se revela esa ira oculta de la naturaleza divina insinuada en el capítulo 2, versículo 17.

El tercero fue cósmico: toda la creación fue perjudicada. La tierra quedó maldita (Génesis 3.17-19). Pablo amplía esto diciendo que «la creación fue sujetada a vanidad». Y esa vanidad no será quitada hasta el día de «la manifestación de los hijos de Dios», de la «libertad gloriosa de los hijos de Dios», cuando los redimidos experimentemos «la adopción, la redención de nuestro cuerpo» (Romanos 8.18-23). Murray explica que «con la caída [del hombre] llegó la servidumbre de corrupción a todo aquello sobre lo que debía ejercer dominio. Y sólo con la redención consumada será el mundo libertado de la maldición inherente al pecado del hombre» (cf. Romanos 8.19-23; 2 Pedro 3.13).

El cuarto resultado fue racial: la caída de Adán y Eva afectó a toda la raza humana. Murray comenta:

Adán no fue sólo el padre de toda la humanidad, sino también, por institución divina, su cabeza representativa. «Por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres[ … ] por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores» (Romanos 5.18-19). Así como todos murieron en Adán (1 Corintios 15.22), todos pecaron en Adán; «porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación» (Romanos 5.16; cf. 5.12-15).

A toda la humanidad se le considera copartícipe en el pecado de Adán y por lo tanto en la depravación que ocasionó dicho pecado. Esta es la explicación bíblica del pecado, la condenación y la muerte universales, y no se precisa ni está justificada ninguna otra validación de participación racial.

El quinto resultado fue la muerte.

La caída de toda la raza humana en adán

Sin lugar a dudas, el efecto de mayores consecuencias del pecado de Adán fue la caída de toda la raza humana. El Nuevo Testamento destaca esta consecuencia devastadora más que todas las demás combinadas. En cierto sentido, las otras cuatro mencionadas por Murray no son sino parte de este (Salmo 51.5). En Efesios 2.1-5, el apóstol Pablo describe sucintamente la condición de todos los hombres antes de ser vivificados por la gracia en Cristo. El hombre está muerto en «delitos y pecados». Anda «siguiendo la corriente de este mundo», «conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia». Los seres humanos viven «haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos» y «son por naturaleza hijos de ira». Esto es cierto en toda la humanidad sin Cristo, sin excepción alguna, «lo mismo que los demás».

¡Qué cuadro más oscuro y representativo de la humanidad caída! Nadie escapa a esta descripción. El apóstol Pablo se incluye en ella y hace lo mismo con los cristianos de Éfeso y el resto de los hombres.

La esclavitud de la humanidad al diablo

Al repasar la descripción que hace el apóstol Pablo en Efesios 2 de la condición pecaminosa de la humanidad apartada de Cristo, quisiera subrayar la dimensión que tiene que ver con la esclavitud al diablo a que está sujeto el género humano.

El apóstol afirma que todo hombre y mujer fuera de Cristo vive «conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia» (2.2b). Esta porción de las Escrituras no es la única que enseña que todos los que viven separados de Cristo son esclavos de Satanás. Jesús mismo dijo que sólo hay dos familias en la humanidad: «los hijos del reino» (de Dios) y «los hijos del malo» (Mateo 13.38). El Señor recalcó esto al describir incluso a los hombres y mujeres devotos de su tiempo, que no creían en Él, como hijos del diablo. Jesús distinguía muy claro entre los verdaderos creyentes, que son de Dios, y los meramente religiosos, que no lo son (Juan 8.38-47). Y el apóstol Juan afirma que la raza humana está compuesta sólo por dos familias: «los hijos de Dios y los hijos del diablo» (1 Juan 3.10; 5.18-20).

El Señor Jesús amplió su enseñanza acerca del estado demoníaco de los incrédulos al declarar tres veces que Satanás es «el príncipe de este mundo» (Juan 12.31; 14.30; 16.11). En su comisión redentora a Saulo, que llegaría a ser el apóstol Pablo, el Señor habló de nuevo sobre la esclavitud satánica de la humanidad, tanto de judíos como gentiles, que no creían en Él:

[ … ] librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados (Hechos 26.17-18).

Sin embargo, el apóstol Pablo quien desarrolla este tema del lado oscuro y demoníaco de la naturaleza humana quizás más que el resto de los escritores del Nuevo Testamento juntos (1 Corintios 10.20-21; 2 Corintios 4.3-4; Efesios 2.1-3; Colosenses 1.13-14; 2.8, 20; 2 Tesalonicenses 2; Hebreos 2.14-15). Incluso si Pablo no lo hubiera mencionado en Efesios 2, tendríamos base suficiente para preocuparnos por aquellos que no están en Cristo. Allí el apóstol declara de manera enfática que «el príncipe de la potestad del aire» (ningún erudito bíblico prestigioso cuestiona que se está refiriendo a Satanás) es «el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia» (v. 2). Adam Clark comenta que:

las operaciones del príncipe de los poderes del aire no se limitan a esa región, sino que tiene otra esfera de acción, a saber, el perverso corazón del hombre, donde obra con energía. Pocas veces inspira indiferencia hacia la religión; los individuos en quienes actúa o son adversarios decididos de la religión verdadera, o transgresores sistemáticos y enérgicos de las leyes divinas.

Hijos de desobediencia. Tal vez un hebraísmo que significa hijos desobedientes; pero tomado como se hace aquí, es una expresión fuerte en la que la desobediencia [ … ]parece estar personificada; y los hombres perversos son presentados como sus hijos. El príncipe de la potestad del aire es el padre de ellos, y la desobediencia su madre. De modo que son, enfáticamente, lo que el Señor dice en Mateo 13.38: hijos del malo, ya que manifiestan ser de su padre el diablo porque las obras de su padre quieren hacer (Juan 8.44).

Y Calvino añade sus propias palabras con características exactas:

[Pablo] explica que la causa de nuestra corrupción es el dominio que el diablo ejerce sobre nosotros. No hubiera podido pronunciarse una condenación más severa de la humanidad[ … ] No hay oscuridad alguna en el lenguaje del apóstol[ … ] Aquí se declara que todos los hombres que viven según el mundo, es decir, siguiendo las inclinaciones de la carne, pelean por el reino de Satanás.

2 Corintios 4.3-4

Si añadimos a esto la descripción que Pablo hace en 2 Corintios 4.3-4 de la causa sobrenatural de la incredulidad de los perdidos, no erraremos al hablar de la potencialidad para endemoniarse que tienen los no creyentes.

Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.

El tratamiento que Calvino hace de este pasaje no se aplica sólo al incrédulo de los tiempos de Pablo, sino a todos los maniqueístas que perturbaban en gran manera a la iglesia con su doctrina de los dos principios: uno bueno y primero, Dios, y otro malo, Satanás; algo muy parecido a las caras positiva y negativa del primer principio llamado «la Fuerza» en la moderna cosmología de la Guerra de las Galaxias. Los maniqueíistas utilizaban la descripción que Pablo hace de Satanás como ho theós, «dios», para apoyar su herejía.

Calvino, al comentar 2 Corintios 4.4, escribe: «En resumen: que la ceguera de los incrédulos no resta nada a la claridad del evangelio, ya que el sol no es menos resplandeciente porque el ciego no perciba su luz». Luego continúa diciendo:

Al diablo se le llama el dios de los perversos debido a que tiene dominio sobre ellos, y le adoran en vez de a Dios[ … ] a Satanás se le adscribe el poder de cegar y el dominio sobre los incrédulos[ … ] El sentido que le da Pablo[ … ] es que todos aquellos que no reconocen que su doctrina es la verdad segura de Dios, están poseídos por el diablo … [son] esclavos del diablo.

Comentando el mismo versículo, Lewis Sperry Chafer dice: «A Satanás se le llama “el dios de este siglo” (2 Corintios 4.4) y se le atribuye autoridad sobre el mundo hasta el punto que da sus reinos a quien quiere (Lucas 4.6)».

Michael Green, por su parte, incluye al mundo y a la carne junto al poder de Satanás cuando dice que la atracción de este mundo es tan poderosa, tanto sobre creyentes como sobre incrédulos, que sólo «el Espíritu del Señor dentro de nosotros es una fuerza mayor que el mundo y puede preservarnos de su tirón hacia abajo. El diablo, se nos recuerda, trata de hacer que andemos “siguiendo la corriente de este mundo” (Efesios 2.2). Después de todo, es “el dios de este siglo” (2 Corintios 4.4)».

En The Bondage Breaker [La esclavitud rota], Neil Anderson escribe acerca de:

[ … ] la condición de ceguera en que el diablo ha puesto a los incrédulos (2 Corintios 4.3-4). La gente no puede venir a Cristo a menos que se abran sus ojos espirituales. Theodore Epp escribía: «Si Satanás ha cegado y atado a hombres y mujeres, ¿cómo podemos conseguir que se salven? Aquí es donde usted y yo entramos en escena. Despojar al hombre fuerte de sus bienes tiene que ver con la liberación de aquellos a quienes Satanás ha cegado y mantenido atados[ … ] es ahí donde entra la oración.

Tom White habla de los tres niveles de guerra espiritual: el cósmico, el de los redimidos y el de los incrédulos, que es el nivel de cual nos ocupamos en este capítulo.

Es el diablo quien promueve la desobediencia al evangelio y quien mantiene a los incrédulos en oscuridad y muerte espirituales. Por lo tanto, la encomienda de Jesús a Pablo tiene sentido: «Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados[ … ]» (Hechos 26.18).

En su clásico What Demons Can Do to Saints [Cómo afectan los demonios a los santos], el fallecido Dr. Merrill F. Unger sacó a la luz aspectos nuevos en el terreno de la demonología bíblica y de la polémica área de la demonización (la cual, por desgracia, a menudo denominaba «posesión demoníaca») de algunos creyentes.

Los demonios atacan a la mente para conseguir entrar en la vida de las personas. Satanás ciega a los inconversos apartándolos de la luz del evangelio (2 Corintios 4.3-4). Para resistir a la influencia demoníaca debe [uno] tener cuidado con lo que lee y con el tipo de televisión que ve[ … ] Si no actúa con precaución, la influencia demoníaca puede irse convirtiendo en obsesión maligna, y de no atajarse la misma, es posible que se efectúe finalmente la invasión de los demonios.

Pocos creyentes con un alto concepto de la Escritura tienen serias objeciones al leer estas palabras, ya que este estado de servidumbre, esclavitud e incluso control parcial del diablo es bíblico. Pero basta con que un evangelista, maestro, consejero y «ministro de liberación» como yo, o algunos de mis colegas, saquemos el tema del estado de demonización potencial de los incrédulos, para que la gente se ponga nerviosa. Una de las razones es que equiparan esto con la posesión demoníaca.

Cómo invertir una práctica desafortunada

Resulta difícil decir cuándo empezaron a aparecer las expresiones posesión demoníaca y poseído por demonios en las traducciones de la Biblia. Es obvio que los traductores escogieron tales términos al tratar de describir estados más avanzados de demonización que se dan en las Escrituras. Tal vez esa práctica proceda de la Vulgata Latina, que utiliza ambas. La versión inglesa King James, realizada en el siglo diecisiete, las emplea también, al igual que la New American Standard y muchas otras. Sin embargo, algunas como la Reina-Valera, revisión de 1960, han escogido sabiamente términos o expresiones más neutrales como «endemoniado», «tener un espíritu malo» o «estar bajo el poder de demonios». Estas traducciones del griego son mucho más exactas que «poseído por demonios» o «posesión demoníaca».

Quizás ninguno de los traductores de la Biblia tenía experiencia personal alguna con los endemoniados; su información acerca de cómo se produce la demonización era escasa e inexacta; y desconocían el verdadero impacto de la misma en la vida de sus víctimas. Además, dichos traductores se hallaban muy alejados del contexto bíblico.

Como sucede desde los tiempos bíblicos, tal vez ha habido muchos casos de demonización de un grado no tan avanzado como aquellos mencionados en la Escritura. En el Nuevo Testamento no se aclara qué tipo de ministerio recibían esas personas.

Teólogos, eruditos bíblicos, comentaristas, predicadores, evangelistas y misioneros han seguido durante siglos la práctica de la versión King James en su uso de las expresiones «posesión demoníaca», «poseído por demonios» e incluso «poseído por el diablo». Estos términos han sido casi universalmente utilizados para referirse a los casos más graves de invasión de espíritus extraños en los seres humanos.

También ciertos libros y artículos que describían la liberación de una demonización grave han empleado los mismos términos. Esto queda patente en Demon Possession [Posesión demoníaca], editado por J. Warwick Montgomery, que contiene las principales disertaciones presentadas en el «Simposio teológico, sicológico y médico sobre los fenómenos calificados de demoníacos», patrocinado por la Christian Medical Society [Sociedad Médica Cristiana] en la Universidad de Notre Dame, del 8 al 11 de enero de 1975.

En realidad «posesión demoníaca» causa más sensación que «demonización», pero debemos renunciar al sensacionalismo. Tal cosa nos entristece. No hay lugar en este ministerio para el teatro, los espectadores o los montajes escénicos. A menudo, la liberación es un trabajo difícil, incluso angustioso, pero necesario para extender la misericordia de Dios a aquellas personas heridas y afligidas por demonios.

Creo que Satanás está contento con las expresiones «poseído por el diablo», «poseído por demonios» y «posesión demoníaca». Estas exageran su poder y degradan a los seres humanos. A Satanás le encanta eso. Quiero engrandecer el poder de Dios y degradar a Satanás. ¿Por qué no adherirse a la causa y desechar de una vez por todas la expresión errónea «posesión demoníaca»? Creo que eso será realmente un golpe sicológico al reino del diablo y también ayudará a los afligidos por demonios.

Por fortuna, la práctica de utilizar tales términos está en proceso de revisión gracias a los nuevos estudios histórico-contextuales de la Escritura y a las renovadas experiencias con los endemoniados.

Probablemente no me equivocaría si dijera que la presente generación de líderes cristianos es tal vez la primera en muchos siglos, puede que sea desde los días de San Agustín y los primeros misioneros, que irrumpe en un ministerio agresivo a los endemoniados, tanto creyentes como incrédulos.

Esta renovada experiencia en tratar casos graves de demonización con diversos tipos de choques de poder y experiencias de liberación a lo largo de varios años, ha hecho que miles de nosotros, que contamos con educación teológica, consideráramos otra vez nuestra interpretación de la satanología y la demonología bíblicas. Como resultado de ello, hemos descubierto que ciertas dimensiones de nuestra teología tradicional del campo sobrenatural maligno son inexactas, tanto bíblica como históricamente.

Como señala el Dr. Timothy Warner, la mejor palabra para referirse a todas las formas de invasión, vinculación o control parcial de una vida humana por los demonios es demonización y no posesión demoníaca.

Obtuvimos nuestro término inglés demon (demonio) trasliterando la palabra griega daímon. Deberíamos haber hecho lo mismo con el vocablo daimonízomai, una forma verbal de la misma raíz griega. El resultado en inglés sería demonize (endemoniar) y así podría hablarse del grado en que una persona puede estar endemoniada, en vez de vernos limitados a las opciones mutuamente excluyentes impuestas por la postura del «poseído»-«no poseído»[ … ] Un cristiano puede ser atacado por demonios y verse afectado mental y a veces físicamente en niveles importantes[ … ] pero posesión espiritual implica propiedad y parecería incluir el control del destino eterno de la persona. En cualquier caso, sería imposible ser propiedad de Satanás, estar bajo su control y a la vez tener una relación con Cristo como Salvador. De modo que la pregunta es: ¿Puede un cristiano estar poseído por demonios? La respuesta más clara es no.

Unger define la demonización como «estar controlado por uno o más demonios». Por definición podemos decir que es «estar bajo el control parcial de uno o más demonios».

Los cristianos pueden estar endemoniados, pero no poseídos por demonios. Sin embargo, la cuestión se debe llevar aún más lejos: ¿Pueden los incrédulos estar realmente poseídos por demonios? ¿Existe la posibilidad de que se encuentren dirigidos por Satanás y sus espíritus malos de modo que no tengan ningún control sobre sí mismos ni responsabilidad alguna por sus acciones? No lo creo.

Un vistazo a los términos bíblicos

Las principales palabras bíblicas utilizadas con relación a la demonización son, en primer lugar, los sustantivos griegos daímon y daimónion, ambos traducidos por «demonio». También se utilizan para referirse a los dioses paganos quienes, como enseñan las Escrituras, son demonios y no Dios (Deuteronomio 32.17; 1 Corintios 10.20-21; Apocalipsis 9.20).

El siguiente sustantivo es pneuma, «espíritu», utilizado en este caso para indicar uno demoníaco. A menudo va acompañado del adjetivo akáthartos, «inmundo», o ponerós, «malo». «Espíritu inmundo» es un título corriente para los demonios en Marcos, Lucas, Hechos y Apocalipsis (Marcos 1.23, 26-27; 3.11, 30; 5.2f; 6.7; 7.25; Lucas 4.33, 36; 6.18; Hechos 5.16; 8.7; Apocalipsis 16.13; 18.2). «Espíritu malo» aparece en 1 Samuel 16.14-16, 23; 18.10; 19.9; Lucas 7.21; 8.2; Hechos 19.12-13, 15-16).

En cierta ocasión encontramos la frase única «tenía un espíritu de demonio inmundo», échon pneuma daimónion akátharton (Lucas 4.33). A continuación tenemos el adjetivo daimoniódes. Sólo se utiliza en Santiago 3.15. Vine dice que «significa procedente de o parecido a un demonio, “demoníaco”». Desgraciadamente la Reina Valera de 1960 lo traduce por «diabólica», cuando en realidad es «demoníaca».

Una de las palabras más importantes utilizadas para describir la acción de un demonio dentro de un ser humano es daimonízomai. En sus primeros escritos, el Dr. Merrill F. Unger traducía la palabra por «poseído por el demonio». En What Demons Can Do to Saints, Unger admitía sin embargo que esa no es su mejor traducción. «Daimonízomai [significa] “estar endemoniado”, es decir, bajo el control de uno o más demonios … Toda invasión demoníaca es demonización sea cual fuere su grado de levedad o gravedad».

Luego está échei daimónion, «tener demonio» (Lucas 7.33; Juan 7.20). Esta expresión, junto con endemoniado son quizás los mejores términos en castellano para referirse a aquellos que han sido invadidos por espíritus malos.

Por último, tenemos el participio daimonizómenos, utilizado unas doce veces en el Nuevo Testamento griego. C. Fred Dickason dice al respecto:

Se utiliza sólo en presente, para indicar el estado continuo de una persona poseída por un demonio o endemoniada[ … ] La raíz del participio significa «una pasividad causada por demonios», lo cual indica un control distinto al de la persona que está endemoniada[ … ] Se le considera como el recipiente de la acción del demonio.

Una última razón para desechar la expresión posesión demoníaca es que el estado de hallarse completa, continua y totalmente poseído o controlado por demonios sería muy, muy raro, si es que existe. Tales personas no serían en absoluto responsables de ninguno de sus actos, ya que los demonios las poseerían y controlarían en todo momento. Las Escrituras nunca responsabilizan de toda la maldad humana a Satanás y sus demonios. Las personas son siempre responsables de sus acciones. No obstante, a los individuos gravemente afligidos durante un largo período por demonios tan poderosos les resulta muy difícil controlarse cuando se manifiestan, y llegan a lo que los sicólogos llaman «capacidad disminuida». Marcos 5 es un caso típico, aunque el capítulo 9 y Lucas 5 aportan detalles adicionales al relato.

De modo que los términos que propongo benefician a nuestro ministerio en el evangelio de varias formas: se ajustan más a las palabras bíblicas y no introducen ideas ajenas a la Escritura; preservan la dignidad de los que sufren la demonización; ayudan a reconocer y comprometerse en un frente más amplio de la guerra espiritual, al superar la dicotomía del todo o nada que transmite la etiqueta de posesión demoníaca.

En cierta ocasión trajeron a mi consulta a un joven luchador de aspecto salvaje. Mientras trataba de guiarle a Cristo me percaté de que estaba endemoniado, pero no intenté el contacto con los demonios. Sólo trataba de llevarlo al Señor.

De repente, otra personalidad tomó control del joven, gritando, maldiciendo y amenazándonos a mí y a un amigo que nos acompañaba. El luchador era lo bastante grande y fuerte como para matarnos sólo con las manos incluso sin tener ningún demonio. Impuse mi autoridad sobre los espíritus y les prohibí que nos hicieran daño. Entonces se volvieron contra su víctima, el luchador, y utilizando sus propias manos intentaron estrangularle. Sin gran esfuerzo, dando una orden, pude quitárselas de alrededor de su cuello, mientras pedía al Señor que enviara a sus ángeles para dominarle. Así lo hicieron y los demonios se encontraron impotentes para seguir dañándole.

El joven quería ser libre, no obstante tuvo gran dificultad para recuperar el control de sí mismo. Necesitó mi ayuda y la de los ángeles de Dios para mantener bajo sujeción a las destructivas personalidades que rugían en su cuerpo. Como en el caso del endemoniado gadareno de Marcos 5, tenía poco control sobre sus acciones cuando se manifestaban los demonios.

La demonización y la responsabilidad individual

El sicólogo Rodger K. Bufford habla de un estado de «aptitudes mentales y volitivas disminuidas» que existe no sólo en algunos casos de disfunciones cerebromentales sino también en casos graves de demonización. En dicho estado, el individuo no sólo puede perder el control cuando los demonios lo toman, sino llegar a una incompetencia mental de tal grado que sea incapaz de buscar ayuda, ni incluso darse cuenta de que la necesita. Bufford compara la capacidad disminuida de los endemoniados graves con la de aquellos que abusan del alcohol, en particular de «los que tienen una predisposición genética al alcoholismo [y] pueden ser incapaces de dejar de beber así como ver disminuida su capacidad de pensar racionalmente o actuar con moralidad». Sin embargo, concluye que esas personas endemoniadas siguen siendo responsables ya que:

[ … ] han llegado a ese estado a través de una diversidad de decisiones conscientes que implicaban escoger la influencia de demonios sobre su vida. El cristiano, habitado por el Espíritu Santo, pertenece al reino de Dios, está protegido de la posesión y tiene los recursos, mediante el cuerpo de Cristo y el poder del Espíritu de Dios, para resistir los esfuerzos de Satanás (Efesios 2.1-6; 6.12-18; Colosenses 1.13-14).

Respaldo en general los comentarios de Bufford, aunque no puedo estar de acuerdo con él en este último párrafo. La mayoría de los individuos no desean «la influencia de demonios sobre su vida». Esto resulta cierto, especialmente, si han estado endemoniados desde la tierna infancia o la niñez. Sin embargo, es verdad que Dios aún los considera responsables de todas sus decisiones. Los seres humanos, aunque caídos, llevamos todavía la imagen de Dios y, como tales, tenemos el derecho y la capacidad de impedir la entrada de demonios en nuestras vidas si sabemos lo que está ocurriendo.

El caso de Thadius

Cuando trabajaba como profesor adjunto de Estudios Interculturales en la Universidad Biola y el Seminario Teológico Talbot, mi esposa Loretta y yo éramos de vez en cuando invitados al banquete anual de graduación de los alumnos del último curso.

Un año, estábamos sentados en una mesa redonda con una docena de estudiantes, la mayoría de los cuales sabían acerca de mi ministerio de orientación-liberación, y uno de ellos preguntó:

-Dr. Murphy, ¿ha tenido usted algunos casos poco comunes de encuentros demoníacos en estos días?

-Pues sí -contesté-. Hace unas pocas horas. He tenido que darme prisa para llegar a tiempo para el banquete.

-Por favor -pidieron varios-, díganos lo que sucedió.

Les conté algunos de los sucesos que me habían llevado a un choque de poder a primera hora de la tarde. Se trataba de la tercera sesión con una joven de la que ya habían sido expulsados varios demonios. Aquella tarde mantuve la manifestación de uno de ellos en la presencia de Dios y del grupo de liberación. Era un demonio débil y temeroso que se llamaba a sí mismo Miedo.

Le obligué a delatar a toda la jerarquía demoníaca que actuaba en la mujer y en su familia. (He aprendido a impedir que los demonios me mientan, de modo que la veracidad de sus declaraciones en cuanto a otros espíritus malos fue después comprobada.) Mientras trabajaba con Miedo, que continuamente me rogaba que le mandara salir porque tenía terror de los otros demonios, un espíritu distinto se manifestó con tal descaro y arrogancia que nos quedamos perplejos por un momento. Salió de repente a la luz y me gritó:

-¡Me llamo Thadius y soy el jefe! ¿Qué estás haciendo? ¿Tratas de destruirnos?

-No, todavía no -respondí-. No antes de que el Señor me mande deshacerme de vosotros. Entonces será Él quien os destruya y no yo. Te ordeno que calles. No dirás ni una sola palabra, sino que simplemente contestarás a mis preguntas con la verdad.

Luego seguí el proceso de asegurarme lo más posible de que sus respuestas fueran ciertas. Lo que los demonios revelan por voluntad propia puede no ser verdad, pero lo que se ven forzados a revelar, por lo general, sí lo es. Esta es la razón por la que no permito a los demonios que dirijan ningún tipo de conversación. Soy siempre quien la dirige en la autoridad del soberano Cristo.

-¿Quién eres? -pregunté.

-Me llamo Thadius y soy el jefe -respondió el demonio.

-Pensé que el que mandaba era Mentiroso.

-Sí, lo era -repuso-. Pero le expulsaste ayer y ahora soy el jefe.

-¿No te entristece que Mentiroso, ese vigoroso demonio, haya salido?

-No, porque ahora soy yo quien manda -se pavoneó.

Thadius era uno de los demonios más arrogantes que jamás haya tratado. El concepto que tenía de su propia importancia y del mando impregnaban la atmósfera, contrastando con el gimoteo de Miedo. Enseguida tuve que demostrar mi autoridad sobre él, de otro modo hubiera impuesto su dominio sobre mí y sobre toda la sesión. Cuando vio que no me intimidaba, empezó a obedecer cada una de mis órdenes, pero siempre con actitud desafiante y con arrogancia.

Conocimiento y resistencia eficaz:

Por qué es el engaño la estrategia clave del diablo

-Ah, yo conozco a Thadius -dijo una joven sentada al otro lado de la mesa.

El muchacho que estaba a su lado era uno de mis alumnos. Procedía de un hogar judío. Y me dijo:

-Dr. Murphy, perdone que no le haya presentado a mi esposa Ruth. Ella también es de familia judía y tuvo algunos problemas con demonios antes de convertirse a Cristo.

-Ruth, has dicho que conoces a Thadius. Cuéntanos tu historia -le pedí.

-Hace varios años, antes de creer en Jesús como el Mesías, estaba comprometida con un joven que tenía relación con algún tipo de secta; algo como brujería o parecido a esta . Intentaba convencerme para que aceptara sus espíritus en mi vida. Decía que si íbamos a casarnos teníamos que creer las mismas cosas y que su principal espíritu guía se llamaba Thadius.

»Como soy judía me causaban problema sus palabras, y aunque creía que le amaba y quería ser una con él en el matrimonio, aquel asunto de los espíritus guías me inquietaba.

»Cierta noche, ya acostada, luchaba con todo aquello cuando me di cuenta de que había otra presencia en la habitación. No sé cómo sucedió, pero se me apareció un espíritu. Se llamaba a sí mismo Thadius, y me dijo que quería entrar en mi vida y hacerme una sola persona con mi prometido.

»Me sentí aterrorizada y de repente me percaté de lo que sucedía. Recordé mis conocimientos del Antiguo Testamento y a los espíritus malos del paganismo que habían turbado a mi pueblo. Quería que aquello se fuera de mí, y súbitamente me encontré gritando en alta voz: “En el nombre del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, te digo que no quiero tener nada que ver contigo, espíritu malo. Vete de mi vida y no vuelvas”.

»Desapareció de inmediato y no volvió nunca más. No sé quién es Thadius -expresó la joven -, pero sí que se trata de un espíritu religioso maligno.

Este relato ilustra mi argumento de que incluso alguien como Ruth, que en ese tiempo no creía en Jesús como Cristo y Señor, puede resistir la entrada de demonios en su vida si sabe lo que está ocurriendo.

De nuevo, esta es una de las razones por las cuales la principal estrategia del diablo es el engaño. Por lo general, los demonios, que son «diablos», en el sentido de que poseen la naturaleza de Satanás y están totalmente identificados con su causa, no utilizan una aproximación tan atrevida como la que empleó Thadius con Ruth. Es una evidencia adicional de que aunque Satanás y sus ángeles caídos poseen una sabiduría que no tiene el hombre, están lejos de ser omniscientes. A menudo meten la pata, como le pasó a Thadius. Por cierto que en ocasiones parecen bastante estúpidos.

Ruth, una mujer creada a imagen de Dios, pudo impedir la entrada de Thadius en su vida. Y esto tal vez sea cierto en cualquier ser humano normal con una mente lógica, ya sea adulto, joven e incluso niño, si ha recibido enseñanza del mundo espiritual; de otro modo los niños, a causa de su inocencia y pasividad, resultan más susceptibles de ser invadidos por demonios que los adultos.

De manera que nadie puede decir ingenuamente: «El diablo me obligó a hacerlo». Sin importar de qué manera logren los demonios entrar en la vida de las personas, ya sea en la tierna infancia o la edad adulta avanzada, la Biblia siempre las considera responsables de sus acciones. Por mucho control que los demonios ejerzan sobre sus víctimas, en determinado momento estas tuvieron la suficiente autoridad para resistir a sus deseos perversos. A más de un demonio le he oído decir mientras sale: «Mejor es que me vaya. De todas formas ya no me escucha … »

Por esta razón, resulta decisivo que en el consejo impartido antes del momento de la liberación las personas que nos consultan comprendan bien por lo menos dos cosas: una, que si de verdad tienen demonios, deben reconocerlo; y la segunda, que poseen autoridad sobre ellos. Deben aprender la diferencia que existe entre sus pensamientos y el de los espíritus que moran en ellos. Cuando reconoce cuáles son de cada quien, los demonios, que han ocultado su presencia hasta ese momento, quedan expuestos y el control que tienen sobre determinadas áreas de la vida de sus víctimas se debilita.

La demonización y la evangelización

No sólo echo fuera demonios de la vida de los inconversos. En primer lugar trato de llevarlas a la fe en Jesucristo. Esa es mi misión. Jesús no dijo: «Id por todo el mundo y echad fuera demonios de toda criatura»; sino: «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura» (Marcos 16.15).

Si alguien se niega a venir a Cristo, ¿debo dejarle con sus demonios? Depende del caso. Hasta la fecha, en mi experiencia con sesiones de liberación personal, si va precedida de una orientación cuidadosa, el inconverso siempre vendrá a Cristo. No puedo recordar a nadie que se haya negado a hacerlo.

Sugiero que si a la persona le cuesta trabajo venir al Señor, quizás sea porque los demonios bloquean su mente, sus emociones y su voluntad. El consejero debe ir contra ellos y bien expulsarlos o atarlos para que no interfieran en el acto de fe del individuo. Por lo general se tratará de espíritus de confusión, incredulidad, anticristo, religiosos, de brujería, sexuales, de muerte, de rebeldía o cosas semejantes. Una vez anulada su actividad, la víctima puede fácilmente venir a Cristo si quiere. Esto se hace en el caso de los musulmanes, hindúes, miembros de sectas, satanistas, brujas y hechiceros, o quienquiera que sea.

Con mucha frecuencia, la batalla cuerpo a cuerpo más difícil que tienen que librar los consejeros es con esos demonios que bloquean al individuo. Por lo tanto, siempre que sea posible, debemos asegurarnos de la resistencia de la víctima y no abandonar hasta que cada uno de los espíritus malos hayan sido expulsados. En todos los casos hemos ganado esta batalla cuando las víctimas (que son quienes más sufren a menudo durante este tipo de confrontación) y el equipo de liberación han estado dispuestos a defender el frente hasta que se ha derrotado al enemigo. Si ello es posible sin que los demonios se manifiesten, y por lo general así sucede, mucho mejor.

Conclusiones

Las Escrituras describen a los inconversos como sigue:

1. Hijos del diablo (Mateo 13.37-39; Juan 8.44; 1 Juan 3.3-10a).

2. Están en el reino de Satanás (Colosenses 1.12-14).

3. Atados por el diablo (Hechos 26.18).

4. Cegados por Satanás de manera que no pueden recibir por sí mismos el evangelio (2 Corintios 4.3-4; para comprender su origen véase 2 Corintios 3.14-15).

5. Están en poder del maligno (1 Juan 5.19), «en sus garras y bajo su dominio[ … ] dormidos en los brazos de Satanás», afirma John R. W. Stott.

6. Son propiedad del diablo (Mateo 12.22-29).

7. Se hallan esclavizados a un sistema mundial controlado por Satanás (Juan 12.31; 14.30; 16.11; 1 Juan 5.19).

8. Entregados al príncipe de la potestad del aire: «Su vida es activada por el poder sobrenatural del mal», afirma un comentarista (Efesios 2.2).

Cuatro conclusiones

A la luz de estas declaraciones escriturales, sacamos la siguiente conclusión cuádruple en cuanto a la situación de los redimidos y de la guerra a la que nos enfrentaremos para traerlos a la fe en Cristo:

1. Los incrédulos están espiritualmente «perdidos» sin la fe en el Señor Jesucristo (Juan 14.6; Hechos 4.12; 26.18; Romanos 1.3).

2. Los incrédulos están potencialmente endemoniados en un grado u otro. No afirmo que los demonios han sido capaces de invadir la vida de todos los inconversos. Pienso que en la mayoría de los casos querrían hacerlo si pudieran, pero no pueden. Aquí encaja lo que hemos dicho acerca de los seres humanos como portadores de la imagen de Dios y, por lo tanto, capaces de impedir la entrada a los espíritus malos.

Lo que sí afirmo es que, ya que están espiritualmente perdidos y pertenecen a Satanás, podrían llegar a estar endemoniados. Debemos estar alerta en cuanto a la posible vinculación de los demonios a la vida de los no cristianos, aunque no manifiesten las disfunciones de la personalidad normalmente asociadas con la demonización.

3. Nuestro ministerio de evangelización mundial incluye la dimensión de la guerra espiritual.

4. Esta dimensión, en el testimonio cristiano , surge de la resistencia al reino de las tinieblas a cada paso que damos para ganar almas para Cristo y traerlos bajo el gobierno de Dios (Daniel 10.10-21; Hechos 13.6-12; 16.16-24; 19.11-18).

Por lo tanto, debemos comprender el mundo espiritual como nos enseñan las Escrituras (2 Corintios 2.11). No hemos de ignorar las maquinaciones de Satanás, ni contra los creyentes ni contra los incrédulos. Debemos aprender a desafiar, mediante la oración, la Palabra hablada y una fe firme, a los principados y las potestades que imperan sobre los seres humanos individuales, las sociedades y las regiones del mundo (Efesios 3.10; 6.12-18; Apocalipsis 12.11).

Ministrar eficazmente a las personas influenciadas por demonios exige que creamos que el campo sobrenatural del mal ya ha sido derrotado. Satanás y sus demonios han sido destronados de su posición de autoridad en los lugares celestiales gracias a la actividad redentora de Cristo.

El tema clave: la autoridad

El tema básico en la guerra espiritual es el de la autoridad. Tal vez por esta razón nuestro Señor la declaró de manera absoluta en los cielos y en la tierra, así como en su continua presencia con sus discípulos, antes de enviarlos a la evangelización mundial (Mateo 28.18-20). Una paráfrasis de lo dicho por el Señor en Mateo 28.18 podría ser: «Hay poderes, tanto en el cielo como en la tierra, que os opondrán cuando tratéis de llevar adelante mi misión redentora. ¡Tened ánimo! Se me ha dado autoridad absoluta y total sobre los seres cósmicos que están en los cielos, y sus agentes humanos que os resistirán en la tierra. Ninguna autoridad es mayor que la mía: Yo soy el Señor del cielo y de la tierra. Por tanto, podéis ir y ser capaces de hacer discípulos de todos los grupos sociales de entre las naciones de la tierra».

Otra paráfrasis del versículo 20b, sería: «Quiero daros todavía otra palabra de aliento: cuando tratéis de cumplir mi mandato redentor seréis coronados con el éxito. Aunque tengáis que enfrentaros al poder celestial maligno y al terrenal que se os opondrá y os acosará, ¡animaos! Yo, vuestro Señor y Señor del universo, estaré con vosotros; porque por medio de mi Espíritu me encontraré siempre en vuestro interior (Juan 15-17; Hechos 16.6-7; Romanos 8-9; Gálatas 4.6), hasta el final mismo de esta era de redención».

Nuestra autoridad es delegada

La autoridad que tenemos es delegada. En Lucas 10, Jesús la da a todos sus discípulos de manera total, sobre cada una de las dimensiones del área sobrenatural del mal, no sólo a los doce apóstoles (Lucas 10.1, 17-19). Se desconoce la identidad de los setenta. Aquel grupo de hombres era lo suficientemente grande como para que el Señor los formara y los supervisara, y ya que es la única referencia que se hace a ellos, es de suponer que no abandonaron los trabajos que tenían ni sus hogares para seguir a su Maestro -como sucedió con los doce-. Hoy en día los llamaríamos laicos.

Calvino sugiere que, al igual que los doce simbolizan a las tribus de Israel, los setenta representan a los ancianos escogidos por Moisés para ayudarle a administrar los asuntos del pueblo, y que más tarde constituirían el consejo judío de los setenta: el Sanedrín.

El Señor Jesús los designó junto con los doce. Se les denomina «otros setenta», y fueron enviados «de dos en dos» para seguir el modelo que Jesús había establecido con anterioridad para los doce apóstoles (Marcos 6.7; 11.1; 14.13). Este modelo de ministerio en equipo tenía un sólido precedente histórico en el Antiguo Testamento.

Antecedente bíblico del ministerio en equipo

Cuando Dios estableció sus leyes para el pueblo de su pacto, el principio que dio fue: «Por el testimonio de dos testigos». El castigo nunca había de aplicarse sobre la evidencia de una sola persona (Deuteronomio 17.6; 19.15; 1 Timoteo 5.19). Ese principio pronto se convirtió en: «Por boca de dos o tres testigos se decidirá todo asunto» (2 Corintios 13.1; cf. Mateo 18.16). Dios dijo que por su poder «uno [haría] huir a mil y dos a diez mil». El escritor de Eclesiastés lo reforzó al decir: «Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante[ … ] Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán» (Eclesiastés 4.9-12). Sin embargo, Amós aportó un requisito necesario para este ministerio en equipo: «¿Andarán dos juntos [se pregunta] si no estuvieren de acuerdo?» (Amós 3.3).

Jesús reveló la autoridad espiritual que respaldaba a dos hombres piadosos que estuvieran de acuerdo, cuando dijo: «Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mateo 18.19-20). A los profetas cristianos se les enseña a hablar dos o tres en cada culto y que «los demás juzguen». Finalmente, cuando lleguen los últimos días del testimonio de Dios sobre la tierra, él levantará a dos testigos -no a uno solo- que hablarán su palabra y manifestarán su poder delante de las naciones (Apocalipsis 11.1ss). Es obvio que Dios no llama ni envía por lo general a llaneros solitarios que sean ley para sí mismos. Y esto ciertamente ha demostrado ser así en un ministerio de guerra espiritual. Siempre llama a hombres para que trabajen en equipo, aunque, como en el caso del apóstol Pablo, uno sea el líder más destacado del mismo (Hechos 13-28). Resulta interesante observar a Pablo en su función de líder de grupo. Sin duda alguna, era el jefe, no obstante, en ciertas crisis, cuando su equipo tuvo que ejercer el liderazgo, lo hizo. Se sometió al consenso del grupo (Hechos 19.30-31).

Jesús envió a sus discípulos «de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde había de ir». Tenían que ser sus heraldos, para preparar el camino para su llegada. No es de extrañar que se toparan inmediatamente con la guerra espiritual (vv. 17-20).

Aunque los setenta no eran apóstoles, dicho en las acertadas palabras de Calvino, fueron «sus heraldos secundarios». A ellos, y no a los doce, dio Cristo aquella revelación general y autorizada sobre la guerra espiritual.

Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará (Lucas 10.18-19).

Demonización, responsabilidad y autoridad: La historia de Pat

Todos tenemos la autoridad «sobre toda fuerza del enemigo» prometida por nuestro Comandante en Jefe en el versículo 19. En su nombre, es decir en su autoridad, también podemos exclamar: «Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre» (v .17).

Mi hija Carolyn vivía en casa y asistía a la universidad, como era nadadora, pasaba las tardes en la piscina. Allí conoció a un joven que estaba en el equipo de natación de la facultad y un día me habló de él.

«Papá», dijo, «en la facultad he conocido a un chico guapo y simpático que se llama Pat. Está en el equipo de natación. He tratado de hablarle de Cristo, pero dice que es ateo. Sin embargo, es uno de los chicos más rectos que jamás he visto: Nunca maldice, su conversación es siempre irreprochable y es un perfecto caballero con las chicas. Me gustaría ganarle para Cristo. ¿Podríamos orar todos por su salvación?»

Desde luego accedimos. Las semanas pasaron y la resistencia espiritual de Pat seguía invariable. Estaba dispuesto a hablar de Dios y de Cristo, pero no tenía ningún interés en ello. Sin embargo sí estaba interesado en Carolyn.

Un día, nuestra hija nos preguntó si podíamos invitarle a ir con nosotros a la iglesia el domingo siguiente y luego a comer en casa. Así tendría la oportunidad de pasar un rato a solas con él y hablarle acerca de Cristo. Estuvimos de acuerdo. Dio la casualidad que aquel domingo tenía que dar la clase al grupo de universitarios de la Escuela Dominical y Pat asistió a ella. Era educado y parecía sentirse a gusto con los otros jóvenes estudiantes. Después de comer le pregunté si podíamos hablar a solas, a lo cual accedió gustoso.

Hablamos durante casi una hora, pero sin llegar a ninguna parte. Aunque escuchaba con atención y era muy cortés, mantenía su incredulidad en la existencia de un Dios personal.

-Me gustaría poder creer como usted y Carolyn, Dr. Murphy -expresó,- pero no puedo. No sé por qué, pero me es imposible. Todo me resulta muy confuso. Por lo general, no me cuesta reflexionar sobre las cosas, pero cuando se trata de Dios y de Cristo me quedo en blanco. No tiene ningún sentido para mí.

Más tarde le dije a Carolyn que la mente de Pat era como esa de la que habla el apóstol Pablo en 2 Corintios 4.4.

-El dios de este siglo -comenté- ha cegado su entendimiento hasta tal punto que no puede captar ni siquiera las cosas más elementales referentes a Dios, el hombre, el pecado, Cristo y la salvación. Jamás he tratado con nadie que fuera tan ciego a la verdad espiritual.

»Sé que te gusta. También a mí. Es un joven fino, amable y cortés. Pero a menos que su mente y su corazón se abran a Dios no tienes futuro con él. ¿No querrías pasar el resto de tu vida con un ateo?

Carolyn se mostró de acuerdo, pero decidió seguir testificándole. Me daba cuenta de que se sentía atraída por él, pero confiaba en que llegado el momento tomaría la decisión correcta.

Un par de meses después, me encontraba en un largo viaje por el extranjero, al llegar a Grecia había una carta de Carolyn esperándome. Fue una «bomba».

«Querido papá», me decía, «ha sucedido con Pat la cosa más asombrosa que uno pueda imaginarse. Después de irte empecé a apremiarle acerca de su necesidad de Cristo. Le dije que estaba cansada de sus razones intelectuales para declararse ateo, que yo era tan intelectual como él y, sin embargo, tenía a Jesús como la persona más real en mi vida.

»Le expliqué que su problema no era intelectual, sino moral y espiritual. Que era un pecador, pero demasiado orgulloso para reconocerlo y humillarse delante de Dios, confesar sus pecados y elegir la fe en Jesucristo como Señor y Salvador. Le dije que estaba cegado, confundido y atado por el diablo, y que tenía el deber de volverse contra él y creer a Dios.

»Me había enterado de que Pat procedía de un hogar con muchos problemas. Sus padres se habían separado cuando era adolescente. Quería mucho a su papá, pero no tenía respeto alguno por su mamá. Vio cómo su familia se desintegraba ante sus ojos. Poco después de la separación, su padre murió repentinamente de un ataque cardíaco y su madre mintió acerca de la edad de su hijo de sólo diecisiete años, por aquel entonces, y le alistó en el ejército para sacarlo de casa.

»Pat me preguntó: “¿Dónde estaba ese supuesto Dios tuyo cuando mi hogar se deshacía? ¿Qué clase de Dios es el que permite un mal semejante en el mundo?”

»Le dije que no tenía todas las respuestas para su enfado con Dios y con la vida, pero sí para su confusión. Y esa respuesta estaba en Cristo. Al final le expliqué que a menos que abriera su mente y su corazón, y diera a Dios una oportunidad, tendríamos que dejar de salir juntos. Mi novio tendría que amar a Cristo lo mismo que yo.

»Papá, estábamos sentados uno al lado del otro en un banco del parque Starboard, cerca de casa. Había llovido mucho la noche anterior, el suelo estaba mojado y con charcos de barro. Entonces, delante de mis ojos, sucedió lo más insólito que he visto en mi vida.

»El cuerpo de Pat se levantó en el aire y fue proyectado hacia atrás por encima del respaldo del banco. Cayó sobre un charco y rodó de un lado para otro hasta que estuvo todo cubierto de barro. De repente se levantó de un salto y empezó a dar brincos como un mono. Sus ojos estaban vidriosos y reflejaban odio hacia mí. Sacó la lengua, hizo un siseo y me escupió. Luego, de su garganta salió un torrente de juramentos y blasfemias completamente demoníacas.

»Papá, sabía que no era Pat quien me miraba con ferocidad, me escupía, nos maldecía a mí y a Cristo y saltaba a mi alrededor en el barro. Era un demonio.

»Intenté recordar todo lo que nos habías enseñado en cuanto al trato con los demonio<%1>s que se manifiestan, pero estaba sola y asustada. Empecé a citar la Palabra de Dios contra ellos y eso los enfureció todavía más. Oré, lloré y continué citando las promesas de protección del Señor para mí misma y de salvación<%1> para Pat mediante la sangre de Jesús<%1>. Aquello agitó de veras a los demonio<%1>s. Por último comencé a cantar ese coro de testimonio infantil que dice “Cristo me ama, bien lo sé”, cambiándole la letra y declarando por fe la salvación de Pat, ya que no podía hacerlo él mismo.

Cristo ama a Pat, bien lo sé; su Palabra me hace ver que Pat es de Aque[ … ]

»Mientras lo hacía, comencé a marchar en círculo alrededor de Pat, cantando con toda mi fuerza. Los demonios jamás me quitaron los ojos de encima, pero siguieron saltando en el barro mientras los rodeaba.

»Después de una hora así, estaba tan cansada que apenas podía caminar. Sabía que necesitaba ayuda. Recordé que dos de los líderes de nuestra misión, los cuales tenían experiencia con demonios, vivían cerca, de modo que me metí en el coche de un salto y fui a buscarlos. Gracias a Dios que ambos estaban en casa y accedieron a volver conmigo para ayudarme a liberar a Pat.

»Cuando llegamos al parque, Pat no estaba allí. Vive en un piso no demasiado lejos, de modo que fuimos a su casa. Al llegar, encontramos la puerta abierta y a él sentado en el sofá, medio aturdido pero en su cabal juicio.

»Los dos hombres oraron con él. Todavía quedaban algunos demonios, pero básicamente estaba libre.

»”Carolyn”, me dijo,” no recuerdo nada de lo sucedido desde que empezaste a hablarme con firmeza acerca de mi pecado de orgullo y mi necesidad de arrepentirme, humillarme y aceptar a Cristo como Señor y Salvador. De repente, todo se quedó en blanco. Lo siguiente que sé es que estaba sentado en un charco de barro del parque, cubierto de lodo y que te habías ido. No podía entender lo que me había sucedido ni por qué te habías marchado. Volví a casa completamente confundido.

»”Me quité la ropa sucia y comencé a ducharme. Al mirar hacia arriba para ajustar la ducha, tuve una visión: La cruz de Cristo aparecía superpuesta a la misma. De repente me sentí libre. Lo único que recorría mi mente era:

Cristo me ama, bien lo sé;

Su Palabra me hace ver[ … ]

»”Me confesé a Dios llorando y me escuchó. Clamé a Jesús” entró en mi vida y limpió todos mis pecados.

»”Ahora sé que hay un Dios y que Él es mi Padre. Sé que Jesucristo es real y que es mi Señor y Salvador”».

Aunque he contado esta historia docenas de veces, todavía me hace saltar las lágrimas y llena de alegría mi corazón. Cuando volví del extranjero pasé horas enteras con Pat en oración y estudio bíblico. Se había incorporado ya a un grupo universitario de cierta iglesia local y estaba testificando de Cristo.

¿Había estado endemoniado? Sí, de manera grave. ¿Cuándo salieron los demonios? No lo sé. Quizás en el parque, mientras Carolyn les mandaba que lo hicieran y proclamaba con un cántico la salvación de Pat por la fe. Lo he visto suceder de esa manera.

O tal vez salieran cuando el Señor vino a Pat en la ducha y, por primera vez en su vida, pudo creer y proclamar su propia salvación.

¿Fue aquel el último problema que tuvo Pat con demonios? No, le atacaron una y otra vez. Tenía que aprender la autoliberación continua. Le fue necesario acudir a cristianos más fuertes que él para recibir oración e incluso liberación suplementaria. La liberación es más un proceso que un suceso crítico para la mayor ía de las personas gravemente endemoniadas. Y así fue para Pat.

¿Cómo está Pat hoy en día? Lleva muchos años caminando fielmente con el Señor. Es un maravilloso esposo y padre, al igual que un líder de iglesia destacado y uno de mis más íntimos amigos cristianos.

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