Inicio > Sin categoría > La guerra espiritual en las epístolas y Apocalipsis

La guerra espiritual en las epístolas y Apocalipsis

48

Gálatas, 1 y 2 de Tesalonicenses

Antecedentes para interpretar las epístolas y

las cartas del Nuevo Testamento

Los evangelios y el libro de los Hechos presentan la vida y el ministerio de Jesús en forma de narrativa. Revelan a Cristo y a sus seguidores en situaciones específicas que involucran a otras personas, a Dios, a Satanás y a los demonios, como vimos con anterioridad.

En palabras de Lucas, los evangelios relatan «las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar» (Hechos 1.1). Aun cuando dice esto pensando en su evangelio de un modo específico, lo que escribe puede aplicarse a los cuatro sin excepción. Según expresa el mismo Jesús, los evangelios revelan la llegada del reino de Dios y la victoria inicial sobre el reino del diablo por medio de su propia vida y ministerio, así como del ministerio de sus discípulos. Ellos, al igual que Jesús, predicaron el evangelio del reino y ministraron en el poder del mismo, echando abajo el reino de Satanás (Mateo 4.23 con Marcos 1.14-39; Mateo 12.28; Lucas 9.1, 2 con Marcos 3.14, 15; 6.7-13, 30; Lucas 10.1-24).

La presencia del reino de Dios y el ministerio de los discípulos en su poder no disminuye con la muerte, el entierro, la resurrección y la ascensión de Jesús. En realidad no hace sino aumentar, como Cristo mismo había prometido (Juan 14-17). Por tanto, el lenguaje de Hechos 1.1 y el relato de Hechos 2-28 revelan que mientras los evangelios descubren lo que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, Él mismo y a través de sus discípulos, los Hechos (y las epístolas, como pronto veremos) muestran lo que el Señor sigue haciendo y enseñando mediante su iglesia por el poder del Espíritu Santo. Tanto unos escritos como otros revelan al reino de Dios en conflicto directo con el imperio de Satanás y desplazándolo sin cesar durante los restantes años del primer siglo. De modo que en Hechos se da un lugar prominente al reino de Dios (1.3; 8.4-8, 12; 14.22; 19.8; 20.24, 25; 28.23, 31) y al ministerio de su poder.

En nuestros estudios sobre Hechos hemos examinado algunos ejemplos escogidos del conflicto continuo que tuvo Jesús con los poderes del mal en la vida de la iglesia primitiva. Ahora vamos a ocuparnos de las epístolas, una sección del Nuevo Testamento que describe de manera bastante distinta las diversas dimensiones de la vida de los primeros cristianos. Aunque todos los libros del Nuevo Testamento se escribieron principalmente para creyentes, las epístolas tienen por tema «como vivir la vida cristiana y llevar a cabo un ministerio cristiano» bajo circunstancias diversas en el mundo del primer siglo. Los evangelios y los Hechos comparten también tienen este propósito. A los cuatro primeros libros los llamamos evangelios, «buenas noticias», principalmente porque muestran y cuentan las buenas nuevas de la salvación que trajo Jesús. Se trata de registros de la historia de la salvación, y como narrativas, al igual que los Hechos, relatan y dan abundantes cuadros de Jesús y sus discípulos, referentes a la acción evangelística y misionera.

Las epístolas, por el contrario, no son narrativas ni pretenden mostrarnos una sucesión de acontecimientos tal y como puede suceder en el telenoticiero de la noche. En vez de ello, se dedican a hacer comentarios específicos sobre aspectos concretos de las noticias, interpretando lo que ellas significan para creyentes que viven en determinados contextos culturales y sociales. De ahí la diferencia, por ejemplo, entre las cartas de Pablo a los Efesios y Colosenses y aquella dirigida a los creyentes de Filipos.

Las epístolas, por decirlo de alguna manera, son más parecidas a comentarios editoriales inspirados que se insertan en los boletines de noticias. En ellas no se nos cuentan directa ni completamente los argumentos, en cambio las experiencias específicas de los creyentes a quienes van destinadas forman parte de su antecedente. En otras palabras, Pablo contextualiza su enseñanza en todas sus epístolas para suplir las necesidades concretas de determinadas iglesias en un marco social cultural, y religioso dado.

Por tanto, siempre que leemos cualquier porción de las epístolas y tratamos de interpretar su significado, debemos tomar lo que dice en la superficie y añadirle aquello que creemos es su contexto para llegar a la conclusión correcta. Los comentarios y los diccionarios bíblicos nos ayudan a conocer algo del antecedente de un texto dado, de modo que resultan muy útiles. He utilizado muchos de ellos para escribir este libro.

Lo que estamos diciendo es muy importante para nuestro estudio de la guerra y del mundo espiritual en las epístolas, ya que las ideas que tengamos acerca de su trasfondo, tanto en general como en particular, influirán mucho en nuestra interpretación de cada una de ellas.

Vistas por encima, varias de las epístolas parecen no tratar de la guerra espiritual tan a menudo o de la misma forma que lo hacen los evangelios, sobre todo los sinópticos, o el libro de los Hechos. No contienen primeros planos de espíritus malos que están siendo expulsados ni de cristianos desobedientes que caen fulminados por el Espíritu (como en Hechos 5). Tampoco describen en detalle ninguna de las clases de choques de poder que hemos tratado en capítulos anteriores acerca de Jesús y la iglesia apostólica. Sin lugar a dudas, las liberaciones de espíritus malos y los choques de poder tenían lugar de continuo; formaban parte del contexto en el cual se fundaban las iglesias, pero no se nos dan datos específicos al respecto.

Tampoco tratan en forma directa las epístolas la posibilidad de demonización en los creyentes o de su liberación. Sin embargo, creo que malinterpretamos dichas epístolas si al leerlas llegamos a la conclusión de que no reflejan con exactitud la misma cosmovisión de guerra espiritual que se describe tan de cerca y gráficamente en los evangelios y los Hechos. No obstante, muchos que se oponen a ciertos aspectos de la guerra espiritual, tal y como los describo en este libro, lo hacen porque creen que lo que estoy pintando sólo es bíblico si las epístolas enseñan también, mediante la instrucción y la exposición, exactamente el mismo contenido que los evangelios y los Hechos imparten mediante la narrativa.

Todo esto enfatiza de nuevo la importancia de leer las epístolas con un sentido adecuado del trasfondo que les corresponde; es decir, el contexto de guerra espiritual en que vivía y se desarrollaba la iglesia primitiva. Por su misma naturaleza, las epístolas dan por sentado que sus destinatarios contaban con la información necesaria (¡en realidad vivían en ese contexto!) y por lo tanto no tenían que ser instruidos otra vez, por ejemplo, en cuanto a la realidad del enfrentamiento con el mundo espiritual. Sin embargo, nosotros, dos mil años después de que se escribieran dichas epístolas, debemos luchar por volver, partiendo del texto mismo, al trasfondo social, cultural y religioso específico que constituye la clave de su interpretación y comprensión. Esta clase de exégesis es emocionante e importante y debe más bien dejarse para aquellos eruditos con talento de cuyas obras me sirvo en todos los estudios bíblicos que aparecen en este libro.

No obstante hay algo que me preocupa mucho de los eruditos bíblicos occidentales y es que a menudo enfocan toda su atención en discernir cuál es el trasfondo y el contenido específico de una epístola y no incluyen las dimensiones pertinentes al contexto social, cultural y religioso que eran comunes a todas las iglesias del Nuevo Testamento. El resultado utilizado para interpretar dicha epístola es demasiado estrecho y entra en conflicto con el que tiene el mundo neotestamentario. Todos admitimos que este trasfondo más general (que ampliado llega a ser una una cosmovisión) del Nuevo Testamento se nos describe de manera gráfica en los evangelios y el libro de los Hechos. Sostengo que la cosmovisión de estos libros, en especial su concepto general de la guerra espiritual y la gama de actividades involucradas en el choque con el mundo de los espíritus debe presuponerse como una parte decisiva del trasfondo que construyen los eruditos para interpretar las epístolas.

Si no se presume esta cosmovisión, las menciones que se hacen en dichas epístolas a lo sobrenatural maligno se interpretarán con suma facilidad según la de los intérpretes actuales; y si los enfrentamientos con los espíritus malos, tales como los que se describen en los evangelios y Hechos, no forman parte de la experiencia de dichos intérpretes, ¿podemos esperar que éstos relacionen las referencias que se hacen a Satanás en las epístolas con la serie de actividades descritas en Hechos cuando: (1) ellos no presuponen la cosmovisión de Hechos como parte del trasfondo de las epístolas; y (2) resisten sobre una base teológica a la noción de que tales actividades fueran parte de la vida de los creyentes a quienes iban dirigidas las epístolas?

De igual manera, cuando los intérpretes modernos estudian las epístolas dando por sentado que la cosmovisión de Hechos es parte de su trasfondo y suspendiendo, al menos durante ese momento, cualquier resistencia teológica a las implicaciones resultantes de ello, ¿acaso debería sorprendernos que relacionen las menciones al campo sobrenatural perverso, que aparecen en las mismas, con las descripciones más desarrolladas en los evangelios y los Hechos?

Desde una perspectiva histórica, debemos ajustar simplemente las epístolas dentro de la cosmovisión y contra antecedente de los evangelios y del libro de los Hechos. Las epístolas van dirigidas a grupos de cristianos que, en su mayor parte, se convirtieron a Cristo durante el período que abarca la narración de Hechos. Por ejemplo, los creyentes que recibieron 1 y 2 de Tesalonicenses de manos de Pablo fueron los mismos que se habían convertido durante las actividades evangelísticas del apóstol y de Silas relatadas en Hechos 17. Esto es aún más dramático en el caso de la Epístola a los Efesios. Y de un modo semejante, los destinatarios de Gálatas, Filipenses, 1 y 2 Corintios, y Colosenses eran también cristianos fruto de la obra misionera de Pablo, relatada en Hechos, y de sus discípulos. Para ellos, el choque de poder y la guerra espiritual formaban parte esencial de su vida y ministerio.

Repito que no leemos las epístolas y las referencias que se hacen en las mismas a lo sobrenatural maligno de la manera correcta cuando las separamos del trasfondo general proporcionado por el libro de los Hechos. Desde luego, esto no significa que todas las referencias a Satanás o los poderes malignos tengan que ver con ninguna dimensión o manifestación específica del campo sobrenatural perverso. Sí significa, en cambio, que tales referencias, incluso las casuales, a la realidad del diablo, los demonios, los principados y las potestades y su influencia, tendrán un significado bastante distinto para uno que las vincula con la actividad descrita repetidas veces en los evangelios y Hechos que para el que trata tales menciones aislándolas casi por completo del contexto común de guerra espiritual que tenía el mundo en el que todas esas epístolas se escribieron. Los comentaristas que tienden a aislar el mundo de las epístolas de aquel de los evangelios y Hechos lo más probable es que interpreten tales referencias estrictamente dentro de su propia cosmovisión limitada. En ésta, pocas veces, o nunca, se reconoce o comprende la realidad del campo sobrenatural maligno en el mundo de los Hechos de los Apóstoles. Sin embargo, alguien que participe hoy en día en enfrentamientos con el mundo de los espíritus y sea un intérprete bíblico fiel y con talento, estará más dispuesto a ver esas referencias a través de los «lentes» del mundo bíblico y no de los de la cosmovisión occidental.

No basta sólo conque uno interprete las epístolas utilizando de manera primordial una cosmovisión que, aunque «cristiana» en el sentido tradicional del término, esté todavía absolutamente influida y corrompida por la mezcla de racionalismo y empirismo legado por la Ilustración y la ciencia naturalista. Estas tradiciones, y su progenie teológica, bien resisten, bien tienen dificultad para entender la realidad experimental de los espíritus malos que emerge en los evangelios sinópticos, los Hechos y que también está presente en las epístolas si uno tiene «ojos» para verla. Debemos disciplinarnos a fin de permitir que aquellos aspectos de la cosmovisión bíblica que más chocan con la nuestra estén plenamente presentes cuando leemos la Biblia, incluidas las epístolas. De otro modo, y usando una ilustración, seremos como un club que se reúne siempre en la biblioteca para leer las obras de Shakespeare. Disfrutaremos de todo aquello que puede ofrecernos el teatro de la mente, pero nos perderemos la grandeza de la experiencia real que supone el montaje escénico: el verdadero ambiente en el que tenían que ser interpretadas y comprendidas las obras.

Con este planteamiento en mente, volvamos ahora a las epístolas. En la presente sección sólo trataremos aquellos textos que ayudan a revelar dimensiones de guerra espiritual, en particular los que señalan las que algunos hoy en día consideran polémicas y otras que pueden ayudarnos a pelear mejor la buena batalla de la fe como era comprendida por la iglesia primitiva. En el caso de aquellos textos importantes, tales como Gálatas 5, los cuales se comentan en alguna otra parte de este libro, se referirá al lector a esos lugares.

Debido a las limitaciones de espacio, mi presentación será breve y sólo alusiva. Hay un gran yacimiento que explotar en las epístolas acerca del mundo sobrenatural maligno. Y aunque no haré sino excavar apenas hasta el filón, espero que mi estudio mueva a otros a profundizar más, por así decirlo hasta conseguir el oro.

Por último, algunos ejemplos que incluyo no pretenden guardar un paralelismo perfecto con el texto bíblico. Los doy, sin embargo, a modo de voz de la experiencia contemporánea que ilustra a menudo una cierta aplicación de la enseñanza general del texto en cuestión.

Ahora ocupémonos de aquellos libros que reflejan la experiencia histórica de los creyentes primitivos a lo largo de un período de años, en el que estuvieron tratando con un enemigo que ya estaba vencido por el Hijo de Dios y lo estaba siendo progresivamente por los hijos de Dios. En ellos descubrimos una nota dominante: la victoria del creyente sobre todos los poderes malignos por medio del evento de Cristo, la armadura de Dios provista para el cristiano y la oración intercesora, nuestra principal arma contra los poderes del mal. Tal vez las palabras de Pablo en Romanos 8 sean el mejor resumen de la victoria del creyente sobre el mundo espiritual, una idea que está presente en todas las epístolas y las sustenta:

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. (Romanos 8.35-39)

La epístolas de Pablo

Por medio de sus cartas, Pablo expone la mayor parte de las doctrinas principales que integran la fe cristiana; incluyendo las verdades acerca de la guerra espiritual en general y el mundo de los espíritus en particular. El apóstol dice más acerca de los poderes sobrenaturales perversos y de la guerra con los espíritus malignos que ningún otro de los escritores del Nuevo Testamento. En lo que atañe a la enseñanza directa, tal vez dice más que todos los otros juntos, excepto los evangelios y los Hechos. Salvo en el caso de Efesios y Colosenses, estudiaremos las epístolas paulinas en el orden en que quizás fueron escritas y no en el que las tenemos hoy en día en la Biblia.

Gálatas / Guerra Espiritual

1 Tesalonicenses / Guerra Espiritual

2 Tesalonicenses / Guerra Espiritual

Anuncios
Categorías:Sin categoría
  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: