Inicio > Sin categoría > La homosexualidad según la perspectiva bíblica

La homosexualidad según la perspectiva bíblica

Aborrezco mi homosexualidad! Estas palabras estallaron como pequeñas bombas en la tranquilidad del despacho del pastor. «¡Amo al Señor y quiero servirle! Se que estos deseos homosexuales no le agradan. ¡Por favor, ayúdeme!» El pastor escuchaba atentamente al apuesto joven que se paseaba nervioso por su despacho pidiendo ayuda.

«He venido a verle», decía, «porque es usted un pastor evangélico conocido y pensaba que comprendería mi problema. Cualquier otro me condenaría directamente al infierno. Pero no necesito la condenación, sino alguien que me ayude a salir del infierno de mi homosexualidad».

Mientras aquel joven derramaba la angustia de su desesperación y frustración, el pastor se movió ligeramente en la silla.

«He ido al instituto bíblico, pero sencillamente no puedo entrar en el ministerio con esta amenaza pendiendo sobre mí», y añadió con mirada suplicante. «Por favor, estoy muy confuso, ¿quisiera usted ayudarme?»

¿Condenó el pastor a aquel joven como otros habían hecho? ¡En absoluto! En lugar de ello, traicionó por completo sus votos de ordenación y la ética de toda relación consejero-aconsejado al intentar seducir al atribulado muchacho allí mismo en su despacho!

El joven huyó completamente destrozado. Más tarde, herido terriblemente por aquel incidente y al borde del pánico, me telefoneó. Le aconsejé lo mejor que pude por teléfono y finalmente encontró a un consejero cristiano piadoso en su misma ciudad que le está guiando por el camino de la victoria.

¿Es esto demasiado terrible para ser cierto? No, se trata de una historia real.

El segundo pecado moral mencionado por el apóstol Pablo en Gálatas 5.19 es akatharsía. Fung dice que significa principalmente «inmundicia», como se ha traducido en la Reina-Valera de 1960. Este término aparece a menudo en el Nuevo Testamento junto a porneia, «fornicación» (2 Corintios 12.21; Efesios 5.3, 5; Colosenses 3.5).

Vine, por su parte, expresa que la palabra griega en este contexto significa «inmundicia, impureza o suciedad en el sentido moral». Akatharsía abarca una gran variedad de prácticas sexuales impuras, pero en nuestro estudio me limitaré sólo a dos áreas: la homosexualidad y la masturbación. Lo hago a causa de la prominencia que tienen en nuestros días entre los creyentes y los líderes cristianos estas dos prácticas sexuales impuras. Comencemos por la homosexualidad.

En su perspicaz libro Eros y el pecado sexual, John White proporciona algunas de las enseñanzas más equilibradas que se hayan publicado sobre los cristianos y los temas sexuales. Su capítulo acerca de la homosexualidad se titula «Dos mitades no hacen una unidad». Dentro de un momento volveré a las ideas de White.

La homosexualidad y la Biblia

Las Escrituras consideran pecado toda actividad homosexual y la condenan enérgicamente.

La homosexualidad se menciona por primera vez en relación con las ciudades de Sodoma y Gomorra en Génesis 19 y es de las prácticas perversas de los habitantes de aquellas dos ciudades (v. 5s) de donde se deriva la palabra sodomita, utilizada varias veces en la versión Reina-Valera (Deuteronomio 23.17; 1 Reyes 14.24; 15.12; 22.46; Job 36.14 y 1 Timoteo 1.10). La mayoría de las referencias tienen que ver con la práctica abominable de la prostitución idolátrica masculina, corriente entre las naciones paganas que estuvieron en contacto con Israel y, en tiempos de decadencia espiritual, practicada también por los israelitas (Jueces 19.22; 1 Reyes 14.24; 2 Reyes 23.7).

La homosexualidad fue categóricamente prohibida por Dios en las leyes del Antiguo Testamento que regulaban la vida sexual de su pueblo (Levítico 18.22; 20.13; Deuteronomio 23.18). Se la llama «abominación» cinco veces en Levítico 18 (vv. 22, 26, 27, 29-30) y una en Levítico 20.13; lo cual es coherente con su raíz, que significa «abominar», «detestar», «odiar». Era un pecado tan abominable a los ojos de Dios que la pena que se infligía a los que lo practicaban era la lapidación (Levítico 20.13).

El Nuevo Testamento describe este pecado sexual en Romanos 1.18-32 como una de las terribles consecuencias de la rebelión de la humanidad contra el señorío de Dios. En los versículos 26 al 28, el apóstol Pablo escribe:

Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen.

La homosexualidad estuvo tan extendida durante los tiempos del Nuevo Testamento como en la época del Antiguo; por eso, Pablo la refiere en Romanos 1.26-28 y 1 Timoteo 1.9-10.

John White escribe que «la homosexualidad es un problema común a ambos sexos. Homo significa “semejante” o “igual a”. No se refiere a la masculinidad. El lesbianismo es solamente una palabra utilizada para describir la homosexualidad femenina».

La actividad homosexual no se origina principalmente en la constitución biológica de ciertos hombres o mujeres. Es sobre todo una conducta aprendida. Y todo lo que se aprende puede, con ayuda si es necesario, olvidarse. Por lo tanto, a los homosexuales les es posible abandonar este comportamiento sexual pecaminoso, del mismo modo que los heterosexuales que se entregan con persistencia a la inmoralidad pueden hacerlo con el suyo.

La Biblia no trata específicamente la cuestión de los orígenes sociales frente a los orígenes biológicos de la homosexualidad, sino que simplemente la presenta como pecado y condena su práctica. Muchas autoridades seculares dejan claro que nadie nace invertido, como afirman buen número de homosexuales. En un artículo muy completo titulado «The Homosexual in América» (El homosexual en América), aparecido en la revista Time del 31 de octubre de 1969, el redactor afirmaba:

La única cosa en la que la mayoría de los expertos coinciden es que la homosexualidad no resulta de ningún gen pervertido ni de predisposición hormonal alguna, al menos que pueda detectarse mediante las actuales técnicas[ … ] Los distintos componentes sicológicos de la masculinidad y la feminidad, «la identidad del rol de género», se aprenden.

«El género es como el lenguaje», dice John Money, sicólogo clínico de la Universidad John Hopkins. La genética ordena únicamente que se desarrolle la capacidad de hablar, no que se hable en anhuatl, árabe o inglés.

Esto no significa que la homosexualidad esté latente en todos los seres humanos maduros, como se ha creído por una mala interpretación de las teorías de Freud. En la cultura americana, el lugar donde los roles sexuales se determinan con más vigor es la familia, y a una edad tan temprana (generalmente en los primeros años de la vida) que la identidad sicológica de la mayoría de los homosexuales, como también de los heterosexuales, se establece antes de que ellos lo sepan.

La homosexualidad no es un estilo de vida aceptable, aunque distinto, para los seres humanos, y menos aún para los cristianos. A la luz de Mateo 5.27-30, las fantasías homosexuales son pecaminosas y la pornografía homosexual algo a lo que se debe resistir.

Sin embargo, al igual que todo otro pecado, la conducta homosexual es totalmente susceptible de ser perdonada. El Señor Jesús sólo cita un pecado imperdonable y no es la homosexualidad (Mateo 12.31-32).

Los cristianos con fuertes ataduras de homosexualidad necesitan un grupo de apoyo que les ayude a liberarse. El trabajo con homosexuales revela esta necesidad. Pocos de ellos, incluso cristianos, lo conseguirán por sí solos. Necesitan confesar su esclavitud a algún amigo comprensivo y grupo de apoyo. Las ataduras homosexuales, tanto en la imaginación como en la práctica, son una de las formas más opresivas de esclavitud sexual que el hombre conozca.

Las ataduras de homosexualidad en los tiempos bíblicos

La homosexualidad era muy común en las épocas tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Y aun peor: era respaldada y fomentada por los cultos y las religiones idolátricas de la madre naturaleza y la fertilidad que practicaban. Dichos cultos, en su forma más «idealista», incorporaban la prostitución heterosexual, también actividades homosexuales, la bestialidad y otras perversiones casi indescriptibles en el terreno del sexo.

John McClintock y James Strong dicen que la palabra hebrea traducida por «sodomita» en la versión Reina-Valera del Antiguo Testamento:

se empleaba[ … ] para aquellos que practicaban como rito religioso el vicio abominable y antinatural con el que los habitantes de Sodoma y Gomorra habían definido su duradera infamia[ … ] Esta horrenda «consagración» [de prostituto/prostitutas a los dioses] o, mejor dicho, esta «profanación», estaba extendida de varias maneras por Fenicia (la tierra de Canaán), Siria, Frigia, Asiria y Babilonia. Astarot, la griega Astarté, era su objeto principal. También parece haberse establecido en Roma.

Algunos de los conversos de las religiones paganas en el tiempo de Pablo habían sido homosexuales practicantes. Escribiendo a la iglesia de Corinto, el apóstol dice:

¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios. (1 Corintios 6.9-11).

En este pasaje, Pablo enumera los pecados comunes en el mundo gentil de sus días, que predominaban de un modo especial en Corinto y otros centros del comercio, así como en santuarios y templos religiosos paganos. Ellicott escribe lo siguiente:

La mención de los pecados sexuales (fornicación, adulterio y dos palabras para referirse a la homosexualidad: «los afeminados» y «los que se echan con varones») en relación con los idólatras, apuntan al hecho de que estaban particularmente asociados con los rituales paganos, lo cual, naturalmente, intensificaba el peligro contra el cual el apóstol advierte a los corintios. (Romanos 8.13; Gálatas 5.19-20; 1 Timoteo 1.9-10; Tito 1.12).

La palabra griega malak/”, traducida por «afeminado» ha inquietado a muchos comentaristas. Todos los hombres afeminados no son homosexuales, como tampoco son lesbianas todas las mujeres con características masculinas. Sin embargo, su uso en este contexto implica alguna forma vulgar de pecado sexual y hasta tal vez entrañaría un pecado no heterosexual.

Vine dice que el término se utiliza aquí «no simplemente para indicar a un varón que practica formas de lascivia, sino de personas en general que son culpables de adicción a los pecados voluptuosos de la carne». Con esto concuerda G. G. Findlay, quien dice que la palabra en cuestión significa «adicción general a los pecados de la carne».

F. W. Grosheide asume sin embargo una posición más firme y dice que las palabras «afeminados y los que abusan de sí mismos con los hombres designan respectivamente a los homosexuales pasivos y activos».

Sin embargo, según John White, la idea de un papel activo y otro pasivo en la homosexualidad constituye un estereotipo incompatible con los hechos. Los homosexuales pueden cambiar de roles a voluntad. Pero aunque no sea posible tener la certeza de que tanto malak/” (afeminados) como arsenok/itai (los que abusan de sí mismos con los hombres) se refieran a los papeles pasivo y activo en las relaciones homosexuales, la evidencia apuntaría en esa dirección.

Gordon D. Fee, escribe en su comentario sobre 1 Corintios que la evidencia respalda la posición de Grosheide. «Afeminados» tal vez se refiera a jóvenes que se vendían a hombres mayores como sus «queridas» o que adoptaban el papel más pasivo como prostituto/prostitutas religiosos.

Sin importar cómo interpretemos algunas de estas palabras, lo más probable es que en este versículo (1 Corintios 6.9) se haga referencia a la práctica de la homosexualidad por lo menos dos veces. Esta lista, junto con la que el apóstol hace en 1 Corintios 5.9-11, formaría el compendio de las conductas pecaminosas de las cuales eran culpables los corintios antes de convertirse a Cristo.

William Barclay dice lo siguiente acerca de la palabra porno;, traducida por «fornicarios» en 1 Corintios 6.9: «El término que se emplea para fornicarios es particularmente desagradable y significa prostituto/prostituta. Debió resultar bastante difícil ser cristiano en la contaminada atmósfera de Corinto».

Barclay presenta algunas sugerencias interesantes sobre la palabra malak/” traducida por «afeminados». La traduce al inglés como «sensuales» y hace algunos comentarios perspicaces sobre «los que abusan de sí mismos con los hombres» (versión King James) y arsenok/itai, traducida por «homosexuales» en algunas otras versiones, incluso castellanas:

Hemos dejado para lo último el pecado más antinatural: había aquellos que eran homosexuales. Este era el que se había extendido como un cáncer por toda la cultura griega y que, desde Grecia, había invadido Roma. Apenas podemos comprender lo plagado que estaba el mundo antiguo.

Incluso un hombre tan grande como Sócrates lo practicaba. El Symposion [Simposio], diálogo de Platón, considerada como una de las obras más grandes del mundo en cuanto al amor, se ocupa del amor antinatural y no del natural. Catorce de los quince primeros emperadores romanos practicaban asimismo el vicio antinatural.

En aquel tiempo, precisamente, el emperador era Nerón, quien había hecho castrar a un muchacho llamado Esporo y luego se había casado con él con una ceremonia matrimonial. Después lo había llevado a su palacio en procesión y allí vivía con él como esposa[ … ]

En cuanto a este vicio particular, en los tiempos de la Iglesia primitiva el mundo no tenía ninguna vergüenza, y apenas cabe duda de que fuera esa una de las principales causas de su degeneración y del derrumbamiento final de la civilización que habían levantado.

Liberación de la esclavitud homosexual

El apóstol comienza 1 Corintios 6.11 con las palabras: «Y esto erais algunos». Findlay dice que «kaì tauta tines, etcétera, significa “y estas cosas erais, algunos (de vosotros)”. El neutro tauta es despectivo: “Esta abominación” erais algunos de vosotros». Ellicott traduce dichas palabras por «de tal descripción erais algunos».

Pablo antecede las malas noticias a las buenas, al revelar seguidamente el quíntuple poder transformador de Dios que hace a estas personas libres de la esclavitud de esos terribles pecados de los versículos 9 y 10.

Primeramente, el apóstol expresa: «Ya habéis sido lavados». Y Matthew Henry interpreta este lavamiento como refiriéndose a «la sangre de Cristo y al lavamiento de la regeneración, (el cual) puede quitar toda culpa e inmundicia». Leon Morris, por su parte, coincide con esto diciendo que aunque muchos comentaristas ven aquí una referencia al bautismo, no hay nada en el contexto que indique tal relación. Y escribe:

El verbo apeloúsasthe[ … ] está en voz media, con una fuerza parecida a «te lavaste» (como en Hechos 22.16)[ … ] La palabra puede indicar el tipo de lavamiento que vemos en Apocalipsis 1.5: «Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre». El prefijo apó apunta a una limpieza completa de los pecados. El tiempo es pretérito y el aoristo se refiere a una acción conclusa.

En segundo y tercer lugar, Pablo dice: «Ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados».Mathew Henry llama a esto «un cambio retórico del orden natural» entre justificación y santificación. Volveré a este punto un poco más adelante.

En cuarto y quinto lugar, el apóstol expresa que su santificación y justificación la recibieron «en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios».

El uso de «el nombre» en los tiempos bíblicos era mucho más complejo que en el mundo occidental moderno. Puede constituirse en un concepto de difícil comprensión. W. C. Kaiser hijo, necesita siete páginas de la Zondervan Pictorial Encyclopedia of the Bible [Enciclopedia gráfica de la Biblia], a doble columna, para explicar su utilización en la Escritura y la cultura del mundo bíblico.

Tal vez por el momento baste con el breve comentario que hace Morris acerca del nombre de Jesús y del Espíritu Santo. Examinaremos el concepto bíblico del nombre en nuestro estudio de Hechos.

El nombre nos sugiere todo aquello que va implícito en el carácter del Señor, mientras que el título completo, el Señor Jesús, destaca la dignidad de Aquel a quien servimos. A esto va unido el Espíritu de nuestro Dios, quien nos es dado como un poder manifiesto en la vida cristiana, que no es humano, sino divino.

Resulta curioso que esta referencia siga a la de la santificación. Tal vez Pablo creyera que esta última requería un énfasis especial[ … ] El Dios que los ha justificado les proporcionará, con toda certeza, el poder para llevar a cabo su santificación.

El comentario que hace Matthew Henry al respecto resulta inspirador.

Se menciona la santificación antes que la justificación – dice y sin embargo el nombre de Cristo, por el cual somos justificados, aparece antes que el Espíritu de Dios que nos santifica. Nuestra justificación se debe a los méritos de Cristo y nuestra santificación a la operación del Espíritu, sin embargo ambas cosas van juntas. Observe que nadie es limpio de la culpabilidad del pecado salvo aquellos que son también santificados por el Espíritu. Todos los que han sido constituidos justos a los ojos de Dios, son también hechos santos por su gracia.

Así que hay esperanza para el homosexual. Aunque la homosexualidad ejerza un terrible poder incapacitador sobre la vida de innumerables hombres y mujeres, la potencia justificadora, santificadora y transformadora del nombre del Señor Jesús y del Espíritu de nuestro Dios es mayor. Concluyo este punto con una hermosa y extensa cita de William Barclay:

La prueba del cristianismo residía en su poder. Podía tomar a la escoria de la humanidad y hacer de ella hombres. Podía tomar a hombres desvergonzados y hacer de ellos hijos de Dios.

Existe el más absoluto contraste entre la literatura pagana y los escritos cristianos de aquella época. Séneca, contemporáneo de Pablo, exclama que lo que los hombres quieren es «una mano que se tienda para levantarlos». «Los hombres -afirma el sabio- están abrumadoramente conscientes de su debilidad en cuanto a cosas necesarias». «Los hombres aman sus vicios -dice Séneca con una especie de desesperación- al mismo tiempo que los aborrecen». Se miraba a sí mismo y se llamaba homo non tolerabilis: hombre intolerable. En aquel mundo consciente de la marea de decadencia que nada podía detener, entró el poder absolutamente radiante del cristianismo, que fue en efecto capaz de triunfar y hacer nuevas todas las cosas.

Aun sin minimizar el increíble poder esclavizante de la homosexualidad y de las fantasías homosexuales, quiero afirmar enfáticamente que el poder de Dios está disponible para todos los homosexuales practicantes y aquellos que se ven asediados por este tipo de lascivia. El Dios que convirtió en nuevas criaturas a los homosexuales del tiempo de Pablo todavía sigue regenerando en nuestros días (2 Corintios 5.17).

Un ejemplo moderno

Una íntima amiga mía recibió a Cristo cuando era lesbiana practicante. Formaba parte de la cultura callejera que caracterizó a Hollywood durante los años sesenta y había permanecido fiel a su amante durante cinco años. Este es el relato que me hizo de su conversión y de cómo fue sanada gradualmente su sexualidad.

«Un grupo de cristianos estaba testificando cerca de la esquina de Hollywood y Vine, y mientras predicaban el evangelio empecé a anhelar un conocimiento de Dios como el que ellos tenían. Por primera vez en mi vida comprendí que Dios me amaba. Estaba emocionada. Dios me amaba incluso a mí; Jesús me quería tanto que había dado su vida en la cruz por mí, por mí personalmente.

»Recibí a Cristo en el acto y volví a casa llena de paz. Sentía un gran gozo y la realidad de su amor por mí. Como a la mujer sorprendida en adulterio (Juan 8.1-11), no me condenaba, sino que me otorgaba su perdón. A mí iban dirigidas aquellas palabras: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más”.

»La gente que me había llevado a Cristo no sabía de mi pareja lesbiana. Nada dijeron en cuanto a la homosexualidad. Sin embargo, mientras volvía a casa, Dios habló a mi corazón. Supe que aquella unión era inaceptable para él y que tendría que romperla si quería vivir en su reino. Aunque fue una de las cosas más difíciles que he tenido que hacer en mi vida, hice lo que sabía que era la voluntad de Dios. Mi compañera no comprendió, se le partió el corazón, y a pesar de que a mí me sucedía lo mismo me fui.

»Me uní al grupo de jóvenes que me había traído el evangelio, pasado el tiempo pude hablarles de mi problema homosexual. Se convirtieron en mi familia y mi grupo de apoyo. No habría sobrevivido sin su ayuda. Me enseñaron la Palabra de Dios y cómo orar y testificar de mi Salvador.

»Durante casi tres años pasé por una tempestad emocional. No conocía cuán fuertes eran en mi mente, cuerpo, imaginación y en mi mismo ser las emociones homosexuales. Algunas veces no sabía si podría soportarlo; pero, con la gracia del Señor, lo hice.

»Me abstuve de toda relación sexual. Si el anhelo me invadía, clamaba al Señor pidiéndole su fuerza, a lo cual me respondía. También compartía mis luchas con mi grupo de apoyo cuando las tentaciones se hacían casi insoportables.

»Poco a poco Dios empezó a cambiar mi orientación sexual. Esto significaba que tendría que transformarme por completo, sobre todo en el terreno emocional. Nuestra sexualidad está tan entretejida con las emociones, la imagen que tenemos de nosotros mismos, nuestra mente, nuestra voluntad, que dicha transformación llegó hasta la misma raíz de mi personalidad.

»Comprendí que mi orientación sexual no era biológica en su origen, sino ambiental, emocional y consecuencia de malas decisiones que había tomado a lo largo de un período de tiempo. Por la gracia de Dios me di cuenta de que podía cambiar para responder sexualmente a los hombres y no a las mujeres. El cambio pareció pasar por tres etapas que se solapaban entre sí.

»Primeramente empecé a ver a las mujeres de un modo distinto: eran mis hermanas, no mis amantes. Y poco a poco fui perdiendo mi impulso sexual hacia ellas.

»Luego, por primera vez, comencé a “percibir” a los hombres de una manera nueva. Algunos de los hermanos eran tan encantadores, como hombres y como amigos íntimos, que empecé a perder la orientación negativa hacia los varones causada por aquellos que había conocido anteriormente.

»Por último fui sintiéndome poco a poco atraída sexualmente hacia los hombres. Aquello era un milagro. Antes, el pensamiento de mantener una relación sexual con un varón era tan repugnante para mí como para un hombre o una mujer heterosexual hacerlo con alguien de su mismo sexo.

»No es que fantaseara con tener relaciones sexuales con cada hombre atractivo que conocía. Eso también hubiera sido pecado. Pero ahora podía aceptar la idea de casarme algún día con un buen cristiano, y comencé a esperar con interés, como lo haría cualquier mujer “normal”, aquella posibilidad.

»Cuando se inició este cambio, supe que era verdaderamente una nueva criatura en Cristo. El pecado me degradó hasta convertirme en algo que deshonraba a Dios, pero Él me devolvió mi feminidad, y le amo con todo el corazón por ello».

Pocos homosexuales practicantes son liberados súbitamente de su aberración sexual, prometerles que eso sucederá es engañarles. La liberación instantánea en este terreno no tiene base bíblica y es contraria a los dos mil años de experiencia de la iglesia.

Sin embargo hay excepciones a ello, sobre todo cuando en el problema existe una participación demoníaca directa. No obstante, incluso si el homosexual está endemoniado y se expulsan de su vida espíritus de homosexualidad, la restauración de su orientación sexual es por lo general un proceso, no el resultado de unas pocas sesiones de liberación.

Un aspecto importante que destacaba en su testimonio mi querida hermana, es la necesidad que la persona tiene de un grupo de apoyo para conseguir que se rompa la adicción a la homosexualidad en su vida.«La adicción prospera con el aislamiento -dice un antiguo homosexual- pero si establecemos un sistema de apoyo personal y aceptamos la gracia de Cristo, el poder de cualquier adicción de debilitará, incluso el de la homosexualidad».

Después de su transformación sexual, mi renacida hermana en Cristo vivió durante varios años como una joven piadosa, y con el tiempo algo asombroso sucedió. Mientras participaba activamente en un ministerio hacia gente con problemas emocionales, un apuesto cristiano entró a formar parte de su equipo, y hace algunos años se casaron. Ahora tienen varios niños preciosos. Ambos siguen siendo utilizados por el Señor para ministrar a personas necesitadas.¡Qué maravillosa recompensa para la obediencia fiel!

Anuncios
Categorías:Sin categoría
  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: