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La naturaleza de los choques de poder

Filipos, Silas y Timoteo en Corinto, y Priscila y Aquila en Éfeso

 

Ninguna visión panorámica de la lucha de Pablo con el mundo espiritual en el libro de los Hechos estaría completa sin un estudio de su ministerio en Éfeso. Aunque no hay evidencia directa de que el apóstol se viera implicado en choques personales con demonios o endemoniados mientras estaba en la ciudad de Éfeso, si las hay indirectas de ello. Las trataremos a medida que se vayan presentando en el texto.

Pablo hizo por lo menos dos visitas personales a Éfeso (Hechos 18.19-21; 19.1-20.1), y al final de su tercer viaje misionero se encontró con los ancianos de aquella iglesia en Mileto, ya que debido al programa de permanencia en puerto de su barco, y su prisa por llegar a Jerusalén antes de la Pascua, no pudo volver a dicha ciudad (Hechos 20.16s).

El primer contacto de Pablo con Éfeso tuvo lugar mientras volvía a Jerusalén y Antioquía de Siria, al término de su segundo viaje misionero (Hechos 18.19-21). Por fortuna, el barco hizo escala en Éfeso y Pablo comenzó con su estrategia acostumbrada de evangelizar en la sinagoga a los judíos y personas temerosas de Dios (18.19). Allí obtuvo una asombrosa respuesta entre los judíos, quienes le pidieron que se quedara por más tiempo (18.20). Aunque el apóstol no accedió a ello, les prometió: «Otra vez volveré a vosotros, si Dios quiere» (18.21). Y como señal de su buena fe dejó allí a Aquila y Priscila para continuar el ministerio que había comenzado en la sinagoga.

Pablo partió entonces hacia Jerusalén, y luego viajó a Antioquía de Siria, volviendo tan pronto como pudo a Éfeso. Aquello fue el comienzo de su tercer viaje misionero (18.22, 23). Durante ese tiempo, contrario a la costumbre del apóstol, parece que estuvo solo. Había dejado a los miembros de su equipo en Asia y Europa para velar por las nuevas iglesias. En este relato, Lucas se encontraba en Filipos, Silas y Timoteo en Corinto, y Priscila y Aquila en Éfeso. Es obvio que los dones de estos últimos eran sobre todo de evangelización personal.

Luego llegó Apolos, un judío de la diáspora residente en Alejandría que pronto sería reconocido como evangelista, maestro y teólogo destacado. Era un hombre de cualidades excepcionales, «varón elocuente» (v. 24). Este término significa alguien capacitado de tal forma que podía expresarse con belleza, gracia y gran persuasión. Versado evidentemente tanto en la filosofía griega como en las Escrituras hebreas era al mismo tiempo un filósofo y un teólogo. También era «poderoso en las Escrituras». Poderoso es una palabra con la que ya nos hemos encontrado antes, dynamis, y que significa un poder no muy usual. Al igual que Pablo, Apolos había elaborado su propia estrategia de predicación en las sinagogas (vv. 25, 26a). Debido a su singular combinación de erudición griega y hebrea, estaba mejor equipado para convencer a los judíos y a los griegos que ningún otro de los contemporáneos de Pablo.

Lucas describe el encuentro de Apolos con Aquila y Priscila en el versículo 26a. Tal vez éstos esperaban otra lectura del Antiguo Testamento que reflejase el malentendido general entre los judíos de que las promesas mesiánicas ya se habían cumplido. Pero, ¡qué sorpresa cuando Apolos comenzó a enseñar «diligentemente lo concerniente al Señor»! El único fallo que pudieron descubrir en su mensaje fue su falta de énfasis en el bautismo cristiano, una parte esencial de la predicación de la iglesia, fallo que pronto corrigieron (v. 26).

Pablo regresa y ministra en Éfeso (Hechos 19.1-21.1a).

Éfeso era la capital de la provincia romana de Asia, su ciudad más grande e importante. En ella convergían cuatro rutas comerciales y tenía el mismo nivel que Alejandría y Antioquía de Siria respecto a Roma. Se trataba de una ciudad cosmopolita, con abundante población judía, griega y romana, que servía de centro político, militar y comercial del imperio.

La mayoría de la gente de allí eran, sin embargo, asiáticos; y como tales, animistas que rendían homenaje a los espíritus malos y participaban en el culto de Artemisa, patrona de la ciudad y de toda el Asia proconsular. El templo de Artemisa, una de las maravillas del mundo antiguo, se ubicaba en Éfeso, y tan grande era la atracción del mismo, atendido por cientos de sacerdotes y sacerdotisas, que atraía a gente de toda Asia (19.27).

Como centro de la cultura griega, el derecho romano y la religión pagana, Efeso sólo era superada por Roma en todo el imperio. Pablo parecía considerarla como una segunda Roma, un poder pagano que se levantaba contra el del evangelio. Atrajo a Pablo de una manera que no lo hizo Atenas y el choque de poder que tuvo allí fue quizás el más espectacular de todo su ministerio.

Volvió a su estrategia de predicar en la sinagoga de Éfeso (v. 8f), lo cual dio como resultado el ministerio más largo de ese tipo registrado en Hechos, de tres meses de duración (vv. 8, 9). Aquello sin contar su primera labor en esa misma sinagoga, seguida del ministerio de Aquila y Priscila y, finalmente, de Apolos (Hechos 18.18-26). Ninguna sinagoga en el libro de los Hechos abrió sus puertas a un ministerio de evangelización tan prolongado.

Desde el principio se presenta a Éfeso como una ciudad muy sensible al evangelio. Es evidente que Pablo no experimentó ninguna oposición a su enseñanza durante los tres primeros meses allí (v 8), aunque pronto apareció el modelo tan conocido de aceptación-rechazo (v. 9a). Está claro, sin embargo, que en Éfeso sólo una minoría de judíos endurecidos resistieron al mensaje. La oposición se afianzó y Lucas dice que el partido opositor se endureció. El término griego significa «no dejarse convencer, ser obstinado». La incredulidad es por lo general más un acto de la voluntad que una decisión basada en la evaluación cuidadosa.

Este grupo también estaban «maldiciendo el camino». A consecuencia de ello, Pablo rechazó a los incrédulos y empezó una nueva fase de ministerio (v. 9).

Escuela de evangelización

Cuando la sinagoga cerró sus puertas a la enseñanza del apóstol, éste separó a la iglesia de aquella (vv. ,10). Sin embargo esta vez no hubo violencia organizada de parte de los judíos para impedir la continuación del ministerio de Pablo, como había ocurrido en otras ciudades (v. 10). Pablo alquiló la escuela de Tiranno y siguió enseñando sin interrupción (v. 9). La escena estaba preparada para un movimiento popular hacia Cristo inigualado en todo el mundo gentil.

Se trata de la primera mención en Hechos de que Pablo utilizara una escuela como iglesia, centro de evangelización y lugar de adiestramiento. Tales escuelas eran instituciones privadas ubicadas por lo general en el centro de las ciudades principales, en zonas con jardines semejantes al ágora de Atenas. Solía funcionar por la mañana, desde el alba hasta las once aproximadamente. Ese era también el horario de trabajo matinal regular para una ciudad de Asia, al que le seguían varias horas de siesta. F. F. Bruce escribe que:

[ … ] había más gente durmiendo a la una de la tarde que a la una de la madrugada. Pero Pablo, después de pasar las horas tempranas del día haciendo tiendas (cf. 20.34), dedicaba las de agobio y calor a su tarea más importante y agotadora, y sin duda contagió a sus oyentes su propio celo y energía de tal manera que estuvieron dispuestos a sacrificar su siesta para escucharle.

La estrategia de Pablo tuvo éxito y, según cuenta Lucas, «así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús» (v. 10).

Choque de poder

A estas alturas es probable que el lector tenga una comprensión general de la manera en que he venido utilizando el término choque de poder. Hoy en día se usa cada vez con más frecuencia, sobre todo en aquellos círculos misioneros donde la dimensión poderosa de la evangelización, e incluso de la santificación, se recalca con mayor intensidad.

Guerra espiritual y choque de poder no son sinónimos. Mientras que no podemos tener un choque de poder sin el contexto más amplio de la guerra espiritual, sí nos es posible librar dicha guerra sin experimentar choques de poder. En otras palabras: toda guerra espiritual no implica esa clase de conflictos. El choque de poder es unidimensional. La guerra espiritual tiene varias dimensiones: la carne, el mundo y el campo sobrenatural maligno. Así que, el choque de poder, por definición, sólo puede darse en el contexto de la guerra contra dicho campo sobrenatural.

Incluso en la guerra con este último, no siempre se producen choques de poder. Esta distinción es muy importante. Por desgracia muchos escritores excelentes y practicantes de la guerra espiritual se refieren a ésta y al choque de poder como si fuesen una sola cosa.

¿Cómo podemos definir el choque de poder? Algunos lo confunden con la evangelización, la vida cristiana, los milagros, las señales y los prodigios, e incluso con el echar fuera demonios. Se afirma que «evangelización siempre implica un choque de poder, en el sentido de que es llevar a hombres y mujeres de la potestad de Satanás a Dios».

¿Es esto cierto? Sí y no.La evangelización supone siempre hacer pasar a hombres y mujeres de la potestad de Satanás a Dios, y en ese aspecto es una especie de choque de poder. Sin embargo, éste debe ser algo especial o único, de otra manera no tiene ningún significado. En ese sentido la respuesta debe ser «no».

¿Se da siempre el choque de poder en la evangelización ? Esa es la pregunta clave. La contestación es «no». En algunas situaciones evangelísticas se producen choques de poder y en otras no; de otro modo sólo se referiría a la oposición general del diablo a la evangelización, la cual se da en cada situación evangelística. Sin embargo, este encuentro en un contexto de evangelización debe ser algo más que el antagonismo global de Satanás a que la gente reciba a Cristo. El choque de poder constituye una resistencia más intensa y abierta del diablo que conduce a una confrontación espiritual, tipo «oeste», entre los buenos, dicho con reverencia, y los malos. Por tanto, es mejor afirmar: «La evangelización siempre implica una guerra espiritual y en ocasiones un choque de poder».

El choque de poder se equipara a veces con la vida cristiana. «En cierto sentido», se dice, «toda la vida cristiana es un choque de poder». ¿Es verdad esto? Otra vez contestamos que sí, en el sentido de que Satanás resistirá cada paso adelante de todo cristiano en su vida espiritual, y que no, en cuanto a que dicha resistencia no siempre implicará un choque de poder. Invariablemente tendrá que ver con la guerra espiritual, pero no con el choque de poder. Por lo tanto, es más exacto afirmar que «toda la vida cristiana supone una guerra espiritual y en ocasiones un choque de poder».

El echar fuera demonios siempre implica un choque de poder, aun cuando se utilice la forma del choque de verdad; sin embargo no es cierto que el choque de poder suponga en todos los casos o principalmente la liberación demoníaca. Hay un choque de poder continuo tanto en el mundo espiritual como sobre la tierra que no implica el echar fuera demonios.

Por último, se identifica a veces con los milagros, las señales y los prodigios. En su artículo «Testing the Wine from John Wimber’s Vineyard» (Catando el vino de la viña de John Wimber), Tim Stafford dice que Wimber ha ampliado el concepto de choque de poder a «cualquier suceso en el cual el reino de Dios confronta al imperio de este mundo». «La batalla», dice Wimber, «está marcada por señales y prodigios, en particular sanidades y exorcismos como en el ministerio de Jesús».

La primera parte de esta definición es al mismo tiempo demasiado amplia y demasiado estrecha. Hay que calificar la palabra «confronta». Si con ella quiere dar a entender un único punto de crisis, entonces la definición es aceptable, en parte, porque aunque existe una confrontación continua entre los dos reinos, todos los enfrentamientos del uno con el otro no son choques de poder; sería mejor llamar a esto guerra espiritual en vez de choque de poder.

También es demasiado estrecha, ya que limita el choque de poder a «este mundo». Sin embargo, ocurre también en el mundo espiritual, en los lugares celestiales, y no sólo sobre la tierra (Apocalipsis 12.3-9). Es asimismo demasiado limitada porque un choque de poder constante se está produciendo dentro del mismo reino del sobrenaturalismo malo.

El choque de poder se produce sin que haya milagros, señales o prodigios, sanidades y exorcismos, que son siempre visibles; aunque a menudo lo es también el choque de poder. Además, ocurren fuera del contexto de la guerra espiritual y del choque de poder. Dios actúa con poder milagroso persiguiendo diversos fines, no sólo en el contexto de la guerra espiritual y del choque de poder.

¿Qué es el choque de poder?

El choque de poder es un punto crítico de conflicto en la guerra espiritual continua entre los dos reinos sobrenaturales, cuyo objetivo es la gloria de Dios o de un «no dios» y la obediencia de los hombres al Señor o a ese «no dios». Se trata de un momento de crisis, en contraste con un estado constante, que no es sinónimo ni de evangelización ni de vida cristiana, aunque pueda darse en ambos. Es un punto crítico en el proceso continuo de guerra espiritual y ocurre dentro del contexto del conflicto permanente que enfrenta al reino de Dios con el de Satanás.

El propósito esencial de cada choque de poder se fija siempre en la humanidad, incluso si tiene lugar únicamente en el reino cósmico e invisible y aunque los hombres no parezcan implicados en el mismo. La cuestión por excelencia en este universo es la gloria de Dios. Sólo por el hecho de ser Dios, el Señor debe ser glorificado ahora y por siempre. La segunda cuestión en importancia es qué va a s er Dios para esta humanidad: ¿el verdadero Dios o Satanás, el «no dios»? Dicho de otro modo: ¿A quién va el hombre a obedecer?

Por último, y esto nos llevará otra vez a los choques de poder de Hechos 19, éstos se producen en el nivel cristiano y en el no cristiano. El nivel cristiano, a falta de una palabra mejor, de choque de poder es aquel en el cual el pueblo de Dios se ve directa o indirectamente ligado. El nivel no cristiano tiene lugar entre los mismos «no dioses», cada uno de los cuales compite con los demás por el poder y la prominencia.

Concluiré con cuatro observaciones. La primera es que la liberación de poder sobrenatural que actúa sobre la base de la autoridad espiritual puede venir directamente de Dios mismo o del «no dios» sin que haya participación humana. La segunda es que dicho poder puede fluir a través de los ángeles de Dios o de los del «no dios», según los propósitos de uno u otro.

La tercera observación es que el poder mencionado es posible que venga por medio de los siervos de Dios o del «no dios». El flujo del poder sobrenatural basado en la autoridad delegada del cristiano puede ser iniciado por el creyente mismo (Lucas 10.17). Cada cristiano que participa en este tipo de ministerio actúa con fe ciega confiando por entero en que el poder de Dios se liberará a través de él o a su alrededor, de otro modo fracasa.

Se trata de una gran aventura de fe, pero a menudo puede resultar aterradora. Hace poco estaba dirigiendo un seminario de adiestramiento para guerra espiritual en cierta iglesia y, al segundo día, un turbado adolescente vino a verme cuando me hallaba a punto de comenzar la siguiente sesión. Se encontraba bajo un visible ataque demoníaco. Mientras iba a la iglesia, de repente, se había quedado paralizado y otros creyentes que pasaban por allí, al verle en apuros, le habían llevado hasta el templo.

Averigüé si se trataba de un verdadero creyente. Sí que lo era. Luego, delante del pastor y de los ancianos le impuse las manos y reprendí al poder incapacitador del mal que ataba su vida. El joven anduvo de inmediato y se regocijó en el poder y el amor de Dios. Aquel fue un pequeño choque de poder. La potencia de Dios se liberó mientras pronunciaba su palabra de derrota para el mundo espiritual. El poder paralizador maligno quedó roto en ese instante.

La cuarta es que el poder puede fluir a través de los ángeles de Dios y de sus siervos humanos al mismo tiempo. Y el mismo proceso es posible con los ángeles y los servidores de los «no dioses». En cierta ocasión estaba ministrando liberación a un magnífico joven cristiano. Había crecido en un hogar temeroso de Dios, pero durante su época de instituto y de comienzos de la universidad contrajo resentimiento hacia el Señor y hacia su familia cayendo en profundo pecado. Se había metido en drogas, además era un músico adicto al rock pesado.

Hacía poco, sin embargo, había vuelto al Señor y era un creyente renovado profundamente sincero, pero con problemas. Mientras oía mi conferencia sobre la guerra espiritual el joven experimentó una manifestación demoníaca y a lo largo de varias semanas tuve diversas sesiones de liberación con él. Durante una de las últimas entramos en contacto con el demonio jefe: Matar. Cuando se manifestó por última vez me amenazó, tanto en voz alta como en la mente de su víctima.

-¡Dr. Murphy, va a matarle! -exclamó el joven. ¡Tenga cuidado!

-No me va a tocar -respondí-. Señor, te pido que liberes el poder de tus ángeles protectores y ministradores ahora mismo y quebrantes el poder de muerte de este inmundo demonio.

De pronto Matar quedó paralizado. No podía tocarme. Pocos minutos después se rindió y salió del joven cristiano.

He hecho que esto suceda en varias ocasiones en las cuales estaban presentes demonios feroces e incontrolables en una sesión de liberación, y hasta ahora no me han dañado a pesar, tanto de sus amenazas, como de su poder para llevarlas a cabo. Estos son verdaderos choques de poder.

Con este antecedente estamos listos para examinar los choques de poder que se revelan en Hechos 19. Son por lo menos tres, todos ellos en el nivel no cristiano. Los trataremos uno a uno en el siguiente capítulo.

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  1. 19 marzo 2013 en 1:54 AM

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