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Pablo, Elimas y la médium de Filipos

Pablo, Elimas y la médium de FliposHechos 13,16

El primer choque de Pablo con un obrador de prodigios religioso del tipo Simón el Mago se relata en Hechos 13.4-12. La narración presenta ciertas semejanzas y bastantes diferencias con Hechos capítulo 8. Resulta decepcionante examinar muchos de los estudios eruditos sobre Elimas, Simón el Mago y otros espiritualistas descritos en el Nuevo Testamento. Para referirse a esos magos y a sus artes ocultas, los estudios en cuestión casi siempre utilizan términos como fraudes, supersticioso y charlatanes. Con demasiada frecuencia se quiere dar a entender que sus poderes eran debidos a la superchería o a la gran credulidad de la gente.

Aunque esto último fuera a menudo cierto, por lo general constituye sólo una pequeña parte de la verdad. La mayoría de aquellos hombres, si no todos, estaban influidos por demonios religiosos y engañadores. Aunque con frecuencia se tratara de un fraude, también había actividad demoníaca directa. Se los llamaba magos, pero no con el significado común que esta palabra tiene en el mundo occidental moderno.

La palabra griega es magos, que puede traducirse por «mago, hechicero, brujo, encantador, astrólogo» o simplemente «sabios» (como era el caso de los magos de Mateo 2.1s). F. F. Bruce explica cómo se utilizaba dicho término en el mundo antiguo.

Los magos eran al principio una casta sacerdotal de Media, pero en los tiempos posteriores, griegos y romanos, este término se utilizó de un modo más general para referirse a los practicantes de toda clase de artes mágicas o de charlatanismo. Aquí se requiere este último significado, ya que un judío, incluso renegado (como lo era aquel), no hubiera podido ser miembro del sacerdocio mago.

Un choque de poder provocado por un mago

Lucas dice que Elimas era «un falso profeta judío» (Hechos 13.6b). Como judío conocía la verdad del Dios viviente, pero había apostatado y se había sumergido en la religión oriental. Era «falso», no porque ninguna de sus profecías se hiciese realidad, sino por haber abandonado la verdad de Dios y haberse convertido, según palabras de Sir William Ramsay, en «un hombre hábil en lo más bajo y en las artes misteriosas y los poderes extraños de los sacerdotes médiums o magos». Mezcló la religión con la ciencia y la magia hasta que la línea divisoria entre ellas dejó de estar clara en su propia mente.

En el mundo bíblico, tales hombres ejercían una gran influencia tanto sobre los gobernantes como sobre las masas. Ramsay comenta que:

[ … ] es cierto que los sacerdotes de algunas religiones orientales poseían un conocimiento muy considerable de los poderes y procesos de la naturaleza; y que eran capaces de hacer cosas real o aparentemente maravillosas …

Resulta natural que el conocimiento y los poderes del mago lo convirtieran en una personalidad atractiva e interesante; y que alguien como el procónsul, muy interesado en la naturaleza y la filosofía, disfrutase de su compañía.

Por desgracia Bruce también utiliza la palabra charlatanería, que da la impresión de que todos aquellos magos eran simuladores, falsos, impostores y engañadores. Algunos sí lo eran, pero no todos. Tanto Simón el Mago como Elimas, también llamado Barjesús, no fueron tratados como simuladores por los apóstoles, sino como verdaderos hacedores de obras mágicas en posesión de poderes sobrenaturales auténticos, procedentes de Satanás.

Barjesús provoca un verdadero choque de poder al escuchar a Pablo. Los poderes satánicos que actuaban en su vida se pusieron furiosos: no permitirían que el poder del Señor Jesús en la persona del apóstol quedara incontestado. Tampoco la autoridad de Cristo el Señor en Pablo haría las paces con las fuerzas satánicas que actuaban en Barjesús.

Un hijo del diablo

Puede objetarse la afirmación de que el poder de Barjesús fuera satánico. Sin embargo, las palabras de Pablo en el versículo 10 parecen concluyentes. El apóstol llama a Elimas «hijo del diablo» y «enemigo de toda justicia», lo cual no hace jamás con los incrédulos corrientes. También le acusa de empeñarse en «trastornar los caminos rectos del Señor». Sin duda se trataba de alguien completamente demonizado: un engañado y un engañador (1 Corintios 4.3, 4; 1 Juan 4.1-6; Tito 3.3; 2 Timoteo 3.13).

Aquí tenemos otro choque de poder. Pablo llama al mago «hijo del diablo», no sólo porque se oponía al evangelio, como afirman la mayoría de los comentaristas, de ser así el apóstol habría dicho lo mismo de todos los que se le oponían. Pablo lo reprende con unas palabras tan fuertes porque Barjesús era la encarnación del mal satánico religioso que se oponía a la fe (v.8). Thomas Walker, un misionero que ha escrito el mejor comentario sobre Hechos desde la perspectiva del campo misionero, dice: «Los poderes de las tinieblas[ … ] que había detrás de su sistema [de Elimas], luchaban con ahínco por detener el avance del evangelio».

La historia aquí es semejante a la cuestión del «pro o contra» de los choques religiosos ya tratados en nuestros estudios del Antiguo Testamento. Howard Marshall comprende esto, cuando dice:

El poder superior asociado con la enseñanza de los misioneros cristianos asombró al procónsul hasta tal punto que estuvo dispuesto a creer su mensaje[ … ] [pero] Lucas cuenta la historia más para mostrar cómo Pablo venció al poder de la magia que para indicar de qué manera se convirtió el gobernador romano.

Tan central es esta cuestión del choque de poderes entre el evangelio y los sistemas religiosos demoníacos del mundo grecorromano como aparecen en este relato, que Elimas llegó a ser más importante para Lucas que el gobernador.

El procónsul era sólo un hombre. Elimas, en cambio, representaba a un reino espiritual de engaño y un terrible sincretismo del Yahveísmo y el paganismo. Cuando los espíritus que moraban en Elimas intentaron detener el movimiento del evangelio había que detenerlos en seco. Sir William Ramsay captó esta verdad al escribir que:

[ … ] Barjesús representaba la influencia más fuerte sobre la voluntad humana que existía en el mundo romano: una influencia que debía destruir o ser destruida por el cristianismo si este último quería conquistar el Imperio. Aquí reside el interés de esta extraña escena, y no nos debe asombrar que para Lucas, conocedor del terrible poder de aquella religión, el mago apareciera como la figura prominente en torno a la cual la acción se desarrollaba.

Se descubre la mascarada

El choque en sí se describe en Hechos 13.8-11. Elimas, o Barjesús, presentó una resistencia franca a los apóstoles. Y Lucas explica que «les resistía[ … ] procurando apartar de la fe al procónsul» (v. 8). Un texto antiguo amplía esta expresión de Lucas diciendo que «Barjesús les presentó oposición, buscando distraer al procónsul de la fe porque estaba escuchándoles con mucho agrado».

Lucas deja a sus lectores con muchas preguntas sin contestar, aunque indica claramente que la oposición fue un ataque directo y vociferante contra los apóstoles acompañado de una franca negación de la verdad de su mensaje.

Elimas contradijo a Pablo y Bernabé en sus propias caras, evidentemente en el palacio del gobernador donde, a petición de este último, los apóstoles habían ido a presentar el evangelio. Esto ayuda a explicar la agresividad con que Pablo reprende a Barjesús, las palabras más severas que Lucas atribuye jamás al gran apóstol.

Pablo «lleno del Espíritu Santo, fijando en él los ojos» (v. 9). El énfasis estaba puesto en la fija intensidad de la mirada. Por medio de esa mirada espiritual, Pablo vio el centro mismo del ser de aquel hombre y descubrió la verdadera fuente del poder que operaba en Barjesús: el propio Satanás, tal vez representado por uno o varios espíritus malos (Efesios 6.10-12).

Al tratar con personas demonizadas, a menudo se entra en contacto con los demonios mediante una mirada directa e intensa a los ojos de la víctima. Por la experiencia uno puede aprender a detectar el cambio que ocurre en los ojos de una persona cuando los espíritus malos han aparecido para tomar por un tiempo posesión de ella. Con frecuencia los demonios gritarán de miedo o de enojo ante el brillo de la mirada intensa de un cristiano lleno del Espíritu.

Esto es lo que está sucediendo en el relato que tenemos delante. A través de la mirada de Pablo se revelaba la autoridad del Cristo que moraba en él. Tal vez los ojos del apóstol eran como los de su Maestro, «como llama de fuego» (Apocalipsis 1.14). Los demonios dentro de Barjesús habrían reconocido enseguida esa autoridad. Entonces, lleno del Espíritu, Pablo dijo a Barjesús: «¡Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia! ¿No cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor?» (v.10).

La palabra «engaño» es dolos, que según Vine significa «lazo o cebo». El propósito de Barjesús era cazar hombres, tenderles lazo para ponerlos bajo el control de Satanás. Esta es la descripción exacta del ministerio del diablo que da Pablo en 1 Timoteo 3.7 y 2 Timoteo 2.26.

La segunda palabra es «maldad». El término griego rhadiourgía significa «holgura en el trabajo o en la realización de cualquier otra cosa; también pereza, maldad y facilidad para hacer lo malo». Pablo acusa a Barjesús de estar tan acostumbrado a la maldad que ésta se ha convertido en algo natural y fácil para él.

A continuación, el apóstol le llama «hijo del diablo». Naturalmente, diablo es el término griego diábolos, que significa «calumniador». Barjesús era hijo de Satanás, su siervo, y por tanto calumniaba a Dios, a su pueblo y a su verdad. Estaba tan controlado por el diablo que era hijo suyo de la misma manera que Pablo lo era de Dios. Así como Cristo constituía la fuente de la vida del apóstol, la de Barjesús era Satanás. «Enemigo de toda justicia» es la siguiente acusación de Pablo contra él. Elimas se disfrazaba como «ángel de justicia», al igual hace su señor, el diablo (2 Corintios 11.13-15).

Por último Pablo describe la enseñanza de aquel hombre como algo que tenía el efecto de «trastornar los caminos rectos del Señor». Barjesús estaba distorsionando y pervirtiendo de una forma deliberada la verdad de Dios con el propósito de apartar de él al gobernador. No es sólo que el mago estuviera engañado, sino que también se había convertido en un engañador (2 Timoteo 3.13). La naturaleza de engaño de su señor, Satanás, había llegado a ser la suya propia.

De la luz a las tinieblas

En el versículo 11 se describe el juicio temporal pronunciado contra él: quedaría ciego por algún tiempo. Este castigo se corresponde simbólicamente con su delito. Ya que había apartado de manera voluntaria los ojos de la luz de Dios, creído la mentira y vivido en oscuridad. Había tratado de conducir a otros hombres de la luz a las tinieblas en las que él moraba. Así que Dios le hería con tinieblas.

Sin embargo, dicho juicio fue sólo transitorio. Vine dice que la expresión «por algún tiempo» significa «un tiempo apropiado para determinado propósito». Sólo Dios sabe el significado y la duración de tal propósito. Crisóstomo, uno de los padres de la iglesia, comenta: «El apóstol, recordando su propio caso, sabía que mediante la ceguera de los ojos las tinieblas de la mente pueden ser de nuevo transformadas en luz».

El juicio fue inmediato, pero se cumplió por partes (v. 11). En primer lugar cayó sobre él «oscuridad». Se trata de la palabra griega achlys, que no aparece en ninguna otra parte del Nuevo Testamento. Vine dice que significa «oscurecimiento de los ojos» y afirma que su uso se convierte en el «signo visible de la oscuridad espiritual interior que [Elimas] tendría que soportar durante algún tiempo como castigo por su resistencia a la verdad».

Pronto aquella oscuridad se convirtió en tinieblas absolutas: en ceguera. Walker señala que «esta palabra también la utilizaban los médicos griegos en sentido técnico. La descripción entera es muy gráfica: cayó sobre Elimas una oscuridad que fue haciéndose poco a poco más intensa hasta convertirse en tinieblas completas y ceguera».

Aquí termina el relato. Luego Pablo y su equipo abandonan Chipre y comienzan su increíble ministerio a través del Asia Menor hasta llegar a Grecia.

La joven médium de Filipos

El siguiente choque directo de Pablo con el mundo espiritual que se registra es quizá el más conocido: su encuentro con la joven esclava endemoniada de Filipos (Hechos 16.16-18). Este es el único caso en el libro de los Hechos en que un individuo es liberado de demonios fuera del contexto de un movimiento popular hacia Cristo.

El incidente tiene lugar algún momento después de que Pablo y su equipo empezaran a predicar en la reunión de oración que se celebraba en las afueras de Filipos, a la orilla del río. F. F. Bruce dice: «Días tras día, cuando los misioneros se dirigían al lugar de oración, ella los seguía por las calles de Filipos anunciando que eran siervos del Dios Altísimo».

La chica, controlada por un espíritu de adivinación, se dedicaba a decir la buenaventura (v.16). El término griego traducido aquí por «adivinación» es aquel del que procede nuestra palabra «pitón». De modo que a la joven se la llamaba «pitonisa», un nombre utilizado para referirse a personas supuestamente habitadas por el espíritu del dios griego Apolo, a quien se asociaba con los famosos oráculos de Grecia. Apolo era adorado como el dios Pitón en el santuario de Delfos, en la Grecia central. Las «palabras involuntarias de la chica se consideraban como la voz de aquel dios, dice Bruce, (de modo que) estaba muy solicitada por la gente que deseaba conocer su futuro».

La muchacha gritaba detrás de Pablo y de los demás, diciendo: «Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación» (v.17). Esto puede entenderse al menos de tres maneras. En primer lugar, la expresión «Dios Altísimo» era de común uso tanto por los judíos como por los gentiles para referirse al Ser Supremo. En aquel tiempo la salvación se buscaba por lo general a través de las religiones griegas de misterio y otros cultos paganos. Por lo tanto no hay necesariamente nada salvífico en sus gritos.

En segundo lugar, los demonios reconocían al Señor Jesús y declaraban de una manera espontánea que era el Hijo del Dios Altísimo. Y en tercer lugar, los endemoniados no están por completo controlados por los espíritus malos que han invadido sus vidas. Así que aquellos gritos podían representar el confundido clamor de la chica por conocer al «Dios Altísimo». Knowling dice que:

[ … ] el relato puede indicar la conciencia perturbada y dividida tan característica de los posesos: en algunos momentos la muchacha estaba dominada por el espíritu malo, que era su verdadero kyrios (señor), y en otros sentía un anhelo de liberación de sus ataduras y[ … ] se asociaba con aquellos a su alrededor que experimentaban deseos parecidos de alguna forma de salvación.

Mi ministerio personal con endemoniados me inclinaría hacia una de las dos últimas explicaciones. La gente demonizada, busca a menudo ayuda de los hombres de Dios cuando los espíritus no se están manifestando.

Liberación instantánea y consecuencias inmediatas

Cual fuere el caso, aquella pobre chica era esclava de los demonios que la controlaban y de sus dueños que la explotaban para obtener beneficios. Era sólo una niña. La palabra utilizada para describirla es paidíon, que significa jovencita o esclava de poca edad. Su condición debía ser lamentable. Lucas destaca los gritos frenéticos de la chica en el versículo 17. La expresión «dar voces» se utiliza corrientemente para describir los alaridos de las personas demonizadas (Marcos 1.26; 3.11; 5.5, 7; Lucas 4.41).

Pablo echó al demonio fuera de la chica cuando su disgusto alcanzó una cota elevada (v. 8). La palabra «desagradando» es diaponetheís, un término enérgico en el griego que sólo se utiliza aquí y en Hechos 4.2, cuando se describe la agitación de los líderes judíos al encontrar a Pedro y a Juan enseñando a la gente acerca de Jesús y de la resurrección de entre los muertos. Knowling dice que incluye la idea de pesar, pena e ira al mismo tiempo.

Al igual que al Señor Jesús no le habían agradado nunca ni siquiera las declaraciones verdaderas de los demonios, Pablo se niega a permitir que la chica endemoniada continúe anunciándole y manda al espíritu que abandone el cuerpo de su víctima (v.18c). La liberación se hizo «en el nombre de Jesucristo», la «fórmula» bíblica utilizada a lo largo de todo el libro de los Hechos por los que representaban al Señor, y fue instantánea: «En aquella misma hora» (v. 18).

Puesto que la chica era esclava, sus dueños la obligaban a practicar la adivinación, pero una vez que los demonios hubieron salido sus poderes espirituales acabaron. Los amos de la muchacha se enfurecieron entonces contra Pablo y persuadieron a la multitud y a las autoridades para que castigasen a éste y a Silas, acusándolos de insurrección política, proselitismo religioso y traición contra Roma (vv. 20, 21). En su antiguo pero excelente comentario de Hechos, Richard B. Rackham señala que la parte más grave de la acusación era la última: traición contra Roma.

Lo peor se encuentra en estas últimas palabras: «pues somos romanos». El simple rumor de deslealtad al sagrado nombre de Roma fue suficiente para enardecer como a un solo hombre a la multitud de romanos que había en el mercado; la sugerencia de traición bastaba para que cundiese el pánico tanto entre los magistrados como en el resto de la gente. No había tiempo para procedimientos legales; tenían que tomarse medidas urgentes. De modo que, a fin de satisfacer tanto al pueblo como a ellos mismos, los magistrados dieron órdenes de que se le rasgase la ropa y se le azotase … allí mismo. En medio del pánico y el tumulto de nada habría valido alegar su ciudadanía, así que Pablo y Silas sometieron sus espaldas a las varas.

Los misioneros fueron entregados a la custodia del jefe de la cárcel, quizás un romano con el rango de centurión (Hechos 16.23), a quien se ordenó que los confinara en la parte más segura de la prisión, reservada con exclusividad para los presos más peligrosos (vv.23b, 24). El hombre cumplió las órdenes al pie de la letra, incluso asegurándoles los pies en cepos.

Hay varios datos adicionales acerca de este relato que convienen a nuestro énfasis en la guerra espiritual. Uno de ellos es la aparición de la palabra python, traducida por «adivinación» en el Nuevo Testamento. Vine dice acerca de ella:

esta palabra se aplicaba a los adivinadores y augures, a quienes se consideraba inspirados por Apolo. Ya que los demonios son los agentes que inducen a la idolatría (1 Corintios 10.20), la joven de Hechos 16.16 estaba poseída por un demonio promotor del culto de Apolo y por lo tanto tenía un espíritu de adivinación.

El segundo es que los griegos asociaban la ventriloquía con el pitonismo, atribuyendo ese poder a los demonios. Por esta razón, Ramsay llama ventrílocua a la chica. Sin embargo no es éste el caso. La capacidad de proyectar la propia voz para que parezca proceder de otra persona u otro objeto es ventriloquía; mientras que cuando otro ser o personalidad malvada habla por boca de alguien, a menudo produciendo sonidos extraños o una voz distinta a la del individuo en cuestión, se trata de demonismo. Eso era lo que le sucedía a la muchacha esclava. Knowling aclara el asunto diciendo que «a menudo este poder de ventriloquía se utilizaba indebidamente con fines mágicos». Así muchos llegaron a asociarlo con la actividad de los espíritus.

El tercero es que resulta un misterio porqué Pablo soportó durante cierto tiempo la actividad demoníaca. El apóstol parece haber tratado de evitar a la chica a fin de poder continuar con su ministerio de enseñanza en la ciudad y a la orilla del río. Sin embargo, finalmente, el ruido y la confusión se hicieron imposibles de soportar y, muy molesto, Pablo expulsó a aquel espíritu religioso (v.18).

Es evidente que hay un tiempo oportuno para tratar con los demonios. Pablo sabía que Jesús no le había enviado a buscar y expulsar espíritus malos, sino a predicar y enseñar el evangelio. No obstante, cuando los demonios interfirieron en su ministerio, los echó fuera.

En cierta ocasión, me encontraba aconsejando a un creyente traumatizado, cuando de repente un demonio se manifestó con fuerza tomándome completamente por sorpresa. De improviso, aquella persona callada y mansa se transformó en un ser perverso y vociferante. Todo sucedió tan rápido que retrocedí, mientras una repentina oleada de miedo recorría mi ya fatigado cuerpo.

«¡Mírate! ¡Mírate!», gritó el espíritu malo burlándose. «¡Tienes miedo! ¡Tienes miedo! ¡Te tiembla todo el cuerpo!» «Puede que mis rodillas tiemblen», repliqué al instante (y era cierto), pero eso no tiene nada que ver con lo que va a pasar aquí. Serán la autoridad y el poder del Señor Jesús, el Hijo Santo de Dios que mora en mí, los que te expulsen por medio de mi palabra; a pesar del miedo, el temblor y todo lo demás. Es con Él con quien tienes que arreglártelas. ¡Cállate!» En seguida la burla del demonio cesó. Y poco después se encontraba más asustado de mí que lo que yo lo había estado de él. Admitió mi conocimiento de cuál era el origen de mi autoridad y de mi poder sobre él, y estaba aterrado del Señor Jesús en mí.

El cuarto es que se produjo el éxodo del espíritu de adivinación. Lucas nos dice: «Y salió en aquella misma hora». Encontramos más pruebas de esto en lo que se relata a continuación: «Pero viendo sus amos que había salido la esperanza de su ganancia … (v. 19).

El negocio de la adivinación

La adivinación era un gran negocio en esa región. Todo el mundo tenía sus propios dioses, espíritus e ídolos. Había templos y sacerdotes por todos lados. Lucas describe Filipos como «la ciudad principal de la provincia de Macedonia, y una colonia [romana]». Se trataba de la primera ciudad importante asociada con el señalado puerto de Neápolis. «Era el límite oriental de la gran Vía Ignaciana», dice Bruce, «una calzada romana que unía el Adriático con el Egeo». Por lo tanto había un paso constante de viajeros por la ciudad. La chica, tal vez una adolescente , había sido seleccionada y comprada por aquellos astutos hombres de negocios a causa de sus raros dones. Filipos necesitaba una adivina, se decían. ¡Qué gran oportunidad de suplir las necesidades del público obteniendo al mismo tiempo pingües beneficios económicos (v. 19)!

Tal vez buscaron un pequeño local en alguno de los principales edificios del centro de la ciudad donde la chica pudiera trabajar. La pusieron allí y anunciaron su presencia. ¿Qué podría haber más atrayente que una hermosa e inocente niña poseída por Apolo, el famoso espíritu de pitón? Cuando inquirían de ella, la muchacha entraba en un semitrance y, aunque a veces profería sonidos ininteligibles, terminaba dando una palabra personal a cada uno según las preguntas que le habían hecho. No tenía facultades para ponerse en contacto con los espíritus de los difuntos como otros; su especialidad era la adivinación, predecir el futuro o contestar a preguntas referentes a la vida personal, social y comercial de sus clientes.

Esto nos proporciona un buen trasfondo para las palabras de Lucas, cuando dice: «Pero viendo sus amos que había salido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas, y los trajeron al foro, ante las autoridades» (v.19).

Una vez estaba tratando con un antiguo ocultista a quien había guiado a Cristo hacía poco, y aunque algunos de sus demonios habían salido cuando el Espíritu Santo entró en él, la mayoría se habían quedado. Tenía demasiadas puertas abiertas en su vida las cuales había que cerrar antes de que los espíritus malos estuvieran dispuestos a marcharse.

Durante la liberación, permití a los demonios que se manifestaran de un modo controlado, algo útil para el adiestramiento del equipo de liberación que trabajaba conmigo, ninguno de cuyos miembros tenía experiencia previa con endemoniados. Aparecieron muchos demonios poderosos de ocultismo, algunos de ellos asociados con la adicción del hombre a la música de rock pesado. Todos tenían el potencial de una violencia extrema, tuve que seguir trabajando desde mi base de autoridad en Cristo. Por último se manifestó el demonio jefe. Se llamaba Adivinación y era terrorífico. Se mostró altivo y desafiante, lleno de odio y de rabia contra mí. También odiaba a su víctima y hablaba de él de la manera más degradante.

El joven convertido tuvo poco control de sí mismo durante toda la sesión de liberación. Cuando apareció Adivinación, sin embargo, resistió y se hizo con dicho control, advirtiéndome que «no me metiera con él».

«Es demasiado fuerte», me dijo, «y puede matarle. Cuando él domina tengo un poder asombroso: soy capaz de señalar objetos dentro de una habitación y moverlos a mi gusto. A veces lo hago en mi dormitorio. Es tan poderoso que puede hacer que las paredes de este edificio se desplomen sobre nosotros. Por favor, déjelo en paz».

«Jim», le contesté, «si nos echamos atrás ahora seremos derrotados. Hemos de enfrentarnos con todos ellos, incluso con Adivinación. No le tengo miedo. Los ángeles de Dios están aquí con nosotros y ellos nos protegerán de su poder. Quiero que me permitas volver a llamarlo».

Cuando me dio su permiso y apareció Adivinación, éste hizo que Jim, que había estado tumbado en el sofá del despacho de la iglesia, se sentara erguido. Luego se volvió y me miró desafiante, riéndose y hablándome de su poder. Le hice callar.

Aquella jactancia suya me movió a provocar un choque de poder. Había al otro lado de la habitación un vaso lleno de agua, y yo lo señalé con el dedo y dije: «Adivinación, te he quitado todo tu poder por la autoridad que tengo en Jesucristo. Yo soy su siervo. Mi Señor ha derrotado al tuyo y me ha dado autoridad sobre ti.

»¿Ves ese vaso de agua? -continué-. Si tienes el poder del que alardeas, te desafío a que lo muevas. No dejaré que lo hagas, pero inténtalo. Trata de moverlo».

Y así lo hizo. Primero clavó su vista en el vaso y nada sucedió. A continuación lo señaló con el dedo, y siguió sin ocurrir nada en absoluto. El demonio no había dicho ni una palabra. Entonces comenzó a hacer unos movimientos extraños con sus brazos y piernas, como si se tratara de ejercicios de karate. Tampoco obtuvo ningún resultado. Gritó, dio saltos e hizo ademanes ordenando al vaso que se moviera; pero éste se quedó en su sitio.

De repente me miró con ojos absolutamente sorprendidos, volvió a poner la vista en el vaso y empezó de nuevo sus lunáticos y extravagantes movimientos corporales. Las cosas no cambiaron.

Por último se volvió hacia mí y exclamó: «¡Me has matado!» Después de aquello el demonio salió sin emitir ninguna protesta más.

Algo parecido debió ocurrirle a Pablo con la joven esclava de Filipos. Pero lo que es más importante: aquí, como en el resto de los Hechos, el poder de Dios a través del apóstol venció la posición demoníaca directa y el evangelio liberador siguió extendiéndose.

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  1. LUIS GERARDO CUEVAS
    19 julio 2015 en 12:40 PM

    Muchas gracias por este trabajo detallado en la explicación. Es muy util y necesario para personas como yo, que sentimos ser movidos por Dios para aprender y capasiternos en el ministerio de día a día.

    Es menester su ministerio ejercido en este gran tarbajo, continuen por siempre en el nombre de Jesucristo.

    gracias Jesucristo, TE AMO SEÑOR.

  2. Adda. Muñoz
    26 agosto 2016 en 3:02 PM

    Gracias por la enseñanzas. Muy importante para realizar ensenanza sobre la distracción en cosas terrenales nos apartan de Dios.

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